Sobre "Estado de Derecho"

Por Venezuela Real - 13 de Octubre, 2006, 11:42, Categoría: Estado de Derecho

Graciela Soriano
Lexicon


Todas las sociedades, al alcanzar un cierto grado de desarrollo,  han establecido normas para inscribir su convivencia en un orden dado. Así el Derecho está presente desde las sociedades antiguas (en Egipto y Mesopotamia; en comunidades itinerantes como lo fueron los hebreos; en sociedades más desarrolladas desde el punto de vista político como Grecia y Roma) hasta hoy. 

Nuestro "aquí y ahora" no puede comprenderse a cabalidad si no entendemos que el acceso de la Venezuela independiente a los nuevos tiempos que prometía la Revolución francesa tenía que ver, de un lado, con el rescate de la ciudadanía que había sentado sus reales en la Antigüedad, y de otro, con  los nuevos contenidos de la Libertad moderna posterior al s. XVIII. Se trataba de una concepción en virtud de la cual  se entendía la Libertad, no sólo al modo antiguo, como capacidad para elegir al gobernante, sino como la posibilidad de resguardar un ámbito de la existencia de la sociedad (conjunto de los individuos, células sociales por excelencia), de la intervención del poder público.  En este sentido, el orden social, ya no entendido  como "sociedad de órdenes" constituido por el clero, la nobleza, y el estado llano, propios de los tiempos de la monarquía absoluta, pasaría a ser entendido como "sociedad civil" de "individuos",  superando  una etapa de desarrollo  social y político que no podría prescindir de la presencia y auxilios del Derecho a esas alturas de su civilidad.

La concepción que de la "sociedad civil" tenía el antiguo régimen era la de  "sociedad políticamente ordenada"  por Dios desde el Cielo. Se concebía al poder como una facultad  de origen divino, porque se presumía que todo poder venía de Dios. Por eso en la Edad Media, hasta el siglo XII –cuando Juan de Salisbury,  el primero en comprender y justificar el rechazo absoluto del tirano, rompe el esquema-  aún el poder ilegítimo merecía igual respeto; debía  respetarse al poderoso por malo que fuera. Pero en todo caso, el orden de la sociedad al ser de  origen divino, no se sentía inmanente a ella. No era autónomo,  venía de fuera, era heterónomo.

La novedad del siglo XVIII  consiste, precisamente en que el orden de la sociedad pasa a ser entendido como un orden que surge o emerge de la propia sociedad.  Sus componentes, los individuos, pasaban a ser todos -y esto es lo que interesa-  iguales ante la Ley.  La igualdad había fluido, de haber equiparado a los hombres frente a Dios, frente a la muerte, frente al Rey, a equipararlos frente a la Ley.

Y así entendida, la sociedad pasa a tener, a su vez, una concepción distinta del Derecho y de la relación de los hombres con la existencia, con el origen, con el contenido, con el sentido y con la utilidad de la norma. Por eso se iniciaron los procesos de codificación con el Código de  Napoleón en 1806 con una sistematización que ignoraban las antiguas "compilaciones" de normas que habían tenido vigencia en etapas anteriores.  La norma racionalmente concebida en los nuevos términos,  se inserta en la concepción liberal de la vida y en el universo constitucional ciudadano; en el poder legislativo configurado precisamente por esos ciudadanos  autónomos, libres, responsables y garantes de su propio orden.  Tanto los contenidos de la norma, como sus creadores,  orientadores y beneficiarios, han sido históricos y tan cambiantes como las sociedades  protagonistas de la propia  Historia.  Por eso las constituciones incorporaron aspectos que se fueron rechazando, renovando y adaptando para conservar su vigencia al correr de los tiempos.  Pero quedaba claro que, en lo sucesivo sólo la Ley podría garantizar la convivencia y la pervivencia en un orden de Libertad.  Se había pasado del gobierno monárquico absoluto (el rey es la ley) al government of Law, not of men , porque el de la Ley es  el único gobierno capaz de garantizar a la gente, o sea, a los ciudadanos, la Libertad, entendida como espacio inmune a la intervención del poder político, es decir, del gobernante. El "estado de derecho" había hecho su aparición en la historia del brazo de la división de poderes, con el mismo cometido.

Pero si bien el estado de derecho comenzó dotado de un contenido ontológico y axiológico con la reflexión jusnaturalista alemana y las manifestaciones concretas debidas a la Revolución francesa, no ha tenido unos contenidos invariables y precisos en su desarrollo histórico.  Durante el siglo XIX   se fue transformando gracias a que, al identificar al Derecho con  la ley, el positivismo jurídico vació al Derecho de sustancia y contenido hasta llevarlo a ser  una fórmula huera según la cual los ciudadanos quedan  en presencia y a la merced de un Estado  cuyos actos son realizados, en su totalidad dentro de un orden jurídico, ya no respetuoso de la Libertad, sino instrumentalizado desde el gobierno por el propio Estado en beneficio de otros objetivos. Con la crisis de la democracia liberal parlamentaria, a principios del siglo XX, el estado de derecho dejó de ser elemento importante en la salvaguarda o garantía de la Libertad,  para pasar a ser instrumento de los Estados totalitarios que caracterizaron la primera mitad del siglo anterior: Estados fascista, nazi, comunista, han sido regímenes de otra naturaleza que entienderon de muy otra manera la noción de estado de derecho. Lo aclara bien  una cita de Hannah Arendt en relación con la concepción totalitaria del Derecho y del sentido de la noción de consensus juris entendido como presupuesto básico de todo orden normativo:

…Tanto el juicio moral como la sanción legal presuponen este consentimiento básico... ..."La política totalitaria no sustituye un juego de leyes por otro; no establece su propio consensus juris; no crea en virtud de la revolución una nueva forma de legalidad. Su desafío de todo, incluso de sus propias leyes positivas, implica que supone que puede hacerlo sin ningún consensus juris cualquiera que sea; e incluso no se reduce al Estado tiránico de negación del  Derecho, de arbitrariedad y miedo. Puede manejarse sin consensus juris porque promete liberar la satisfacción de la ley de cualquier acción y voluntad del hombre, y promete la Justicia en la tierra porque clama por hacer de la propia humanidad el mismo cuerpo de la ley".

(Arendt, H. The Origins of Totalitarianism (1960) New York, Meridian Books, 1961, pp. 460 y ss.)

El siglo XXI  al entender que es separable la Libertad económica de la Libertad  política, puede retrotraer al ciudadano de cualquier lugar del mundo, a una situación de indefensión frente al Estado, en medio de  sistemas políticos que –so pretextos circunstanciales extraños a la condición humana autónoma y libre desarrollada en occidente y comprensiblemente extendida al mundo entero-  atentan, prescindiendo del consensus juris, contra el estado de derecho y la Libertad, en beneficio de un Derecho de vocación totalitaria tentado por la arbitrariedad.





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