UN PAÍS SIN HÉROES

Por Venezuela Real - 20 de Junio, 2006, 11:51, Categoría: Política Nacional

Paulina Gamus

El caso de Luis Velásquez Alvaray, ex magistrado y ex todopoderoso parlamentario del chavismo duro y apretado,  no deja de ser sintomático o para decirlo más claro, fiel reflejo del país que somos. Los mortales del común, aquellos sin otro acceso a las intrigas palaciegas que lo que informan los medios de comunicación, no estamos al tanto de conocer lasverdaderas razones de la caída en picada del antes consentido del alto gobierno. Quizá nunca nos enteremos: la ley mordaza no funciona solo para silenciar a la prensa sino que se aplica (y con mayor rigor) a los jerarcas oficialistas.

Cualquier desliz verbal, cualquier infidencia, dejar colar alguna noticia, puede costarles el favor del jefe máximo lo que equivale a la muerte en vida, una especie de catalepsia sociopolítica que puede incluso ir asociada a la persecución judicial y, por consiguiente, a la cárcel. ¿Qué hizo posible que aquel diputado que llegó a la más alta Corte del país para hacer caída y mesa limpia con los jueces que no eran de su confianza o simpatía, haya corrido una suerte aún peor por causa de sus compañeros de ruta? No hubo uno solo que dudara, que se abstuviera, que dijera "caramba, a Luis mi amigo del alma no puedo hacerle eso, ese día no voy a la sesión de la Asamblea". Todos, como robots, levantaron sus manos para condenarlo, y tan sorpresiva fue la cosa que a menos de veinticuatro horas ya en los periódicos de circulación nacional estaba publicado el aviso del ente parlamentario, informando al público de la trascendental decisión.

Se dice que la causa del derrumbe fue un hecho de corrupción más allá de la normal y tolerada por las altas instancias oficialistas: la construcción de una ciudad judicial por la que llovieron abultadas comisiones. ¿Debemos creer semejante argumento? veamos: hace apenas unos días los hermanos de la señora ministra de Economía Popular, denunciaron por corrupta a su propia hermanita y al compañero o pareja de la susodicha. Ella les había exigido una modesta comisión del 15% para otorgarles un contrato, pero el novio y administrador de los negocios comunes elevó la cantidad al 30% alegando que lo hacía con el consentimiento de la alta funcionaria. ¿Fue destituida  la señora ministra? ¿Salió el ministro del interior Jesse Chacón o el diputado Maduro o algún otro de los ilustres parlamentarios del régimen, a denunciara su camarada por tan bochornoso caso? Y este no es el único que trasciende al público con pelos y señales, los medios informan a diario de los más cínicos asaltos al erario nacional y de las más desfachatadas violaciones de la ley de Salvaguarda del Patrimonio Público, sin que ocurra nada.

A Velásquez Alvaray tiene que haberle pasado algo más, por ejemplo que la tajada fuera demasiado importante y su generosidad en el reparto demasiado corta. Algún callo magno pisó para haber terminado en el basurero de la revolución chavista. Sus denuncias contra el vicepresidente, el ministro del Interior y otros papaúpas estremecieron al país por espacio de setenta y dos horas; al cabo de ese tiempo nadie las recordaba. De nada valió que el desmoronado clamara que él era víctima del chavismo sin Chávez, fue Chávez quien le ordenó al chavismo que lo siquitrillara (recordemos en qué país estamos, uno en que hasta las ramas de los árboles le piden permiso al todomandante para moverse) Ya ni Chávez ni sus devotos recordaban, que fue precisamente esa nueva víctima de la revolución quien propuso una reforma constitucional para eliminar el término de los períodos presidenciales: Chávez podría reelegirse tantas veces como quisiera. La guindada de las gónadas presidenciales fue tan grotesca que ni el mismo adulado cayó en la tentación.

La revolución francesa y la bolchevique devoraron a muchos de sus mejores hijos; lo mismo ha ocurrido con otras de menor trascendencia. Es casi un imperativo que en regímenes donde existe un rey sol alrededor de quien giran los planetas, satélites, asteroides, cometas, astrolitos, etcétera, la intriga, el chisme, la calumnia y la delación sean los métodos más comunes para deshacerse de competidores en el favor del jefe único. Muchos de los caídos en desgracia en la revolución de la guillotina y en la del Gulag pasaron a la historia, sus nombres y su tránsito vital han sido conocidos por las generaciones posteriores. En cambio los arrollados por el tanque de guerra del militarismo chavista, son olvidados en menos de una semana. Nadie se conduele de ellos, no hay un solo corazón que se apretuje un poquito por su desdicha, por el contrario la desgracia es celebrada por tirios y troyanos.

Hizo bien el ex diputado y ex magistrado Luís Velásquez Alvaray al poner los pies en polvorosa sin siquiera procurar defenderse en la Asamblea Nacional. ¿Quién más que él -que fue pieza clave en la edificación de ese teatro bufo que es la justicia venezolana de estos días- sabría que aquello era una farsa y que la sentencia estaba dictada desde mucho antes? Pataleó un poco pero luego se olvidó de su honor, buen nombre y de todas esas pazguatadas para salvar la bolsa y la vida, las dos cosas más importantes para los héroes de la revolución bolivariana.





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