Oposición, desviación

Por Venezuela Real - 13 de Noviembre, 2006, 18:01, Categoría: Política Nacional

Massimo Desiato
El Nacional
12 de Noviembre de 2006

Para mi esposa: una alianza en el lenguaje

De imponerse un régimen totalitario en Venezuela, la oposición será de a poco barrida. Lo será todavía más si Rosales gana y no "cobra", o si los precios del petróleo siguen bajando. En ese caso, Chávez reprimirá, y para eso viene preparándose. Ilusos quienes creen en una simple implosión del régimen debido a la disminución de las entradas del crudo: la escasez de prebendas acentuará en las filas del gobierno la lucha, no contra Chávez, sino para estar cerca de él, pues, la oposición, con el precio del barril bajo, no puede ofrecer lo que estos revolucionarios desean: igualdad en la pobreza para los demás, privilegios para ellos.

Al perderse consenso, el nuevo orden que la revolución victoriosa ha de imponer, no por razones ético-políticas, como en otras revoluciones del pasado, sino para mantener la conservación en el poder de un grupo cada vez más reducido de "iluminados", será un orden férreo, donde oponerse significará desviarse.

Una desviación significa salirse del camino, una torcedura de la ideología dominante debida a una contaminación. El desviado es alguien que se infecta, un enfermo, un loco. Se registra un cambio de léxico importante: de un lenguaje político (gobierno-oposición) se llega a un lenguaje clínico (sanoenfermo). Esto pasa toda vez que la revolución, de fuerza antitética al sistema, llega al poder y se vuelve tética, posicionada mediante el nuevo orden.

Así no se podrá hablar de opiniones diversas, sino de disenso, un término que no ha recibido en la filosofía política un trato parecido al consenso. Filósofos y políticos se han afanado en buscar una "teoría del consenso", pero no han creado una "teoría del disenso". Una izquierda libertaria debe plantear esta cuestión: ¿cómo conceder espacios al disenso allí donde existe una ideología oficial? Porque el disenso, allí donde aparece un consenso real o artificial (Cuba es buen ejemplo de lo segundo) viene a ser lo que era la revolución antes de llegar al poder: crítica al sistema.

Esto no significa que el consenso deba desaparecer. Hay que articular una forma política que permita el desplegarse del consenso/disenso. Y el primer problema es no votar por dirigentes prepotentes, y que por ello ven en el disenso una enfermedad que debe ser curada en los gulags (preguntar a Stalin). Porque a partir del sistema de reclusión y de normalización, la política se convierte en un poderoso sedante o en un estimulante acorde a las conveniencias del supremo líder, algo que la izquierda libertaria considera una suprema estupidez (me refiero al líder).

En la verdadera política no hay líderes, sino palabras, discursos, opiniones, pasiones y sentimientos distintos. Ningún hombre, ningún partido pueden arrogarse el derecho de constituirse como norma divina, entre otras cosas, porque "Dios ha muerto", y bien lo demuestra la "guerra de religión" que comienza a sacudir y estremecer al mundo. Hay que meterse bien claro en la cabeza esto: no hay verdad absoluta en el campo de la política ni en el de las religiones (las grandes políticas). Por eso los monoteísmos son una blasfemia contra el auténtico sentimiento religioso, que busca, en el seno de una problemática fe, el encuentro con lo Otro de sí presente en los otros.

Así como hay monoteísmos en religión que hablan de herejes y desviaciones, los hay en política. La política y la religión se ponen como "normas positivas" en lugar de conceder al individuo, sostenido por una educación de calidad, una actividad subjetiva propia y autónoma en el seno de la libertad. La "positividad" de la religión y de la política conduce a la pasividad del ciudadano, que no significa no hacer nada, sino hacer lo que manda el supremo líder, Chávez o el Papa o todos los iluminados musulmanes.

Hasta Cristo dudó en el huerto y en la cruz. En cambio, en este mundo de supuestos "salvadores" de la patria, los anticristos proliferan. Anticristo es todo aquel que nunca fue rozado por una duda existencial, que impone "el orden nuevo" o "la palabra del evangelio" inclusive allí donde nadie le ha pedido que lo haga. Estos impositores/impostores nos llaman "desviados", "pervertidos". Bueno, sí lo admito: cuando me llaman así, me halagan. Mejor cumplido no se puede recibir. Porque mientras ellos esculpen palabras en la piedra, las mías y las de muchos otros, se ponen como las atentas pinceladas que dan vida a un lienzo sin marco.
 
Una desviación significa salirse del camino, una torcedura de la ideología dominante debida a una contaminación.

El desviado es alguien que se infecta, un enfermo, un loco








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