Órdenes superiores

Por Venezuela Real - 3 de Octubre, 2006, 14:20, Categoría: Electorales

Eddie A. Ramirez S.
El Universal
03 de Octubre de 2006

Es público y notorio que el teniente coronel, comandante en jefe de la Fuerza Armada, constantemente incita a sus huestes a "disparar rodilla en tierra", lo cual hasta la presidenta de la Asamblea Nacional ha repetido. ¿Por qué pretende ahora enjuiciar a un grupo de militares y anteriormente felicitó a los asesinos que dispararon desde Puente Llaguno: llamó "caballero" al criminal Gouveia; expresó palabras de aliento al Chacal; alabó la actuación de los guardias nacionales que agredieron una madrugada a las familias petroleras en Los Semerucos; dejó sin investigar el asesinato de José Manuel Vilas; condecoró a los guardias que agredieron cobardemente a Elba de Diamante y a Elinor Montes, así como a quienes arremetieron con saña contra los manifestantes del 27 de febrero del 2003? La respuesta es obvia, el teniente coronel solo pide excusas cuando percibe que está en posición poco favorable.

 El 13 de abril, cuando la Fuerza Armada lo regresó al poder, pidió perdón al cardenal y a varios  obispos  por las ofensas inferidas. Igualmente a los gerentes petroleros despedidos grotescamente con un pito en un Aló Presidente televisado. Lo hizo no por arrepentimiento, como declaró, sino por miedo al sentir que estaba en una posición peligrosa  de debilidad. Ahora, en el lamentable caso de los mineros asesinados en La Paragua, declara impúdicamente que "al menos hubo un uso excesivo de las armas por parte de un grupo de militares"; además, insistió en que "ni  ha tapado, ni tapará abuso alguno". ¡Qué desfachatez! Su posición crítica en este caso se debe al interés mostrado por la Cancillería brasileña para que se investigue el asesinato de  sus compatriotas y quizá  a la campaña electoral.  Si el Fiscal General  fuese imparcial y cumpliera con su deber, hace tiempo que hubiese abierto un expediente en contra del Presidente por instigación al delito. Igualmente la unicolor Asamblea Nacional. El Presidente tiene que asumir la responsabilidad de sus actos y de su verbo. Aunque no es el único culpable, sin duda que la historia y la justicia, en su debido momento, se pronunciarán en su contra por ordenar implícita y explícitamente a que sus subalternos atropellen a los ciudadanos. Estas órdenes superiores  no tienen que cumplirse y quienes las acaten están incursos en un delito, pero sin duda en una organización  piramidal como la Fuerza Armada,  cuyos integrantes están adoctrinados para acatarlas, la mayor cuota de culpa recae sobre quien las dicta.





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