Ramírez, el diá después

Por Venezuela Real - 14 de Noviembre, 2006, 12:21, Categoría: Gente de Chávez

Asdrúbal Aguiar
El Universal
14 de Noviembre de 2006

El miedo paraliza y el pánico desespera, lo único que cambia y no se congela es la historia

Si Hugo Chávez es patológicamente miedoso, por asocial y al ser hijo de un medio donde rige la regla estricta de la sumisión, y si por ello mismo es incapaz de enfrentar a Manuel Rosales con igualdad de armas políticas y como lo hiciera Lula Da Silva ante su alter ego: de allí sus arrojos de golpista y valentón, el ministro Rafael Ramírez acusa pánico y las razones no le faltan.

Su reciente discurso a los trabajadores petroleros, para chantajearlos e intimidarlos desde su cúspide prestada y gritarles -procacidades mediante- que Pdvsa es roja, y para decirles que sufrirán, si acaso no acompañan al proceso, del mismo destino que los 19.500 trabajadores expulsados de la industria por "contrarrevolucionarios", es una pieza de mala oratoria hecha para el futuro; que no para la historia. Habrá que conservarse para su relectura serena y en el día después y para que las generaciones del porvenir entiendan las sinrazones de una hora nona vivida por la República -preñada de oportunidades como nunca antes las tuvo- pero dilapidada a manos del servilismo estéril que bien procrean las autocracias.

Lo jaquetón del ministro "rojo rojito", quien de paso se descubre a sí como el "libertador de Bolivia", sólo revela la desproporción de los desafueros y el anegamiento de corruptelas que han hecho nido en nuestro principal centro generador de divisas, la industria petrolera, por obra de una Revolución llamada bonita. Y Ramírez lo sabe y sabe, por lo mismo, que no tiene vuelta atrás.

Uso de recursos

El que se hayan usado los ingentes recursos llegados al país en un momento largo y favorable de los mercados, para disponerlos en tareas de militantismo extrañas al objeto de la industria; o en el financiamiento de zambas y carnestolendas o el pago de las publicidades más extravagantes e injustificadas, hechas para rendirle culto al autócrata; desde ya y a buen seguro que como hechos pesan sobre la inconciencia del ministro. Por ende, sabe que no hay regreso posible.

Que el petróleo se haya utilizado como un arma de manipulación internacional y de humillación política o en actos de manifiesta cuanto hostil intervención en los asuntos internos de terceros Estados, sin que implicase ello, cuando menos y sin mengua de la ilicitud e inmoralidad de tales medios, mejora alguna en el posicionamiento global y sostenido de Venezuela como exportador de crudo, no podrá justificarlo Ramírez. En su memoria han de estar registrados tales hechos. Por eso tiene pánico y sabe que no hay vuelta atrás.

Los abusos

Han sido tantos los abusos y atropellos económicos y morales sufridos por los viejos trabajadores petroleros y sus familias como también por distintos gobernantes tradicionalmente amigos de Venezuela y por otros tantos que ya no gobiernan pero que mucho recuerdan, que aquellos superan con creces los daños propios padecidos por una industria que fue emblema y orgullo nacional y que en su declinación ha terminado en las manos de las transnacionales que tanto escozor le causan a Chávez y a "su" mismo ministro.

No tiene vuelta atrás Ramírez. De allí que desborde, atropelle, vocifere, porque mal puede recoger el agua vertida. Le tiene pánico al día después.

Sus palabras, en suma, quedan grabadas como lápida que coronará luego, el día después, al ataúd de la Revolución. Y así será, en algún momento, quizá en diciembre o un día después.

El miedo

Ramírez sabe que el miedo paraliza y el pánico desespera, y que lo único que cambia y no se congela es la historia. Y de historias de autocracias y de derrumbes de autocracias saben y sabemos los venezolanos. Por ello el pánico del ministro.

El discurso de Ramírez, sin embargo, es apenas un introito. Su significación habrá de revisarse el día después, a la luz de otros tantos acontecimientos habidos durante la Revolución.

A todo evento consta, desde ahora, que se ufanó de haber compartido la autoría de la expulsión y lapidación moral de 19.500 venezolanos, perseguidos como reza nuestra legislación internacional sobre crímenes de lesa humanidad, como "grupo con identidad propia fundada en motivos políticos". Como le constará a los bolivianos, asimismo, que Ramírez aceptó ser el ejecutor material de un acto de agresión criminal e internacional contra su patria, propiciado por el gobierno del que hace parte y al que nadie acompañará, que duda cabe, más allá de su derrumbe.

¡Que de miserias y de malagradecidos, incluido Fidel, está llena la Humanidad, rumiarán el autócrata y su ex ministro, pero el día después!






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