¿Venezuela monocolor?

Por Venezuela Real - 14 de Noviembre, 2006, 12:42, Categoría: Política Nacional

Ovidio Pérez Morales
El Nacional
13 de Noviembre de 2006

Rojo es hoy, en Venezuela, símbolo cromático de un proyecto político para la nación. Identificado por una ideología de marcada orientación marxista y que integra, entre otros, elementos de gran ambigüedad (bolivarianismo) o de simplista y unilateral interpretación (imperialismo).

El rojo se erige, de parte oficial, como deside ratum para la estructuración del país, como horizonte para el futuro de Venezuela.

En la lógica correspondiente se habla de empresas y servicios estatales rojos, de ejército rojo, de educación roja. Los organismos gubernamentales se piensan y se actúan en rojo. Se tiende así a un panorama monocolor. Las herramientas culturales (medios de comunicación social, institutos educativos) tendrán que reproducir cerebros rojos. ¿Porvenir buscado? Una masa monolítica roja. Guiada por un líder supremo, que define dogmáticamente para todos los venezolanos, lo que es verdadero, bueno, recto y correcto. Metafísica y ética revolucionarias.

A estas alturas de la historia tal proyecto monocromo resulta simplemente anacrónico y monstruoso. Pareciera que los mejores logros de la Revolución Francesa y de las luchas de independencia, así como incontables mártires de la libertad y la justicia no se hubiesen encarnado en el tiempo.

Resulta triste y vergonzoso escuchar mensajes que elogian una nueva esclavitud, según la cual.

Sólo quienes aceptan la sujeción mental tienen derecho de comer, trabajar, pensar y comunicar.

Un pensamiento único, normado por quienes ejercen la representación --dominio-del Estado.

El ideal que se propone oficialmente para la gente, no es el pensar con la propia cabeza sino con la cabeza del "otro", que tiene el poder.

Ahora bien, si de ideal se habla, el futuro de la humanidad, debe que pensarse, en cambio, en términos de derechos humanos y, por tanto, de convivencia plural, de comunidad diferenciada, de sociedad multicolor; en la cual el rojo, como cualquier otro color, sea uno, pero no único.

A propósito de este tipo de reflexiones he repasado una y otra vez el documento del Concilio Plenario de Venezuela titulado La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad. En el documento se afirma: "El pensamiento social contemporáneo considera los derechos humanos, individuales y sociales, económicos, políticos y culturales, así como los derechos de las naciones, el eje central de toda actividad de defensa y promoción en el ámbito social y ético cultural" (Nº 108). Esos derechos constituyen, por tanto, referencia fundamental y concreta para una positiva transformación del país. Se cita a Juan Pablo II en discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la santa sede: "... la libertad, el respeto a la vida y de la dignidad de las personas que jamás son instrumento, la igualdad de trato, la conciencia profesional en el trabajo y la búsqueda solidaria del bien común, el espíritu de reconciliación, la apertura a los valores espirituales, son exigencias fundamentales de la vida armónica en sociedad, del progreso de los ciudadanos y de su civilización" (20 de octubre de 1978).

Los Estados no son dueños de los derechos humanos. Les compete, sí, protegerlos, garantizarlos. Pertenecen al ser humano por naturaleza.

Los órganos del Estado han de respetarlos y asegurar su vigencia. Pensemos, por ejemplo, en la educación, la cual ha de ser concebida y organizada en función y al servicio de una comunidad de seres libres, responsables, solidarios. Y no como máquina para reproducir los módulos mentales de un círculo gubernamental, que se considera dueño de las mentes de los ciudadanos y autoencargado de formar un "hombre nuevo", a imagen y semejanza de la estrechez ideológica de un "cogollo" oficial.

De la Iglesia, ante proyectos de este género, ante amenazas a derechos humanos básicos, no se puede esperar una actitud indiferente, neutra, pasiva.

Con respecto a proyectos político-ideológicos monocolores, valga este texto del referido Concilio: La Iglesia en Venezuela acoge de corazón la enseñanza bíblica y eclesial "sobre la grandeza, inviolabilidad y centralidad de los derechos de cada persona, desde el momento de su concepción hasta su muerte natural; asume, por lo tanto, la defensa de tales derechos, y se hace solidaria con quienes los promueven. En esta línea, los cristianos estamos llamados a adoptar permanentemente una actitud profética de denuncia contra los abusos y violaciones de esos derechos, dando así testimonio concreto del Evangelio de Jesucristo en la realidad histórico-cultural actual" (Nº 113).





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