Contamos con los que se queden

Por Venezuela Real - 14 de Septiembre, 2006, 17:07, Categoría: Dimensión Social

Ramón Piñango
El Nacional  -  A/6
7 de Septiembre de 2006

El síntoma más alarmante, más revelador y más preocupante de la situación que desde hace varios años vive el país es, no dudaría en responder, la fuga de gente hacia el exterior. No hay estadísticas que permitan cuantificar la emigración de gente de los estratos medios y altos, pero no es raro que tengamos algún familiar, amigo o conocido que haya decidido irse. Las razones de esa fuga van desde la búsqueda de mejores oportunidades de empleo para los jóvenes profesionales hasta el temor de que se instale un régimen comunista, pasando por el deterioro de la calidad de la vida en aspectos como la seguridad personal.

Cada persona que se fuga explica su ida del país de distintas maneras. Algunos profesionales con formación de alto nivel argumentan que no consiguen trabajo en su especialidad. Hay quienes dicen que tanto les preocupa la educación de sus hijos que no pueden dejarlos que estudien aquí.

Otros basan su decisión en algún percance personal como un robo. Hay incluso quienes, sin mayores rodeos, comentan simplemente que es mucho más agradable vivir en --digamos, por ejemplo-Estados Unidos, Canadá o Europa que aquí, en Venezuela.

Algunos de quienes nos quedamos --ciertamente, me incluyo-no podemos evitar el mal pensamiento de que muchas de esas explicaciones constituyen meras racionalizaciones que intentan ocultar lo inocultable: el deseo de irse a vivir a una sociedad que tenga todo o casi todo resuelto, donde los riesgos sean mínimos.

De modo que, con mucha frecuencia, la fuga expresa la decisión de no luchar para mejorar el lugar donde se vive. Esta afirmación no implica un juicio moral contra nadie; sencillamente, describe el comportamiento de un número creciente de personas de ciertos estratos sociales de esta sociedad. Pero identificar tal comportamiento sí tiene la intención de señalar que éste tiene implicaciones importantes, cuando se trata del futuro de la nación. Ante todo hay que reconocer lo más obvio: no vamos a contar con gente que, probablemente, posee conocimientos o destrezas útiles para hacer de Venezuela un país mejor.

La opción de emigración de un país en proceso de hacerse -de desarrollar una estructura productiva sólida, de crear instituciones jurídicas y políticas eficaces y estables, de consolidar un sistema educativo, de desarrollar servicios públicos eficientes-es respetable, pero inevitablemente tiene que ser interpretada como una decisión de no luchar para construir algo, para irse a vivir donde las cosas fundamentales de una sociedad occidental moderna ya están hechas.

Muy distinta es esa decisión de la de los inmigrantes que han venido a tierras como éstas, ciertamente escapando de circunstancias económicas o políticas indeseables, para ayudar a construir una sociedad mejor con su saber, sus destrezas técnicas y sus costumbres. Esos inmigrantes incurren en riesgos, a veces graves, al buscar una mejor vida en un país que está por construirse, y por ello son actores decisivos en esa construcción.

Reconozcamos a plenitud lo que lo obvio significa: hemos de construir o reconstruir este país con quienes se queden.

Ojalá que podamos contar con quienes han decidido irse, ojalá que en algún momento regresen, ojalá que podamos crear las condiciones para que lo hagan, o al menos se mantengan en contacto, y, aunque sea a tiempo parcial, nos puedan echar una mano. Pero, es más que difícil decirlo, en quienes estén aquí a tiempo completo se ha de fundamentar esencialmente nuestro destino colectivo.

No nos engañemos. La decisión de quedarse --y son muchos los empresarios, los profesionales, los artistas, los técnicos, los gerentes que así lo han decidido-es dura, porque son duros los tiempos que vivimos y más duros pueden ser en los próximos meses y años.

Es admirable que haya empresarios de la agricultura y la ganadería que mantengan sus negocios y estén dando una pelea en la cual pueden perder la vida en manos de cualquier sicario, y con un gobierno que poco o ningún apoyo les ofrece. De igual manera, contamos con profesionales jóvenes honestos y bien preparados que están luchando para que los organismos públicos cumplan mejor sus funciones.

Cada vez encuentra uno más gente con iniciativas creadoras, todavía desconocidas pero mucho más interesantes que las de las viejas empresas. Toda esa gente posiblemente va a sufrir las consecuencias de haberse quedado aquí con sus familias, para trabajar en un país al que mucho le falta, cuando pudieron haber emigrado a otro a disfrutar de lo que otros hicieron.






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