Bush, el decepcionado

Por Venezuela Real - 9 de Noviembre, 2006, 14:48, Categoría: Política Internacional

 Una voto castigo aplicable a todo gobernante arrogante e intolerante que no muestra disposición a escuchar la voz del pueblo. Eso se llama un voto castigo, ¡ pongan las barbas en remojo los gobernantes que aspiran a reelegirse !

Editorial
El Nacional
09 de Noviembre de 2006

Los resultados de las elecciones para el Senado y la Cámara de Representantes en Estados Unidos pueden servirle de lección a los malos gobiernos y, sobre todo, a los gobernantes que se hacen universalmente famosos por su arrogancia y su espíritu dogmático. Algunos critican o se le han enfrentado al Presidente de Estados Unidos no porque se distancien de él, sino por todo lo contrario: porque se le parecen en exceso y porque son de su misma sustancia.

En Estados Unidos hubo un solo norteamericano que no vislumbró la derrota de George W. Bush: él mismo. El Presidente nunca creyó que un desastre semejante pudiera ocurrirle, pensaba que sólo él tenía la razón, que sólo debía considerar los puntos de vista del vicepresidente Dick Cheney y del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quienes no se limitaban a respaldar sus políticas en Irak sino que lo alentaban a ir contra todo el mundo y a menospreciar las percepciones de otros que no fueran del círculo complaciente.

Asuntos como el de la guerra de Irak se fueron convirtiendo en un test para calibrar a Bush como gobernante. En lugar de dialogar con amplitud en una cuestión que comprometía a toda la nación, el Presidente se fue aislando cada vez más, hasta el extremo de proclamar que persistiría en sus planes "aunque sólo le quedara el respaldo de su esposa".

Ya no puede hablar así. Tanto Bush como su partido, el Republicano, sufrieron derrotas calificadas como "estrepitosas" en las elecciones de mitad de periodo en las que el pueblo estadounidense demostró su rechazo y su condena a las políticas y al estilo arrogante del Presidente, le devolvió a los demócratas el control de la Cámara de Representantes y los dejó con la mayoría de un sólo escaño en el Senado, según los últimos cómputos.

Un Bush hasta ahora inédito, más realista y humilde, reconoció que las elecciones "habían sido una paliza". No una paliza, sino una gran paliza. Así lo admitió el derrotado Presidente, ayer miércoles, en una rueda de prensa. Añadió: "Obviamente estoy decepcionado con los resultados". No se muestra espíritu alguno de autocrítica. Lo que al parecer lo decepciona son los "resultados" de la derrota aplastante, pero no sus causas. Bush añadió: "Reconozco que muchos estadounidenses votaron para mostrar su desagrado con la falta de progreso en Irak". Por eso, ciertamente, pero no sólo por eso.

No habían pasado 24 horas cuando Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa que no aceptó críticas ni opiniones divergentes, como las del ex secretario de Estado, el general Colin Powell, y de unos cuantos republicanos influyentes que advirtieron los riesgos de una guerra sin alternativas, ya había renunciado. Se anunció que sería sustituido por el ex director de la CIA, Robert Gates. El Presidente dijo que "habrá un nuevo liderazgo en el Pentágono". Demasiado tarde. El vicepresidente Cheney no renunciará, pero la lección ha sido tan fuerte como para que no rectifique.

Durante su primer periodo y la mitad del segundo, Bush disfrutó de mayoría en las dos cámaras del Congreso. Se sintió todopoderoso y apostó al triunfo en estas elecciones y se equivocó como lo ha demostrado la realidad. Ahora ya no será sólo la guerra de Irak, sino todos sus programas los que confrontarán un serio escrutinio por parte del Congreso. De estas elecciones se irá directamente a los presidenciales dentro de dos años. La conclusión está a la vista: la política Bush-CheneyRumsfeld le ha abierto, por ahora, el control del Congreso a los demócratas y, sin duda, las puertas de la Casa Blanca.

De las 36 gobernaciones en juego, los demócratas triunfaron en 20 y ya dominan en 28 estados. Las gobernaciones de Nueva York, Ohio, Massachussets, Colorado, Maryland y Arkansas, generalmente en manos de republicanos, pasaron a los demócratas. Una mujer, Nancy Pelosi, presidirá la Cámara de Representantes por primera vez en la historia.

Las leyes en proceso tendrán otro ritmo y necesariamente otros propósitos que las presentadas por la administración Bush o por el Partido Republicano. Se abren algunas sombras sobre tratados de libre comercio con algunos países de América Latina aún pendientes. Los demócratas son menos "integracionistas". Lo cual no quiere decir tampoco que le haya llegado la hora al ALBA, porque este no pasa de ser un ejercicio de ficción retórica. Es posible que los dos últimos años de George W. Bush sean los mejores de su paso por la Casa Blanca porque no gobernará solo, sino con un Congreso que buscará las mejores alternativas para la nación.






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