Chávez en su laberinto

Por Venezuela Real - 20 de Octubre, 2006, 12:27, Categoría: Política Internacional

Antonio Sánchez
Webarticulista.com
20 de Octubre de 2006

Lo que parecía imposible comienza a cumplirse aceleradamente y de manera aparentemente inevitable: Chávez se desmorona. Las gracias que despertaban la simpatía y el regocijo del mundo, que lo aplaudía como a un nuevo Fidel, a un Kruchov redivivo, a un simpático Musolinni de los trópicos ahora se le convierten en morisquetas que despiertan el asombro y el desagrado, si no el horror. Véase la Asamblea General de la ONU. Las jugadas al todo o nada, que siempre le resultaron perfectas, como si hubiera estado protegido por la diosa fortuna, ahora se le convierten en desastres. Y como no podía ser menos: coge fama  de mala junta, de apestado al que hay que evitar a todo trance. Y tanto pesa esta jeta, la pava ciriaca del folklore vernáculo, que ni sus moneditas de oro son tomadas por buenas. Pague lo que pague - ¡y cómo paga! - Chávez se ha adentrado en el laberinto de la perdición y pueda que no encuentre la salida.

El caso del Consejo de Seguridad conmueve por su patetismo. Mil trescientos millones de dólares – según rumores muy fiables, cifra empleada por el gobierno para la compra y control de los votos necesarios para acceder a un puesto provisorio y sin mayor significado que el de servir de plataforma de lanzamiento a los afanes de liderazgo planetarios del caudillo sabanero – no fueron suficientes ni siquiera para superar a Guatemala, que no habrá conquistado los dos tercios necesarios para su nombramiento, pero nos ha dado una soberana paliza de 30 y 40 votos de diferencia en todas las rondas electorales. Ojo, Guatemala.

El reparto de chocolatines, los pobres balbuceos de un muy desgraciado, inepto e ignaro embajador, las pataletas de quien funge de canciller in partibus no han logrado ni siquiera medio ocultar la desesperación, la angustia y la horrible sorpresa que significa topar de frente con el rechazo de España, de la Unión Europea, de medio continente suramericano, sin contar con la auténtica bofetada recibida de Chile e Italia, que hasta hoy fueran considerados amigos seguros en quienes confiar. Sin considerar las portadas de los más importantes medios del mundo, que hacen escarnio de la derrota flagrante de Hugo Chávez. Un revés para el caudillo, es cierto. Pero también una innecesaria humillación para el país, que se permite tal figura.
 
El desastre de la ONU huele a vergüenza, a metida de pata, a sencilla estulticia de quien procede en el tablero internacional como un patán que cree que con los bolsillos llenos de billetes y las botas embadurnadas de petróleo se puede dictar el rumbo del universo. Un laberinto: nada grafica mejor la situación en que se ha extraviado el teniente coronel. Y nada parece mostrarle la salida. Pues además y para mayor desgracia suya va cuesta abajo.
 
 
2
 
Al desastre de la ONU se suman los reveses de sus socios, que se han arrimado a su candela en busca del contagio de la magia y el carisma y, por qué no decirlo, tras de esa “pequeña ayuda de mis amiguitos” de que nos hablara John Lennon. Véase: contundente e incontrolable respaldo financiero y la varita mágica del populismo demagógico con que basta un toque de abracadabra para apoderarse del Poder. Algunos de buena fe, como el líder cocalero que ya chapotea en su propio pantano y tampoco ve la luz al final del túnel. Otros sin ocultar el descaro del craso oportunismo crematístico, como el derrotado candidato ecuatoriano Rafael Correa. La tortilla se ha volteado. Véase a Ollanta Humala, a Manuel López Obrador, incluso a Lula, que las cosas no terminan por enderezársele. Más vale lejos de Chávez que en su próxima cercanía. Como diría Manuel Rosales: el tipo apesta.
 
El caso de Chile es paradigmático. Un fuerte y sostenido trabajo de zapa entre los sectores de la izquierda radical que aún sobreviven en el PS y en el PPD, socios de la DC en la Concertación que gobierna al país sureño desde hace 18 años, había logrado inclinar a Michelle Bachelet a favor de la Venezuela chavista. Los senadores Escalona, Ricardo Núñez, algunos embajadores del entorno y fuertes corrientes del socialismo chileno presentes en el PS y en el PPD habían reafirmado a la presidenta en su decisión de darle su voto al gobierno de Hugo Chávez. Incluso y a pesar de la intervención del enviado del caudillo en Santiago, ejemplar muestra de la diplomacia chavista de bota, machete y billetón: su instructor en paracaidismo.
 
Suficiente como para que la dirección de la DC en manos de la ex canciller Soledad Alvear comprendiera que de darse tal respaldo el asunto pasaba a mayores: la Concertación podía llegar a su fin. Y con ella el respaldo político a la actual presidenta. Decisión sabia y hábil al mismo tiempo la de la DC chilena: bajo la errática conducción de la Sra. Bachelet la Concertación podría estar viviendo su último gobierno. Un giro estratégico se hace urgente en un partido como la DC que ha ido perdiendo su legítimo sitial en el centro del espectro político chileno, carcomido por la intrusión del PS y. muy en particular, del PPD. Un giro de la DC hacia otros rumbos podría no sólo llevarle a recuperar su perdido sitial en el centro político nacional y reconvertirlo en el principal partido del sistema, sino poner en sus manos la próxima presidencia de la república. Que de seguro ya no estará en manos de esta Concertación.
En otras palabras: también Chile se ve afectado por el cambio en las tendencias políticas que soplan al sur del Río Grande. El viento sopla en contra de Chávez, pero también de una izquierda que coquetee con las trasnochadas tesis del socialismo del siglo XXI parapetada por un caudillismo militarista absolutamente ajeno a las profundas tendencias de los tiempos. Que claman por modernismo, civilidad y globalización. Es lo que se deduce de los giros electorales de México, Perú, Ecuador y Brasil. Estamos en medio del río. Vamos a la orilla derecha.
 
3
 
Todo esto tendría que repercutir en el interior del país a favor de la candidatura unitaria de Manuel Rosales. De hecho, los afanes reelectoralistas del teniente coronel, si bien calzan con sus ambiciones autocráticas, chocan contra el aplastante e incontrovertible testimonio de los hechos. El gobierno de Hugo Chávez es un auténtico desastre. No hay una sola obra material y concreta de que asirse para legitimar sus deseos de entronizarse. E internacionalmente comienza a encontrar repudio y rechazo por su irresponsable extremismo.
 
El respaldo que aún encuentra en los sectores más retrasados de nuestra sociedad va contra la naturaleza de los tiempos. Pues esos sectores constituyen una pesada rémora que debe ser enfrentada con políticas públicas realizables, modernas, capaces de terminar con la miseria, ponerle coto a la pobreza y empujar hacia la integración de todos los sectores marginales del país dentro de los cauces de la modernización. Con empleo, con vivienda, con educación, con salud. Venezuela tiene los activos humanos y las condiciones materiales como para sacudirse el espantoso mal de la marginalidad social, base de sustentación del caudillismo autocrático y despótico del teniente coronel, peso que nos ancla al pasado y nos impide avanzar hacia el futuro. Venezuela debe reconvertirse en una sociedad integrada, homogeneizada, desarrollada armoniosa y equilibradamente, en la que espantos como el autocratismo, el populismo y la demagogia no encuentren espacio de sustentación. En la que la democracia fluya y se reafirme como una expresión natural y equilibrada  de sus diversos grupos, clases y sectores. Con un fin común y global: progresar, modernizarse, prosperar.
 
De allí la importancia que reviste el rechazo de sociedades como la española y la chilena a los afanes autocráticos, militaristas y demagógicos de Hugo Chávez. Ellas nos indican el camino correcto a seguir por nuestro país para salir del atraso y la pobreza y ganar un espacio entre las naciones más progresistas y civilizadas del planeta. Unir, en primer lugar, a todos los sectores sociales tras un proyecto de nación libre, democrática, civil, soberana e independiente. Restablecer el respeto a las instituciones. Y de ellas, en primerísimo lugar, a la institución de la propiedad privada y al imperio de la justicia y la ley, de las que dependen todas las otras instituciones. Volver las fuerzas armadas a sus cuarteles y encargarlos de las tareas que constitucional e históricamente les corresponden: cautelar nuestra soberanía y garantizar la paz y la independencia nacional. Todo lo cual ha sido pisoteado de manera inclemente por quien no ha tenido otro objetivo que aplastar la democracia, destruir nuestra tradición pacífica y solidaria e instaurar un régimen dictatorial en Venezuela.
 
Manuel Rosales representa hoy de manera cabal todas estas aspiraciones. Ha sabido situarse por encima de diferencias grupales y reivindicar una idea de nación en la que caben todos los venezolanos, de cualquier clase y condición. Respaldarlo para contribuir a sacarnos del túnel en el que Chávez quisiera eternizarnos es una obligación patriótica impostergable






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