Religión y violencia

Por Venezuela Real - 29 de Septiembre, 2006, 9:44, Categoría: Dimensión Social

Luis Ugalde
El Nacional
28 de Septiembre de 2006

Es lamentable que una cita de un emperador greco-bizantino de hace 600 años haya avivado la hoguera del rechazo y la intolerancia entre el mundo musulmán y el cristiano. Benedicto XVI --más como profesor alemán de Teología que como Papa-recientemente desarrolló, en Ratisbona, una clase magistral sobre el alarmante hecho de que en Europa el fundamentalismo racionalista-positivista haya desarrollado una cultura que se vacía de todo sentido de Dios. Ratzinger trata de demostrar que ciencia, razón y fe se necesitan y complementan, al citar una feliz frase del emperador Manuel II: "No actuar conforme a la razón es contrario a la naturaleza de Dios". Por eso la fe debe presentarse con buenas razones y no ser impuesta con las armas de la violencia. Lo inoportuno de la cita está en la parte donde el emperador le dice al musulmán persa que Mahoma trae cosas malas e inhumanas como "el derecho de defender con la espada la fe que predica".

Los creyentes de una u otra religión debemos reconocer que es un hecho histórico innegable el indebido y frecuente uso de nuestras religiones para bendecir la violencia, la persecución y la imposición.

La clase de Ratzinger no es sobre el islam, su preocupación está en el descristianizado mundo occidental. Las reacciones de incomprensión y de intolerancia demuestran que no se leyó lo dicho por el Papa, sino que el fanatismo y la intolerancia bloquearon una sana y abierta reflexión sobre lo que hoy es razonablemente humano.

No es menos funesto el uso fundamentalista de la razón. Hay cuatro grandes fuerzas en el corazón humano: el poder, la riqueza, la razón y el amor. Cuando el poder y la riqueza se convierten en dioses absolutos terminan matando. Cuando la razón se vuelve fundamentalista y absolutista, se convierte en dócil y eficaz instrumento del poder y de la riqueza para el holocausto humano. Sólo el Amor vivido --así con mayúscula-es capaz de poner por encima de la razón, del poder y de la riqueza a la persona humana, aun a la más débil.

La religión encarnada, vivida y enseñada por Jesús es el Amor que absolutiza al más pequeño y subordina los poderes a la dignidad humana. Esta brújula y sentido en la vida la tienen muchos sin ser cristianos ni religiosos. Cuando menos Amor hay en una civilización hay más muerte y negación humana, no importa cuan avanzado sea su desarrollo material. El Occidente "cristiano" y racionalista produjo dos espantosas guerras en el siglo XX y ahora el imperio tiene sus guerras de poder, razón y riqueza. Si los fundamentalistas estadounidenses que están en el poder invocan al cristianismo, es para legitimarse y no para iluminar y corregir sus crímenes.

Se desarrolló la teología católica como fides querens intelectum (la fe que busca la razón) para que unidas la razón y la fe los humanos seamos capaces de domar el poder y la economía para convertirlos en instrumentos de vida y liberación humana. La Fe se ilustra, la Razón descubre la dignidad absoluta del más pequeño de los humanos, y juntos buscan la vida humanamente razonable. Marx dijo que la religión era "el corazón de un mundo sin corazón"; para él se trata de un corazón iluso y externo a un mundo alienado. Nosotros creemos que es el corazón de todo esfuerzo humanizador para que el poder, la razón y la riqueza sean subordinados al Amor que trasciende y da sentido a toda la Humanidad, y se encarna en ella y en cada uno.

Es irracional la guerra y no se puede invocar a Dios-Amor para bendecirla, e irracional es un mundo incapaz de usar sus recursos humanos y adelantos tecnológicos para desterrar la miseria. Los avances científico-tecnológicos y económicos no garantizan por sí mismos su uso razonable y humanitario.

No me gusta que nos quedemos en la "tolerancia" como horizonte y norma de la conducta cristiana, pues es minimalista y de transición: antes matábamos a los que no eran "nuestros", ahora los "toleramos" y los "aguantamos", como un mal menor. Sin duda, es un logro el paso de perseguidos a tolerados, pero no basta. Nuestros valores y creencias religiosas deben servir para afirmar a los distintos en su propia identidad, diferente a la nuestra. Para ello, el cristiano de hoy tiene que redescubrir en Jesús la afirmación del prójimo y la universalidad del amor, rompiendo con la violencia y exclusión del pasado etnocentrista. Otros lo tienen que hacer desde su propia identidad. Querer y afirmar al otro (pueblo o persona) es amar a la humanidad, que es solo una y diversa cultural y religiosamente, lo que no significa negar las propias convicciones, sino desterrar el fanatismo que excluye.

En Venezuela no tuvimos guerras religiosas y hemos sido acogedores de extranjeros, más allá de la simple tolerancia. Pero hoy la violencia y exclusión están desatadas; no por razones religiosas, sino por el mal uso del poder y de la riqueza, por la descomposición social y el fanatismo político, que divide la sociedad entre buenos, los míos; y malos y conspiradores, los otros.

Hoy el verdadero discernimiento cristiano nos lleva a reconocer los errores de los cristianos en el pasado cuando fe y violencia se unieron para imponerse, o la razón y determinados poderes anticristianos llevaron a holocaustos de locura. Discernir es exigir y clarificar nuestro papel en defensa de la persona, particularmente de las excluidas y privadas de oportunidades de vida digna.

Es necesario integrar Fe y Razón, Fe y Justicia para que la humanidad sea razonable.






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