Las tres grandes derrotas del chavismo

Por Venezuela Real - 7 de Noviembre, 2006, 13:41, Categoría: Política Nacional

Fernando Mires

06 de Noviembre de 2006

En este artículo sostengo la tesis de que durante el año 2006 el chavismo ha experimentado tres derrotas gravitantes que, independientemente a cualquier resultado electoral, han convertido en un imposible su proyecto de expansión tanto nacional como continental. Las tres grandes derrotas fueron:

    1) Las elecciones en Perú, que dieron el triunfo al Presidente Alan García.

    2) El fracaso de la candidatura venezolana para obtener un puesto en el Consejo de Seguridad Nacional en la ONU y 3) El surgimiento de un movimiento popular, democrático y nacional en Venezuela, que bloquea los proyectos totalitarios y/o fascistas de algunos sectores del chavismo, comandados desde el propio gobierno ..

Las opciones que tuvo el chavismo

Para explicar porque esas tres derrotas son gravitantes, es necesario en una primera instancia, referirse al proceso de involución antidemocrática del propio movimiento chavista. Ha sido esa involución la que ha llevado al gobierno a embarcarse en proyectos internacionales con el objetivo de ligarlos a una estrategia de acumulación de poder a escala nacional. Con ello se quiere decir que, como en ningún gobierno latinoamericano, la política internacional de Chávez se encontraba estrechamente ligada a una estrategia de toma del poder local.

La lucha artificial (nunca real) en contra de "el imperio" estaba concebida para dividir a la nación en dos bloques irreconciliables. El nacional antiimperialista, dirigida por el trío Maduro- Rangel- Chávez, y el de los "escuálidos sometidos a Bush". Esta era evidentemente la estrategia del núcleo central del poder político- militar del chavismo. Que la mayoría de la gente normal no fueran ni "antiimperialistas" ni " bushistas", no parecía importar demasiado a los jerarcas del chavismo. Lo importante era remarcar, "quien no está con Chávez está con Bush", como si la vida fuese tan miserable y nadie pudiera elegir otra posibilidad.

Ya antes de embarcarse en esa estrategia de poder, el chavismo tenía frente a sí dos opciones. O se enrielaba, aunque fuese de un modo populista, en el proceso de democratización social que estaba ya teniendo lugar en la mayoría de los países latinoamericanos, o se plegaba a una opción militarista antidemocrática. Durante los primeros años de gobierno, el chavismo, y el mismo Chávez, vacilaron entre esas dos opciones, pues las dos correspondían a la composición orgánica del movimiento. Diversos factores han concurrido entonces para que el chavismo haya optado definitivamente por la segunda opción. Entre ellos hay tres que hoy aparecen como las más evidentes.

La primera, es el mismo Chávez, y su nunca oculta subordinación ideológica a la dictadura militar cubana.

La segunda, tiene que ver con una suerte de toma de poder interno al interior del chavismo, ejecutada por cuadros ideológicos e "intelectuales orgánicos" cuya mentalidad antipolítica y dogmática había sido programada de acuerdo a los signos de la Guerra Fría (comunistas sin comunismo). Dichos cuadros, desplazaron rápidamente a los cuadros populistas – democráticos dentro del movimiento. No voy a nombrar a ninguno de esos dogmáticos; son muchos, varios no son venezolanos, hay también un par de ideólogos europeos (de pensamiento fuertemente " economicista"). En fin, todo el mundo los conoce.

La tercera, fue la creciente militarización (y con ello, despolitización) del gobierno chavista, lo que se manifestó en la abierta ingerencia del militarismo en los asuntos públicos, y en el lenguaje extremadamente agresivo que hasta ahora usan los funcionarios del régimen. Todo eso amparado en una suerte de ideología supuestamente bolivariana, cada vez más difusa e irracional, y que con Bolívar tiene que ver tanto, como la idea del "socialismo del siglo XXl" con el pensamiento filosófico de Marx; es decir: nada.

La lógica de acumulación interna de poder, la apostó Chávez, y con mucha fuerza, a su política exterior. Y aquí se deja de ver, claramente, la mano de Fidel Castro.

Castrismo y Chavismo

Desde que llegó al poder en Cuba, Castro ha tenido una gran obsesión: Romper el aislamiento internacional en que siempre ha vivido Cuba -aun en los tiempos en que pasó a formar parte muy subordinada del imperio ruso- con la implementación de un proyecto internacional elefantiásico. Castro ha soñado siempre con la utopía de un frente antiimperialista, latinoamericano primero, mundial después, y con Cuba (es decir, con él) a la cabeza.

Ya casi nadie se acuerda de la OLAS, un proyecto de la izquierda anticomunista latinoamericana de los años sesenta (Castro tenía en ese tiempo problemas con la URSS y fue antisoviético por un par de años) destinado a apoyar la lucha armada en diferentes países latinoamericanos. Ya casi nadie se acuerda de las absurdas incursiones militares de los cubanos en África, sobre todo en Mozambique. Ya casi nadie se acuerda de los diferentes y siempre fracasados intentos de Castro por ponerse a la cabeza de "los no alineados" y heredar el trono del yugoslavo Tito.

Ahora bien, la última oportunidad para que Castro iniciara una nueva aventura " continentalista", se le presentó no con el chavismo, sino que después que en Bolivia triunfara electoralmente el movimiento sindicalista-indígena dirigido por Evo Morales. Ahí nació de nuevo la idea de constituir un eje "revolucionario" de proyecciones continentales, gracias a la ayuda financiera del gobierno de Venezuela, y con la ilusión infantil de Chávez de convertirse en un nuevo Castro y ejercer desde Miraflores un liderazgo continental. En sus atormentadas fantasías, imaginó tal vez Chávez que él era la reencarnación de Simón Bolívar, a quien las masas latinoamericanas estaban esperando: El Nuevo Mesías de la Revolución Total.

El nuevo plan "antiimperialista" era más o menos así: Como Cuba, Bolivia y Venezuela son países no vecinos, se hacía necesaria la presencia de un "cuarto" en el grupo, un "cuarto" que diera consistencia geopolítica a la "alianza antiimperialista". Perú estaba llamado a ocupar ese papel .. Vecino de Bolivia, Perú, con Humala a la cabeza, iba a neutralizar la hegemonía política chilena "neoliberal" en el sur, extenderían la magia de la revolución a Ecuador, hasta desplazar al "bloque socialdemócrata reformista" (Chile, Argentina, Uruguay y Brasil). De otra manera no se explica el masivo apoyo que prestó Chávez al candidato racista, nacionalista y militarista del Perú: Ollanta Humala. Perú, era, efectivamente, la pieza clave en esa estrategia de poder continental.

La elección de Alan García como Presidente, frustró, como es sabido, el plan castrista- chavista. Pero Castro es testarudo, y no tardaría en embarcar al gobierno venezolano en una segunda aventura. Castro, siempre después de una derrota, en lugar de buscar el repliegue táctico, ha huido "hacia delante". Y Chávez se subordinó a ese aberrante juego.

El nuevo plan "antiimperialista" era más o menos así: Promover la candidatura de Venezuela al Consejo de seguridad de la UNO en el marco de una campaña antiimperialista, ya no latinoamericana, sino que, ahora mundial. Por cierto, sin esa costosa campaña "antiimperialista" Venezuela habría llegado fácilmente a ocupar el sillón asignado en la ONU. Pero eso no interesaba a Castro. Lo importante para Castro no era que ese sillón fuese ocupado por Venezuela, sino que fuese ocupado en el marco de una lucha internacional en contra del "imperio". En el fondo, lo único que interesaba a Castro, era salir al fin del terrible aislamiento internacional que padece su gobierno, y mediante la conexión con la Venezuela de Chávez, insertarse en un nuevo bloque geopolítico mundial con sede en la propia ONU.

Vanguardia de todas las dictaduras del mundo Chávez, a su vez, no sólo era un comisionado de Castro. También jugaba su carta. Si Venezuela era elegida en la ONU, no como simple representante latinoamericano, sino que como representante de todos los países "sometidos" al "imperio", su influencia mágica al interior de Venezuela –eso esperaba al menos el núcleo duro del chavismo- iba a ser enorme.

Chávez, líder mundial, debería concitar "naturalmente" el apoyo de la mayoría de su nación en contra del "enemigo externo" y en esas condiciones, iba a arrasar fácilmente con sus enemigos internos. Sólo bajo la luz de ese ambicioso proyecto, -y convencido que después de su "brillante" discurso en la ONU, el nombramiento de Venezuela en la ONU ya estaba asegurado- se entiende porque en pleno proceso electoral, Chávez anunció dos objetivos que lo iban a llevar a ejercer el poder total sobre su país: Un Partido Unico, y un Referéndum que sancionaría la perpetuidad de su gobierno, es decir, un proyecto totalitario de pies a cabeza. La lógica de esa futura dictadura militar, que no otra cosa iba a ser eso, se amparaba en la idea de la formación de un "bloque internacional de resistencia antiimperial". Así se explica que Chávez haya entrado en contacto con las dictaduras más tenebrosas del mundo, sólo porque éstas tenían problemas con el gobierno de los EEUU.

Ahora bien, para nadie es un misterio, que los resultados de las elecciones en la ONU fueron catastróficos para el gobierno de Chávez, tanto desde el punto de vista de su imagen internacional, como desde el punto de vista de sus perspectivas nacionales. Con esa derrota, el castrismo a su vez, perdió la última carta de sobrevivencia política internacional que le restaba. Ello coincidió, metafóricamente, con la agonía biológica del dictador.

Si alguna vez Chávez y Castro imaginaron que ellos llegarían a ser la vanguardia de un bloque antiimperialista mundial en la ONU, la realidad los decepcionó de modo muy cruel. No me refiero aquí a la derrota numérica, de sobra conocida. Me refiero al hecho escandaloso de que, aparte de algunos gobiernos latinoamericanos que apoyaron la candidatura venezolana por motivos netamente comerciales (y no políticos), más del 95 % de las naciones no latinoamericanas que apoyaron la candidatura venezolana en la ONU, son regidas por dictaduras. Gobiernos como el de Sudán, entre otros, que en estos momentos comete espantosos genocidios en África, apoyaron con entusiasmo a la postulación venezolana. De este modo, en lugar de un alineamiento: "Antiimperialismo versus Imperio", lo que logró Chávez en la ONU, fue un alineamiento, "Democracias versus Dictaduras". Las dictaduras del planeta, en efecto, se organizaron todas alrededor de la delegación venezolana. Que vergüenza para una nación que en el pasado había aparecido, al menos "hacia fuera", como una democracia ejemplar, en períodos en que casi toda Sudamérica era carcomida por monstruosas dictaduras militares.

Ahora bien; retirada la postulación de Venezuela en la ONU, sin el capital formidable que le iba a deparar su imaginaria condición de líder latinoamericano y mundial, Chávez ha quedado reducido a su pura expresión local. Y justamente en ese periodo, cuando Chávez, estaba embarcado en su proyecto mundialista, viajando de continente a continente, iba configurándose, en los propios interiores de las provincias venezolanas, hasta avanzar en largas marchas hacia la capital, un amplio movimiento unitario de carácter nacional, democrático y popular, abiertamente antichavista.
Es un movimiento nacional, porque busca reivindicar la soberanía nacional frente a todo tipo de sujeciones externas, sean ideológicas o económicas (Ni Bush ni Castro). Es democrático, porque frente a la amenaza de instauración de un Poder Único, busca salvaguardar los profundos valores pluripartidarios de la nación venezolana. Es popular, porque parte de las reivindicaciones más sentidas de los sectores más pobres de la nación. A ello se suma la presencia de un líder unitario, un profesional de la política, un hombre sencillo, trabajador, un hombre con su familia en orden, con su mente en orden; un hombre que sabe escuchar, y que no se cree el Mesías, ni Superman, ni Batman, ni Tarzán, pero que, a la vez, no se acobarda frente a ninguna discusión.

En torno a Manuel Rosales ha vuelto el primado de la política a Venezuela.

La última oportunidad que perdió el Presidente Chávez

Pero la historia ha sido benevolente con el Presidente Chávez. Justo después de sus dos grandes derrotas internacionales, le fue brindada en bandeja la gran oportunidad para que reivindicara sus condiciones de caudillo nacional, y reorientara al movimiento chavista en su vía nacional populista originaria que, desde una perspectiva política racional, nunca debió haber perdido.

Cuando al comenzar el mes de noviembre de 2006, el ministro de minería Rafael Ramírez, pronunciara uno de los discursos más fascistas de toda la historia latinoamericana, amenazando despedir a los trabajadores del petróleo que no se plegaran a las filas chavistas, Chávez tuvo la gran oportunidad para restaurar políticamente su liderazgo nacional. Bastaba simplemente que hubiera asumido el rol que le corresponde a todo Presidente democrático. Plantear que él está ahí, en ese lugar, para defender los intereses de todos los ciudadanos, más allá de ideologías y partidos. Asumir su condición de Presidente de todos los venezolanos y no sólo de una fracción ideológica. Destituir al fascista ministro Ramírez. Asumir, con dignidad y estatura el lugar del mandatario republicano, y erigirse como representante político y moral de toda la nación. ¿Qué hizo Chávez en cambio? Exactamente lo contrario. Sus palabras quedarán resonando en la historia como una de los más grandes agravios al ideal democrático de la nación: "Vaya Ministro, y repita cien veces lo que dijo". Desde el momento en que fue pronunciada esa frase, la suerte está definitivamente echada en Venezuela.

A un lado, un movimiento populista, representado por Chávez, donde hay también sectores que desean vivir en una democracia política, pero que hoy están sometidos a una conducción definitivamente fascista.

Al otro lado, un movimiento nacional, democrático y popular, encabezado por Manuel Rosales Los dos movimientos trascenderán a la fecha electoral. Durante mucho tiempo, la historia venezolana correrá por dos líneas paralelas. La gran diferencia, es que la tan anhelada reconciliación nacional sólo podrá venir del lado azul. Del lado rojo podrá venir cualquier cosa, menos reconciliación. Y Venezuela necesita, para seguir existiendo políticamente, de la reconciliación nacional.

¡Qué Dios cuide y proteja a los demócratas venezolanos!





TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Noviembre 2006  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30    

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog