La Exclusión laboral

Por Venezuela Real - 1 de Octubre, 2006, 11:57, Categoría: Economía

Juan Martín Echeverría
El Universal
01 de Octubre de 2006

La administración pública dispone de tanto dinero que se puede permitir dilapidarlo con la mayor sangre fría. El sentido común exige atender prioritariamente la pobreza venezolana y después, si sobran recursos, ayudar a otros países. El crecimiento económico de los últimos años tiene tres características: la primera, es insuficiente; la segunda, es concentrado en actividades poco empleadoras; la tercera, es insostenible porque se sustenta en los altos precios petroleros y se apoya en el gigantesco gasto público.
  
El Instituto Nacional de Estadística (INE) sostiene que la tasa de desempleo se ubica en 9,6%, lo que implica una disminución de nueve puntos porcentuales en el desempleo, sin embargo, reconoce que la desocupación juvenil duplica la media nacional y se sitúa en 18,4%. Las lecciones que se desprenden de las cifras oficiales son terribles, porque mientras las misiones atienden a más de dos millones de venezolanos, que son calificados a todos los efectos como empleados, capacitan a su vez a los jóvenes y hay alrededor de medio millón sin posibilidades reales de acceder a una ocupación formal.

Mas de 60% de la población laboralmente activa no tiene empleo formal y las políticas públicas no generan suficientes empleos, porque se trata de la terminación de obras comenzadas por otros gobiernos, y el tema ideológico político establece una aberrante exclusión laboral mediante implacables listas negras. Por ello las instituciones no funcionan para los veintiséis millones de ciudadanos y un porcentaje mayoritario reclama sólidos lineamientos y eficaz ejecución en materia de seguridad, vivienda, empleo y previsión social.

La economía puede crecer durante un tiempo con el gasto público, pero la única forma que lo haga con un futuro cierto es con la inversión privada, ya que el oasis de las Misiones es eso, un oasis que se mantendrá ante el exceso de recursos y después se convertirá en una trampa contra la pobreza.

El dinero regalado se desliza por una tubería de enorme grosor, con muchas fugas de líquido que van a parar a las manos incorrectas, llámese desorden, corrupción o exclusión ideológica de quienes no comulgan con el neocomunismo. Es injustificable que cada venezolano tenga simbólicamente una cuenta por pagar de tres millones y medio de bolívares por la deuda pública nacional, de allí que la única fórmula para reducir la exclusión laboral sea un programa económico que estimule la inversión privada y, en consecuencia, el aparato productivo.

Las tasas de desempleo no se bajan manipulando las estadísticas, sino generando nuevas oportunidades para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, en especial las mujeres, que encuentran más dificultades para obtener un empleo decente, bien remunerado y permanente. Las normas jurídicas y las reglas de juego cambian con demasiada frecuencia y las dádivas son un medio para controlar las masas.

La exclusión laboral es un karma que acompaña al régimen como la sombra al cuerpo, entre la virulencia del lenguaje oficial plagado de expresiones bélicas, la estrategia del miedo y las dificultades que acorralan al sector industrial.






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