Reelección ¿por qué?

Por Venezuela Real - 5 de Noviembre, 2006, 10:49, Categoría: Política Nacional

Cardenal Rosalio J. Castillo Lara
El Nacional
04 de Noviembre de 2006

Apoco de su elección, Chávez, por medio de una Constituyente de no muy clara prosapia, consiguió que fuese permitida la reelección inmediata. El período de gobierno fue alargado a seis años; y luego, con artimañas jurídicas, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia lo prolongó.

En diciembre finaliza, por tanto, un ciclo de ocho años de gobierno o, para ser más exactos, de desgobierno.

El presidente usa todos los medios para obtener la reelección porque afirma que es el único venezolano capaz de gobernar al país. A tal fin, multiplica las promesas, amenaza con el despido de los empleados públicos y de los beneficiados de las misiones que no voten por él y, últimamente, se atrevió a suplicar que lo hagan por amor a él ya que todo cuanto ha hecho en estos años, como presidente, lo habría hecho por amor.

Dejando de un lado la ridiculez de tales proposiciones, el hecho es que para la vida de Venezuela es de trascendental importancia el resultado de las votaciones del 3 de diciembre.

Estas elecciones no pueden ser afrontadas con ligereza. No se trata de un rutinario cambio de presidente.

Está en juego, como insistiré más adelante, la supervivencia misma de Venezuela como nación libre y democrática.

Examinemos, pues, desapasionadamente por qué habría que reelegir, o no, al presidente Chávez.

Cualquier reelección presupone y exige que la persona, que aspira a ser reelegida, haya cumplido su misión de un modo tan brillante y eficiente que merezca continuar al frente del gobierno, y que esto sea lo que más conviene a la nación.

En nuestro caso, esto no sucede. Todo lo contrario. A mi juicio, es el gobierno más nefasto que ha tenido Venezuela en su historia. Se ha convertido, ante todo, en una dictadura en la que todos los poderes están sumisamente sometidos a la caprichosa voluntad de un presidente que, como encantado aprendiz, sigue a la letra cuanto le dictan desde afuera. (Léase: Fidel Castro, desde Cuba).

La libertad está evidentemente muy restringida, no sólo por la promulgación de determinadas leyes, sino también por la arbitraria aplicación que de ellas hacen los miembros del gobierno.

De hecho, se dan tres categorías bien diferenciadas de ciudadanos: los miembros del partido MVR, los que se declaran chavistas y por lo tanto buscan y obtienen ventajas o prebendas, y la mayoría ciudadana a la que se le niega los más elementales derechos.

Estos últimos constituyen la enorme cadena de los excluidos, en la que figuran, entre otros, todos los empleados despedidos de Pdvsa, a los cuales se les han negado primordiales y legítimos derechos laborales, y se les ha llegado a robar, al privarles de sus prestaciones y de cuanto habían depositado, para su futuro, en las cajas de ahorro.

A estos se suman también los que firmaron en el referéndum revocatorio y todos aquellos a quienes, por algún motivo, se les considera no afectos al régimen. Todos ellos integran bochornosas listas de exclusión, como las deTascón o Maisanta.

Además de esas vergonzosas, descaradas e ilegítimas exclusiones, se constata que las libertades se han visto conculcadas por la carencia de justicia, que se manifiesta a todos los niveles, comenzando desde lo más alto y que está totalmente parcializada a favor de quienes tienen responsabilidades de gobierno, los cuales están dispuestos a cumplir siempre cuanto se le ocurra u ordene el Presidente. Abundan pruebas al respecto. Por ejemplo, la situación de presos políticos como Simonovis, Forero, Vivas y un grupo de oficiales de la Policía Metropolitana, encarcelados todos desde hace cuatro años sin haber sido juzgados, por falta de delito; el atropello cometido contra Carlos Ortega y compañeros; o, para no enumerar más, el de los militares presos por la inventada invasión de los paramilitares, que no fue sino una burda pantomima montada por el régimen, fracasada en los mismos comienzos y que, con desprecio al sentido común de los venezolanos, pretendieron hacer pasar por paramilitares a un centenar de muchachos campesinos de Colombia.

Otro caso bochornoso de carencia de justicia lo evidencia el desempeño de la fiscalía en el asesinato del fiscal Danilo Anderson. Después de un año del crimen, el fiscal general, para castigar a personas de alta figuración opuestas al régimen --como Nelson Mezherane, el general Áñez, Patricia Poleo, Romaní y otros--, se fabricó, con poco acierto, a un testigo "veraz" de los hechos en la persona de un colombiano que resultó ser un mitómano y falsario, ya que mientras estaba recluido en una cárcel colombiana se hallaba al mismo tiempo, (según su propio testimonio) en la selva de Darién, en Panamá, preparando el plan criminal.

A esta lista de graves denuncias, reales por desgracia, se añaden muchísimas otras, tales como: el notable aumento de la pobreza; la quiebra y cierre de más de la mitad de las fábricas, con el consiguiente aumento del desempleo; el por todos deplorado y sufrido crecimiento de la inseguridad que azota implacablemente a todas las clases sociales, con robos, secuestros y asesinatos; y las invasiones propiciadas y favorecidas por personeros del mismo gobierno. Las estadísticas revelan la escalofriante realidad de más de 90.000 asesinatos durante los 8 años del gobierno de Chávez.

A todas estas auténticas calamidades, se les pueden juntar varias más. La desenfrenada corrupción, por ejemplo, cuya extinción fue prometida solemnemente por el Presidente en su campaña electoral y reafirmada en el comienzo de su mandato. La corrupción ha crecido desenfrenadamente, hasta el punto de que hoy existen decenas de nuevos "millardarios", miembros de su gobierno, bajo la mirada tolerante y complaciente de la justicia injusta.

Con todo merecimiento se le pueden atribuir igualmente al gobierno, como señal incontrastable de su negligencia e ineptitud: el culpable y voluntario descuido de los hospitales como pretexto para introducir con gran alharaca la inepta solución de Barrio Adentro; la indolencia en el mantenimiento de las infraestructuras ya existentes, que produjo, entre otras desgracias, la caída del viaducto de La Guaira, al que nunca se le prestó atención, a pesar de contar, para entonces, con la solución de construcción de otro viaducto contratada por el gobierno del presidente Caldera; y, en general, el deplorable estado en que se encuentra la red vial de Venezuela.

Y siguiendo la enumeración de los males que aquejan a la nación, no puedo dejar de destacar el delictuoso uso de la riqueza nacional que ha llevado al Gobierno a malgastar la exorbitante suma de 400 millardos de dólares. El hecho de haber regalado más de 20 millardos de dólares para buscar un frágil liderazgo político, mientras crece alarmantemente el número de pobres en Venezuela y la ingente cantidad de necesidades que esperan remedio, denota una gravísima carencia de sindéresis, que hace inhábil para gobernar a cualquier aspirante.

Todas estas evidencias a las que he aludido con necesaria brevedad, empalidecen ante el odio que el Presidente ha logrado sembrar en el corazón de los venezolanos, logrando dividirnos en dos bandos enemigos. De ahí que, a la pregunta "¿Por qué reelegir a Chávez?", responda contundentemente: No hay ningún motivo para hacerlo.

No le conviene a Venezuela de ningún modo.





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