Más de Jung sobre Hitler

Por Venezuela Real - 25 de Septiembre, 2006, 11:46, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Rafael Arráiz Lucca
El Nacional
24 de Septiembre de 2006

Hace quince días en este mismo espacio cité palabras del doctor Jung extraídas de dos de las muchas entrevistas que concedió. Una en 1936 y otra en 1939. Obviamente, la catástrofe final que Jung intuía que Hitler estaba tejiendo, no había tenido lugar. Hoy les traigo fragmentos de un ensayo y una conferencia del analista, recogidos en el Tomo X de sus Obras Com ple tas (Editorial Trotta, Madrid, 2001). Ya Hitler se había vola do los sesos en el búnker. Los textos son de una elocuencia tal, que cometeré muy pocas apos-tillas al margen.

En "Después de la catástrofe", publicado en 1946, puede leerse en relación con el pueblo alemán y el pastor que le ofrecía el paraíso, la siguiente perla: "Contar de manera creciente con el Estado no es buen síntoma, significa que el pueblo está en camino de convertirse en un rebaño de ovejas, esperando siempre de los pastores que las lleven a donde hay buenos pastos.

Pronto se convierte el cayado del pastor en férula de hierro y los pastores en lobos. No fue fácil presenciar como toda Alemania respiraba aliviada cuando un psicópata paranoico dijo: `Yo asumo la responsabilidad’... Alguien que promete todo no cumplirá nada, y quien promete demasiado corre el riesgo de utilizar malas artes para cumplir sus promesas, emprendiendo el camino hacia la catástrofe".

Luego Jung ensaya un retrato del psicópata austríaco, pletórico de resonancias para un venezolano de nuestro tiempo: "Un diagnóstico más exacto de Hitler debería ser el de pseudologia phantastica, una forma de histeria caracterizada por la especial capacidad de creerse las propias mentiras. Este tipo de personas suelen tener durante un tiempo un éxito sensacional, por lo que socialmente son peligrosas.

Nada resulta tan convincente como la mentira que uno mismo se cree, o la acción o la mala intención que uno mismo tiene por buena". Más abajo, en el mismo párrafo, el doctor Jung dibuja un perfil todavía más descarnado del asesino en cuestión, dice: "En el rostro de este demagogo estaban escritos la triste falta de formación y el engreimiento hiperbólico hasta el delirio correspondiente, la inteligencia mediocre, la astucia histérica y las fantasías adolescentes de poder. Todos sus movimientos eran artificiales, porque eran movimientos estudiados por el cerebro de un histérico sólo atento a causar impresión.

Se comportaba en público como quien escribe su propia biografía, en este caso la de la figura siniestra, `férrea’, `demoníaca’, propia del héroe de novela barata y del mundo imaginario de un público infantil que conoce las figuras de los dioses a través de películas de pésima calidad".

En otro ensayo del mismo Tomo X, intitulado "La lucha con la sombra", del mismo año 1946, el psiquiatra suizo extrapola la tesis personal de la sombra y la hace colectiva, aplicándola al pueblo alemán. El resultado es revelador.

Escogieron mediante elecciones libres a su sombra, para que los gobernara, y para que terminara convirtiéndose en el instrumento de su propia catástrofe. Ser coautores del holocausto es un drama similar al de padecerlo. La víctima muere, los victimarios sobreviven con la cruz de la indig nidad: "Los alemanes querían orden, pero cometieron el funesto error, preñado de consecuencias, de elegir como líder a la principal víctima del desorden y de la ambición incontrolada...

Igual que el resto del mundo no entendieron que Hitler simbolizaba algo en cada uno de ellos y que en eso consistía su significado. Era la sorprendente encarnación de todas las inferioridades humanas.

Tenía una personalidad psicopática, totalmente incapaz, inadaptada, irresponsable, llena de fantasías infantiles, pero poesía también el agudo olfato de una rata o de un marginado social, cual si cargara con una maldición. Representaba la sombra, la parte inferior de la personalidad de cada cual en grado hiperbólico, y ésta fue otra razón por la que se dejaron atrapar por él".

Hasta aquí las citas. Podría referir muchos otros párrafos memorables, pero los que causan escalofrío en un venezolano son estos. Los fenómenos sociales, no cabe la menor duda, están imantados de improntas psicológicas que son muy difíciles de comprender.

Mutatis mutandi, uno de los pue blos mejor educados de América Latina se entregó en manos de una suerte de sombra: Perón, y luego en brazos de otra sombra aún más asombrosa: Evita.

Las calamidades que trajo a la Argentina esta pareja son incontables. A cambio, les dejó un mito en las manos, como si fueran unos magos que después de sacar maravillas del pumpá, no quedan sino unos trapos rojos, sucios y maltrechos. ¿Cómo hacer para que los pueblos no escojan a los autores de sus propias desgracias?





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