IRÁN : EL RÉGIMEN TEOCRÁTICO SE ENDURECE

Por Venezuela Real - 20 de Septiembre, 2006, 11:36, Categoría: Política Internacional

Egon Friedler
La República - España
15 de Septiembre de 2006

El 30 de agosto pasado fue liberado de la prisión donde estuvo desde comienzos de abril, el destacado intelectual iraní Ramin Jahanbegloo, un profesor de Ciencias Políticas, graduado en la Sorbonne y autor de 12 libros en persa, inglés y francés. Jahanbegloo, fue detenido a su regreso de un viaje a la India, al parecer por haber hecho declaraciones a un diario español en contra de las "dudas" del presidente Mahmud Ahmadinejad respecto al Holocausto del judaísmo europeo durante la Segunda Guerra Mundial. En algún momento, amigos suyos dieron la voz de alarma de que se lo estaba torturando y que el régimen trataba de culparlo de ser espía norteamericano e israelí. Intercedieron a su favor intelectuales del extranjero y finalmente se logró su liberación.

Jahanbegloo es una personalidad con múltiples conexiones en el mundo (tiene 163.000 entradas en el buscador Google de Internet). Entrevistó para sus libros a personalidades tan diversas como George Steiner, Noam Chomsky, Isaiah Berlin y el Dalai Lama. Asimismo invitó a Irán a colegas prominentes como Richard Porty, Antonio Negri y Michael Ignatieff.

Pero otros opositores al régimen no tan conocidos tienen menos suerte. La periodista y fotógrafa canadiense-iraní Zahra Kazemi murió en prisión. Recientemente se ahorcó en la cárcel el disidente Valiollah Feyz Mahdavi acusado de tener vínculos con el grupo opositor armado en el exilio Mujadin Kalk. Otro prisionero político, Akbar Mohammadi, murió en la cárcel el 30 de julio, luego de una huelga de hambre en protesta contra las condiciones de vida en la prisión.

La organización de Defensa de los Derechos Humanos, "Human Rights Watch" advirtió a comienzos de este mes que la salud de los prisioneros iraníes corre peligro y formuló un llamado al gobierno a que designe una comisión independiente de abogados y médicos para investigar las muertes recientes.
Pero el endurecimiento del régimen no se expresa solamente en el trato a los disidentes. Según lo informa Nazila Fathi, corresponsal del "New York Times" en Teherán (el 12.9.06) el régimen acaba de cerrar cuatro publicaciones, entre las cuales se cuenta un diario reformista "Shargh" (Este) porque el diario no aceptó cambiar a su director y porque publicó una caricatura que fue considerada ofensiva en una reciente edición.

El mes pasado "Human Rights Watch" emitió una enérgica declaración contra la ilegalización del Centro de Defensa de los Derechos Humanos (CDHR) co-fundado en 2003 por la Premio Nobel iraní Shirin Shebadi.

El 16 de julio la Corte Revolucionaria de Teherán sentenció a Abdulfatah Soltani, un cofundador del CDHR a cinco años de prisión en base a la acusación de que reveló información confidencial y actuó en contra del estado. En enero del 2005, la Corte Revolucionaria envió una citación judicial a Ebadi sin especificar cargos. Ebadi había recibido frecuentes amenazas de muerte anónimas. Ella informó repetidas veces a las autoridades de estas amenazas, pero no hubo arrestos ni se tomaron medidas para preservar su seguridad.

El 6 de setiembre la agencia oficial IRNA informó que el presidente Mahmud Ahmadinejad formuló un llamado a despedir a todos los profesores liberales y seculares de las universidades iraníes. Según Nazila Fathi, en su correspondencia del "New York Times" del 6 de septiembre, esta campaña contra profesores que no comparten la filosofía teocrática del régimen recuerda a la Revolución Cultural de 1980 a 1987, el período en el que la Revolución Islámica despidió a los profesores que se negaron a adaptarse a la línea oficial. El Consejo Cultural Supremo de la Revolución que fue creado en ese tiempo y estuvo a cargo de las purgas es actualmente liderado por el presidente Ahmadinejad.
En el marco de esta política represiva, en los últimos cinco meses fueron confiscadas 110.000 antenas de satélites. De este modo se impide que lleguen a los iraníes los canales extranjeros en los que disidentes iraníes denuncian al régimen de Teherán.

Otro aspecto de la ofensiva anti-liberal es el mayor control de las mujeres para que se atengan a normas más estrictas de conducta "islámica". Azadeh Moaveni, en la revista "Time" del 27 de agosto, cuenta que a diferencia del pasado en que la policía de defensa de la moralidad iba por las calles de Teherán deteniendo a los jóvenes, actualmente el régimen utiliza recursos más sutiles. Representantes gubernamentales imponen medidas de segregación en discretas visitas a institutos de enseñanza, negocios, peluquerías y gimnasios, en las que amenazan a los dueños o a los encargados con cerrar sus establecimientos si no acatan normas de estricta separación de los sexos.

Según Moaveni, al gobierno parece no preocuparle la falta de entusiasmo del público por las causas islámicas. Ella escribe:" En vísperas del cese del fuego entre el Líbano e Israel, el gobierno celebró el éxito de Hezbollah como si fuera una victoria militar iraní. Además de cocinar el kebab de la victoria más largo del mundo (más de 63 metros) el régimen pidió a los iraníes por medio de la radio y la TV gubernamental ir a los techos a una hora determinada y gritar "Alá Akbar" o sea Dios es grande. Esta tradición, tomada de los primeros días de la Revolución, solía tener un apoyo masivo y la ciudad resonaba con estos gritos. Pero esta vez muy pocos respondieron al llamado y en la mayor parte de Teherán hubo silencio".


Ver también artículo  "A la mujer iraní" , de María Teresa Romero en DDHH





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