Chávez: ¿ya, o todavía no?

Por Venezuela Real - 22 de Septiembre, 2006, 10:32, Categoría: Prensa Internacional

Jorge G. Castañeda
La Reforma - México
20 de Septiembre de 2006

 
Vuelve Chávez a la carga. Cuando algunos de los individuos, comentócratas y teóricos neófitos de las relaciones internacionales habían pensado que muerto el perro se acababa la rabia y por tanto que con la salida de Fox terminarían los conflictos con Chávez, con Castro, con Morales y adláteres, ahora resulta que al presidente de Venezuela tampoco le cae bien Felipe Calderón. O por lo menos eso sugieren sus insistentes declaraciones de no reconocimiento de Calderón como Presidente, de críticas al proceso electoral mexicano del 2 de julio, y sus insinuaciones sobre la verdadera victoria del "Presidente legítimo".

Por ello quizás valga la pena repasar la historia reciente y aventurarnos al futuro inmediato para ver qué suerte nos prepara el destino en lo que a Hugo Chávez se refiere. Vale la pena recordarlo: en abril del 2002 en la Reunión Cumbre del llamado Grupo de Río, quienes lideramos la censura al golpe fallido de Caracas y la defensa de las instituciones venezolanas fuimos Chile y México, contra la voluntad claramente expresa por lo menos de El Salvador y Colombia y las maniobras lejanas pero no por ello menos eficaces de Washington y de Madrid. Quizás fue un error; tal vez lo mejor hubiera sido no denunciar el golpe de Estado y reconocer al gobierno, ése sí espurio, de Pedro Carmona. Pero bueno, la ingenuidad y la buena fe se pagan, salvo en la mentalidad de Chávez que sólo agradece gestos isleños, persas y andinos.

El hecho es que se mantuvieron las relaciones cordiales con él hasta el 2005, cuando ya la insolencia del jefe de Estado de Venezuela (porque sólo es eso, piénsese lo que se piense) en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata colmó la paciencia de Vicente Fox y de otros, llegándose a la serie de ofensas, puntadas, y jaladas para no utilizar una palabra impropia para los lectores de Reforma, pero común para algunos políticos, que llevaron al retiro mutuo de ambos embajadores y al congelamiento de las relaciones que vivimos desde entonces. En aquel momento muchos en México nos permitimos recomendar en público y privado que el gobierno debía romper relaciones diplomáticas con Venezuela, ya que se trataría del mal menor.

El mayor: tener a Chávez y a sus personeros y agentes en México dando guerra durante la campaña electoral, como sucedió, y sólo posponiendo el desenlace, puesto que nadie podía creer seriamente que las cosas con el tiempo y un ganchito, se arreglarían solas. Ganó la supuesta prudencia, la fácil paciencia y de nuevo, la ingenuidad. Hoy cosechamos los frutos de esa decisión, ya que de nuevo o bien Fox y Derbez ceden ante los insultos de Chávez a las instituciones mexicanas, al Presidente electo, y al propio Fox -como lo demuestra la travesura chavista en Nueva York al cancelar Evo Morales, por presión de Chávez y con dos horas de anticipación, una reunión programada desde hace tiempo-; o bien ahora sí se amarran los pantalones y proceden a una ruptura anunciada y erróneamente postergada. Pero, dirá la comentocracia y la quinta columna Castro-Chavista en México: ¿para qué pelearnos ahora si ya con Calderón todo se va a arreglar? ¿Si el problema era Fox y Calderón va a evitar los deslices, las provocaciones, los desplantes de su predecesor, qué sentido tiene seguirle?

En primer lugar tiene sentido porque el problema no es y nunca ha sido Fox, el problema es Chávez y lo va a ser durante muchos años. Él, La Habana y muchos más tienen una cierta idea de América Latina, como hubiera dicho el general De Gaulle. Creen en los pueblos, la soberanía, la democracia participativa y la defensa de los recursos naturales. Es su derecho. También lo es, en un mundo globalizado y en países abiertos y democráticos como el nuestro, que traten, dentro de ciertos límites, de apoyar a grupos o personas que piensan como ellos. Pero también los otros justamente tienen derecho a defenderse, eso es lo que Fox ha hecho y lo que Calderón va a tener que hacer también.

Pero la segunda razón por la cual conviene romper ahora es para evitar el seguro sainete del 1o. de diciembre. Como es bien sabido desde hace un par de decenios todos los presidentes latinoamericanos suelen asistir a las tomas de posesión de todos sus colegas: una pérdida de tiempo enorme y un ritual que no se justifica ya en sucesiones o transmisiones de poder democráticas y normales. Pero el hecho es que así es. ¿Qué va a hacer Calderón? No invitar a Chávez sin poder decir por qué, ya que al decirlo provocaría ahí sí la ruptura pero de allá para acá, o invitarlo, esperando que no venga, para no ofender al "Presidente legítimo", o si viene, permitir el recorrido de Chávez por toda la República, por toda la ciudad y por las siete casas de izquierda del país, como lo quiso hacer Fidel Castro en la toma de posesión de Vicente Fox en el 2000, como lo ha hecho Chávez en cada cumbre a la que asiste, y como lo hace ahora Evo Morales. ¿De veras quiere Calderón verse obligado él a resolver este tema, como si no tuviera cosas más importantes en qué ocuparse? O no prefiere que Fox, aquí sí, le despeje el camino y se eche el pleito él desde ahora y dejándole el camino libre a su sucesor, pero eso sí, con una condición: aguantar las críticas, sin culpar a nadie. Es la hora del fin de las ilusiones, y de entender que con el Peje, con Fidel, con Chávez y otros no hay más lenguaje ni recurso que la firmeza y la claridad. A la larga es más redituable. Pero en el lenguaje de Chávez hay que aguantarse como los machos.
 
 





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