Con el piloto automático

Por Venezuela Real - 20 de Noviembre, 2006, 14:56, Categoría: Electorales

Carlos Blanco
 EL UNIVERSAL
19 de Noviembre de 2006

El país anda en territorio nublado; no es sencillo imaginar el futuro; ni siquiera el que aguarda en un par de semanas más. Sólo existe la certeza de que todo cambiará para todos. Si Chávez consigue quedarse, luego de una breve luna de miel decembrina, con llamados a la unidad y crucifijo en mano, vendrá el enero de los rigores bolivarianos; la extirpación de la disidencia y el acomodo de los que quieran o puedan. Si Rosales vence y el fraude logra derrotarse, será un breve tiempo de euforias, para comenzar el camino de estabilización de un avión con exceso de velocidad, palo abajo, en medio de la tormenta, y con unos bolivarianos en la cabina jugando tiro al blanco; también algunos se acomodarán. Es difícil predecir la marcha de los acontecimientos, aunque hay certezas sobre algunos hechos.

De las Certezas. Sin duda, Chávez ha bajado y Rosales ha subido en la voluntad electoral. Las encuestas que toman en cuenta el factor miedo revelan un empate entre los dos candidatos. El reciente trabajo de la firma Penn & Shoen, así lo confirma, del mismo modo que lo hace el Estudio "Encuesta Sin Miedo", del Observatorio Hannah Arendt. Además, ese termómetro que es la calle dice y confirma el entusiasmo popular con Rosales, así como evidencia la anemia revolucionaria que sufre el frente gubernamental. En contraposición, voceros de peculiares encuestadoras no sólo afirman que Chávez triunfará, sino que se han convertido en activistas políticos para intentar desmoralizar a los opositores; se han transmutado en propagandistas de la -a su juicio- inexorable victoria oficial, ayudando, con entusiasmo, al desarrollo de la estrategia chavista. Encuestadores militantes de la causa oficial.

También se sabe que hay un fraude continuado, como lo hubo para el referéndum revocatorio. Sin embargo, la postura a la que la oposición se ha jugado es la de ir a las elecciones, aun en estas condiciones. El supuesto es que la unidad, un candidato con coraje, el desgaste oficial y la posible actitud institucional de la FAN, podrían permitir superar la diferencia que la trampa establece desde la partida. La doble tarea está planteada: derrotar a Chávez; y, la más difícil, derrotar el fraude.

El Grupo de Investigación Universitaria que dirige el profesor Genaro Mosquera, establece en su más reciente informe lo siguiente:

No ha dado explicación suficiente y creíble sobre el crecimiento del registro electoral de un 34% en relación al año 2003.

No ha explicado ni informado, a pesar de los múltiples requerimientos, dónde van a votar el millón trescientos mil personas que aparecen sin dirección.

No han dado explicación sobre aquellas personas que tiene dos o más cédulas con seriales diferentes.

No han dado explicación cómo nacionalizaron a miles de extranjeros sin soporte legal.

No se ha dado explicación porque en más de un tercio de los municipios del país hay mas votantes que población y cómo explicar la migración masiva de votantes de un municipio a otro".

De allí que no baste derrotar a Chávez; sino que, más allá, hay que impedir que la voluntad fraudulenta se consume. Con las actas en la mano la dirección opositora aspira a lograrlo.

De la Estrategia Oficial. Con lo que no contaba el régimen era con la posibilidad de la unidad y del consiguiente crecimiento de Rosales. La trampa montada era, apenas, una inevitable póliza de seguros, que sólo complementaba una victoria garantizada por efecto de las bondades bolivarianas. Como ya no tienen convicción en la victoria con votos contantes y sonantes, ahora el Plan CH, el de la trampa, se ha puesto en marcha, para lo cual tienen los dispositivos montados; lo cual no quiere decir que vayan a funcionar inexorablemente.

Para hacer creíble la fullería oficial, el Gobierno ha desplegado una estrategia que consiste en intentar inmovilizar a la oposición, acusándola de golpista. Si la oposición llama a los ciudadanos a permanecer en los centros de votación para impedir que alguien intente "jugar rojo", como ha prometido el Presidente; eso es golpismo. Si los ciudadanos deciden participar, festivamente, en las calles para que la victoria en las urnas no se quede sola; eso es desestabilización. Si los ciudadanos sienten que deben estar ojo avizor para que al Comandante y su grupo no se les ocurra una trastada, y siendo que no hay toque de queda, desoyen la orden del ministro del Interior de quedarse en sus casas; eso es subversión. Si, por ejemplo, Rosales gana y los jefes militares lo reconocen; eso es rebelión. Todos los escenarios oficiales son de victoria, por las buenas o por las malas.

Mientras que para la oposición, con altas posibilidades de ganar, no descarta perder; siempre que sea con las actas en la mano. En caso de perder, se podría argumentar que es por la trampa continuada, instalada desde hace rato; sin embargo, habiendo aceptado las reglas del juego, no tendría demasiada fuerza para el reclamo si no contara con la evidencia concreta de la mayoría de votos.

La estrategia gubernamental es forzar a la oposición a aceptar, aun antes de las elecciones, que perdió; eso sí, ésta debe hacerlo con una sonrisa en los labios, porque cualquier otro resultado o actitud, es golpismo. Acusación que sería risueña si no fuera porque quienes la profieren cargan en sus espaldas varias centenas de muertos desde el 4 de febrero de 1992 en adelante.

¿Admitirá perder? En un demócrata eso está fuera de discusión. Siempre aceptará. En un autócrata eso también está fuera de discusión: nunca aceptará, a menos que lo obliguen. En este caso, depende de las condiciones institucionales que rodeen la situación. Cuando se hizo el referéndum en Chile, Pinochet quiso someter a la junta de generales un decreto desconociendo la victoria opositora; sin embargo, cuando se iba a realizar la reunión, a la entrada de la oficina presidencial, el general Fernando Matthei, comandante de la Fuerza Aérea, admitió ante los periodistas que la oposición había ganado. Con ese punto de vista dándole la vuelta al mundo, el dictador se vio inmovilizado. La división militar, en ese caso, garantizó el respeto a la voluntad popular.

Cero Aventuras. Frente a las injusticias siempre hay razones para la rebelión; sin embargo, no resulta ocioso insistir en que ninguna acción aislada, producto del descontento, conduce a resultados provechosos. Debe recordarse que los que aspiran a conservar el poder a la brava, son capaces de cualquier acción, por criminal que ésta sea. Basta tener a la vista, cuando se apoderaron del revocatorio, cómo un amago de protesta en la Plaza Altamira fue reprimido a balazo limpio; allí cayó asesinada la ciudadana Maritza Ron y herido el dirigente opositor Ernesto Alvarenga. Los autores fueron unos revolucionarios que andan por allí, con la rodilla sucia de tanto tenerla en tierra.

De manera que la mejor conducta es la acción unitaria, cívica, organizada, y bajo la dirección del comando democrático dirigido por Manuel Rosales.






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