Prueba de amor

Por Venezuela Real - 5 de Noviembre, 2006, 10:48, Categoría: Política Internacional

Ramón Hernández
El Nacional
04 de Noviembre de 2006

El amor a carajazo limpio es rojo sangre, siempre lo ha sido, aunque a veces asome ribetes morados en las zonas más aporreadas y sensibles. La atilana arenga del ministro
Rafael Ramírez a quienes más ha sorprendido, sin escandalizarlos, es a los creativos de la campaña propangandístico-publicitaria del candidato reeleccionista y continuista, que con particular precisión quemaban sus últimas naves en lo que presagiaban que sería una empalagosa recta final, con mucho azul y muchos besitos.

Si hay que tenerle lástima a alguien en este disminuido ejercicio democrático es, precisamente, a los que se han favorecido pecuniariamente haciéndonos creer que estamos antes unas elecciones como las que se hicieron hasta 1998. Si la disyuntiva del 3 de diciembre la gana el socialismo del siglo XXI, todo lo que han aprendido estos publicistas será un desperdicio. Ese conocimiento no lo podrán usar más nunca: estas serán las últimas elecciones en 300 años, por lo menos, así lo indican las cartas de navegación de los oráculos bolivarianos.

Intentaban convencernos de que íbamos a escoger entre dos candidatos que ofrecen lo mismo, pero con diferentes estilos de gobernar y de querer al pueblo, pero que el mejor era el suyo. Pero la confesión de
Ramírez dejó claro que eso que llaman "socialismo" y que aparece en algunos avisos como una aproximación inocente a un sueño común, a un ideal compartido, a una promesa de felicidad permanente, ahora les complica el engaño, se los espachurra.

Ramírez, con su verborrea estalinista, develó el verdadero tono del socialismo con el que se quiere pintar de rojo el país. No es para imponer la ilusión de la justicia social, sino un sistema de opresión similar al que imperó en la Unión Soviética por más de 70 años y pervive en Cuba, con partido único, racionamiento perenne, paredón, persecuciones, psiquiátricos de reinserción social, gulags, prohibiciones, KBG, ausencia de libertad, hambre, paredón, hambre, paredón, circo, y hambre.

Si Venezuela motu proprio o por capricho de las máquinas de votación escoge el comunismo como forma de gobierno para las próximas décadas, renunciará a la libertad, al pluralismo y a la convivencia, para adentrarse a carajazo limpio, sin anestesia, a la lucha de clases, al odio y a la imposición de una reingeniería social en la que el culto al líder y la veneración a héroes de dudosa reputación serán modos de distracción mientras la nomenklatura se enriquece, se enriquece y se enriquece. Hasta ahora ninguna revolución comunista, como la que anuncia el candidato continuista, ha sido pacífica. Siempre la toma del poder se implantó a sangre y fuego, como en Rusia, China,
Vietnam, Cuba, o por imposición de los tanques rojos como ocurrió en los países de Europa Oriental.

Ramírez con su vocecita de enano de otro cuento fanfarroneó que no le temblaría el pulso para dejar sin trabajo a otros 19.500 trabajadores de
Pdvsa. Lo sabemos. El pulso sólo le tiembla para cosas más simples, de niño obediente, no para entender cuánta sangre le ha costado a Venezuela llegar a este tramo anémico de civilización, en el que todavía es posible el derecho de pataleo, y que él, con su chaqueta roja, y sus sicofantes, encachuchados, quieren suprimir también a carajazo limpio.

Con reiterada persistencia el altoparlante con más vatios, pero no de más luminosidad, insiste en que la bolivariana es una revolución pacífica pero armada, el equivalente superlativo de atrévete y verás. La ingenuidad, la inocencia, pero también la viveza del tonto que cree que en la división del trabajo le tocará ser el que parte y reparte que siempre se queda con la mejor parte, puede hacerles suponer que el socialismo que prometen será, esta vez sí, el paraíso en la Tierra. Claro, olvidan los gallineros verticales y que los cubanos crían, con las pocas sobras que les quedan, un cochino debajo de la cama para garantizarse, en contra de lo establecido por Estado soy yo que es Fidel, las masitas de puerco para fin de año que eran tan sabrosas con el congrí.

El hambre que han conocido los cubanos, y cuyas verdaderas razones se han ocultado detrás de esa estupidez que ha sido el embargo estadounidense, por supuesto que no es comparable con las secuelas del colectivismo de Stalin que exterminó a millones de campesinos, pero sí tiene semejanzas inocultables con el terror, con la hipocresía --tan necesaria para la supervivencia-y con las terribles distancias que existe entre los muchos lujos de la alta burocracia, directamente proporcionales a su ineptitud para producir bienes de consumo, y los pocos dientes que pueden salvar los adultos jóvenes de la clase trabajadora, por no tener un simple cepillo y algo de pasta dental.

La arrogancia y petulancia de Rafael Ramírez, que jura que, porque tiene chaqueta roja y teléfono rojo directo con Miraflores, le pertenece la riqueza que es de todos no es una novedad. Es la reminiscencia moderna --con chef propio, chofer con visera, aire acondicionado y avión privado-de las hordas que se regodeaban en los saqueos y matanzas de Boves; y que también campearon durante esa escaramuzas sanguinarias que llaman los más distraídos guerra federal, que mataban semejantes por doquier, a carajazos, Rafael, sólo por ser blancos y saber leer y escribir.





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