Corrupción endógena

Por Venezuela Real - 8 de Noviembre, 2006, 13:00, Categoría: Corrupción

Editorial
El Nacional
08 de Noviembre de 2006 


La organización Transparencia Internacional vuelve a incluir a Venezuela entre los países donde la corrupción se impone como una práctica cotidiana, que se expande de manera progresiva e imparable, al punto de irse ramificando hasta el extremo de que cada informe anual es más grave que el anterior. Pero esta viciosa experiencia burocrática, ya de por sí alarmante, ha ido generando en el gobierno bolivariano otro resultado: el de la indiferencia oficial o el de la complicidad abierta y desvergonzada. Frente a estas advertencias externas, producto de una metodología de trabajo y de un seguimiento permanente de parte de organizaciones no gubernamentales, la reacción inmediata de los ministros y del propio jefe del Estado no es menos preocupante. En realidad consideran esos reportes como "obra de los agentes de la CIA", o como vulgares ataques políticos, y por ello no consideran los más leves propósitos de rectificación.

Además, los organismos estatales correspondientes los miran como quien oye llover. La cuestión reviste tanta gravedad, y la imagen y crédito de Venezuela se dañan tanto en el exterior, y son tan incalculables sus consecuencias, que, al margen de la reacción de esos organismos, la cuestión no puede pasar inadvertida. Es cierto que la ciudadanía se preocupa, que existen instituciones privadas que analizan el pernicioso fenómeno, pero no son suficientes para crear un clima adecuado, una toma de conciencia sobre las implicaciones morales y éticas que la corrupción desata sobre el cuerpo social.

Es importante ponerle atención a estos significativos informes internacionales. En primer lugar porque, como ya hemos dicho, no son hechos por "adversarios" políticos nacionales, sino por profesionales que tienen sus métodos de medición y de observación aceptados por la comunidad mundial. Y en segundo lugar, porque esos informes no son "contra Venezuela", sino que se hacen periódicamente sobre un altísimo número de países, y su objetivo final es tratar de eliminar, en lo posible, esa peste de la escena política.

Vale la pena observar las diversas reacciones en otros países. No es de rechazo en muchos de ellos. Tampoco se ofenden como para curarse en salud, y cruzarse de brazos. No. Los analizan y ponderan, los consideran instrumentos útiles para la toma de decisiones. Es más una cooperación que un gesto inamistoso. No es lo que hace en Venezuela el régimen bolivariano. Aquí sucede lo contrario. Ayer el vicepresidente Rangel dijo: "Eso es basura, pura basura", al momento de calificar el reporte mundial elaborado por Transparencia Internacional, que fue dado a conocer a la prensa en Berlín, donde tiene su sede. "Son mercenarios, hacen sus informes de acuerdo con la tarifa", afirmó Rangel, molesto porque aparecemos acompañando a Ecuador y Haití como los gobiernos más corruptos de este continente. También el ministro de Comunicación e Información, Willian Lara, arremetió contra la organización no gubernamental y denunció que el informe es una "campaña trasnacional de propaganda contra el prestigio de Venezuela. Lo lanzan en este momento buscando un rédito electoral". Lo cierto es que los argumentos oficialistas no van más allá de los insultos y de las descalificaciones. En fin, esta realidad es suficientemente conocida por todos los venezolanos como para darse cuenta de inmediato de la debilidad e inconsistencia de la defensa oficialista. Hasta el presidente Chávez ha tenido que salirle al paso a la voracidad por el dinero y por los bienes materiales desarrollada por sus colaboradores. Los casos del central azucarero en Barinas, el de Velázquez Alvaray y los contratos sin licitaciones, y los negocios familiares en la cúpula de Pdvsa, etcétera, son muestras pequeñísimas de lo que está sucediendo en el resto de la administración pública.

A nadie en Venezuela le es extraño este problema que se ha generalizado en los últimos ocho años porque cada día están sobre el tapete diversos casos de corrupción, unos más escandalosos que otros. En las páginas de los medios de comunicación aparecen denunciadas con frecuencia estas corruptelas, no por los sectores opositores como pudiera pensarse, sino por los propios militantes bolivarianos, francamente asqueados por lo que sucede en su gobierno. Sin embargo, en la cúpula gubernamental la reacción suele ser ambigua en el mejor de los casos, y de franca indiferencia la mayoría de las veces. De modo que existen razones para que estos reportes que vienen de afuera nos hagan reflexionar y actuar en la forma adecuada.






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