“EL MIEDO ESTA AFECTANDO REALIDAD DE LAS ENCUESTAS”

Por Venezuela Real - 20 de Noviembre, 2006, 15:47, Categoría: Electorales

Orlando Galofré Amador
2001
19 de Noviembre de 2006

• Sostiene el sicólogo y profesor universitario Ángel Oropeza
• ¿Qué se esconden realmente detrás de las encuestas?

A escasos días de las elecciones presidenciales 2006, la proliferación de las mismas ha desatado una verdadera guerra en la opinión pública.

Para el sicólogo y experto catedrático universitario de la materia Angel Oropeza, si se analizan en conjunto, es posible encontrar un rango entre ellas, que va desde las que ubican a Chávez cómodamente por encima, en ocasiones con 20 o más puntos porcentuales (Evans-McDonough, Zogby, Universidad Complutense, etc.), hasta las que indican un empate técnico entre ambos candidatos o incluso a Rosales por encima (Penn-Shoen & Berland, Promoting, Keller, etc.).

—¿Que diferencia pudiera existir en el fondo entre ellas?
—Una y fundamental. Tiene que ver con la metodología de recolección de datos. ¿Por qué? Porque en aquellas encuestas en las que la persona debe emitir su opinión abiertamente frente el encuestador, Chávez aparece con una ventaja importante. Sin embargo, en aquellas otras en las que se garantiza la confidencialidad y el anonimato del encuestado, las cifras se acercan y cruzan. Este dato apunta de manera irrefutable hacia la presencia de un factor de temor que está distorsionando los resultados. Es necesario recordar que las encuestas son instrumentos de sondeo de opinión pública en condiciones de normalidad democrática.

Estima, por lo demás, que ante condiciones de anormalidad o claro déficit democrático como los que prevalecen hoy en Venezuela, las encuestas están obligadas a modificar su metodología de recolección de datos para intentar aislar o controlar variables que, como el miedo, alteran por completo la veracidad de los resultados.

—Si las encuestas que pretenden medir opinión pública “real” en Venezuela, lo hacen sin tomar en cuenta un hecho sociológico de tal contundencia como el miedo, al punto de ser este nada más y nada menos que el rasgo que mejor define la estrategia de relación entre el Estado y la población bajo el régimen chavecista, y siguen ingenua o cómodamente  ateniéndose a la modalidad clásica de las preguntas “cara a cara”, sólo estarán registrando una distorsión de la verdadera realidad política.

Sostiene además, que como un intento de probar una metodología diferente de sondeo político, el Observatorio “Hanna Arendt”, conformado por académicos de la Universidad Simón Bolívar, Universidad Central de Venezuela y Universidad Católica Andrés Bello, realizó un experimento electoral, consistente en un simulacro de elecciones en 10 ciudades del país, en el cual se garantizaba de manera total el secreto del voto y el anonimato del votante. Los resultados arrojan un empate técnico entre los candidatos Chávez (51%) y Rosales (49%). Este dato metodológicamente fuerte, aunado a que algunas de las encuestas que favorecen al gobierno han resultado ser falsas (como el caso del estudio de la Universidad Complutense de Madrid, negado por esa propia institución),  mientras que la de probablemente mayor prestigio internacional entre todas (Penn-Shoen & Berland) también apunta a un empate, permite predecir —sólo sobre la base de los estudios de opinión pública— que esta será posiblemente la elección más cerrada y reñida de la historia reciente venezolana. Adicionalmente, al analizar el comportamiento de otras variables al lado de las encuestas metodológicamente correctas, las evidencias tienden a confirmar las proyecciones de una muy cerrada elección. Así, por ejemplo, el gobierno ha tenido que modificar varias veces el curso y la estrategia directriz de su campaña, cambiar a los responsables de su comando, aumentar en más de 600% el gasto electoral, además de confrontar evidentes problemas para la movilización masiva de seguidores, y mucho menos con la frecuencia y tamaño de las realizadas por el  candidato Rosales. Ello señala, siendo conservadores, la presencia de indicadores claros de preocupación en el sector oficial por el desarrollo de los acontecimientos. Atrás parecen haberse quedado los días de triunfal tranquilidad gobiernista en las que se anunciaban “10 millones por el buche”. Una estruendosa ola de rebelión silenciosa parece querer estallar el 3 de diciembre. Lo que viene luce como para contarlo algún día a los nietos.

ATRÁS QUEDARON DÍAS DE TRIUNFALISMO PARA IMPONER LA DISOCIACIÓN PSICÓTICA

Según su apreciación analítica, una de las características más resaltantes y definitorias de la administración chavecista, es la inteligente y exitosa utilización del conocido proceso de guerra psicológica de confusión-decepción-frustración-adaptación, que persigue desarmar psicológicamente a la población, vía generación de incertidumbre y temor, y estimulando conductas generalizadas de apatía y resignación.

Esto —añade— ocurre porque ninguna dictadura —sea abierta o encubierta— puede establecerse de manera permanente y viable en una nación si no logra conformar entre los ciudadanos un piso actitudinal-psicológico de aceptación pasiva, resignación o apatía, sobre el cual levantar su modelo de dominación excluyente.

Refiere que el sueño del autoritarismo es un pueblo abúlico, desmotivado y desganado, y el mejor estímulo para lograr eso es crear incertidumbre y miedo.

—El ataque a manifestaciones cívicas de protesta, la proliferación de grabaciones telefónicas ilegales, el despido de trabajadores por razones de no alineamiento incondicional con el régimen, la negación de los derechos fundamentales y de acceso a servicios básicos por razones de militancia política, la exigencia de sumisión incondicional al caudillo como requisito para ser considerado “ciudadano”, y las amenazas de que el aparato de represión del Estado es capaz de averiguar las preferencias electorales de cualquiera, son acciones y estrategias que pretenden “inyectar” miedo en la población, y sugerir un “control social” que no se tiene pero que se quiere inducir, a través de la auto-inhibición y resignación de la colectividad. Esta estrategia es reforzada desde el punto de vista discursivo, cuando se ofrece, en un claro ejemplo de “disociación psicótica”,imponer por la fuerza de las armas y de la violencia un extraño mensaje de amor y paz, o cuando se proclama que la del opresor es una gestión “pacífica pero armada”, dispuesta a conquistar con sangre y “a ruido de metralla”, espacios para la ternura y el humanismo.  De esta forma, la generación de incertidumbre, dentro de una estrategia de autoritarismo de tutelaje militar con fachada constitucional, junto con la mentira y el miedo, se convierten en auténticas “políticas de Estado”, y en los torpedos culturales con los que se persigue minar la resistencia psicológica de las personas, para provocar una inmensa ilusión de control social a través de la propia inhibición y desmovilización populares.

Refiere entonces que la gente en Venezuela —la cual considera como mucho más sabia que los asesores de inteligencia cubanos del gobierno— sabe perfectamente (porque está cansada de sufrirlo), cuáles son las consecuencias de expresar con libertad su opinión.  Saben que mantener a sus familias impone un silencio falso, y sabe en carne propia el costo de que el gobierno o sus aliados sepan lo que realmente piensan o aspiran, razones por las que sostiene que este dato es de tal contundencia, que no puede ignorarse y pretender mediciones de la opinión pública como si simplemente esta realidad no existiese.

—Este es el dato crucial que permite descubrir lo que esta detrás de algunos “hallazgos” opináticos tan de moda en estos días.






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