Esto queremos

Por Venezuela Real - 21 de Noviembre, 2006, 10:46, Categoría: Política Nacional

Rafael Arráiz Lucca
El Nacional
20 de Noviembre de 2006


Tuve el impulso inicial detitular este artículo en primera persona, "Esto quiero", pero dos razones acudieron en mi auxilio: el uso del singular puede resultar pedante para algunos y, estoy seguro que muchos suscribirían lo que relacionaré de inmediato, de modo que opté por este generoso plural.

Queremos vivir en un país en el que la comunidad política respire a sus anchas. Esto es, que la pluralidad encuentre la manera de expresarse libremente y que ello no traiga consigo persecuciones, listas de proscritos, señalamientos, insultos.

Esa comunidad política pacífica pasa por el reconocimiento del otro como adversario, con el que se puede convivir y dialogar, y no como enemigo a exterminar. Será natural entonces que en esta comunidad adulta, que ha superado el infantilismo del fanático, y el mito atávico de la revolución, la detentación del poder político se alterne sin traumas. Queremos vivir en un país en donde el equilibrio democrático se restituya, donde el Poder Legislativo sea un reflejo de la composición política nacional y no una fracción de un sector que pretende imponerle al resto un proyecto, a la fuerza.

Queremos vivir en una República en la que la Educación sea la principal tarea nacional. Una educación orientada hacia el fortalecimiento de los máximos valores de la civilización occidental: la libertad, la igualdad ante la ley, y la justicia. Esa educación que queremos estará guiada por el norte del respeto al individuo: núcleo sagrado de la vida social, y destinada a la constitución de destrezas personales para el desempeño laboral, en un marco ético y de solidaridad responsable.

Queremos vivir en una nación en donde el Gobierno, de acuerdo con el Principio de la Separación de los Poderes, respete la autonomía del Poder Judicial y haga inadmisible la ingerencia de cualquier otro poder en los asuntos propios de la administración de justicia. Si el Poder Legislativo es príncipe por ser continente de la soberanía popular, el Judicial es fundamental, porque es la piedra angular de la seguridad de las personas naturales y jurídicas, y sin su pureza es imposible el funcionamiento eficiente del tejido social.

Queremos vivir en una nación que termine de encarar el gran desafío económico que se le planteó a partir de 1922, cuando se supo que el petróleo signaría toda su vida social. La deuda sigue allí pendiente: cada día dependemos más del oro negro, y lejos de haber sido un instrumento para el crecimiento diversificado de nuestra economía, dependemos tanto de él que no exageramos si afirmamos que somos sus esclavos, con el agravante de que estando su administración en manos del Gobierno de turno, este lo ha manejado como un asunto propio y no como uno de Estado. El Gobierno actual ha profundizado la dependencia y ha elevado al petróleo a suerte de mito nacional.

Queremos vivir en un país donde la Constitución nacional y las leyes le asignen a las Fuerzas Armadas un papel profesional prístino, y que estas no sean utilizadas ventajosamente desde el Poder Ejecutivo para fines políticos, creando unas diferencias groseras, e injustas, entre hombres desarmados que hacen política y otros, que tienen el monopolio de las armas, y también participan en ella. El perfil profesional de los militares no puede ser irrespetado por la voluntad de nadie, y sus tareas deben estar claramente establecidas en las leyes.

Queremos vivir en una República que se dé un conjunto racional de leyes, y que se disponga a respetarlas. Es inaceptable que el irrespeto a las leyes provenga precisamente de quienes deberían ser sus principales guardianes. Una de las más grandes conquistas de los débiles en la sociedad contemporánea ha sido el de vivir en una comunidad donde las leyes están por encima de la voluntad y el poder circunstancial de las personas. Son los sectores con menos recursos los primeros beneficiarios de una comunidad de respeto al sistema legal.

Queremos vivir en un país en el que se avance aún más hacia la descentralización política y administrativa. Viejo sueño del venezolano desde los tiempos en que creamos la República de Venezuela, hace apenas dos siglos. Este sueño siempre ha estado ligado al anhelo de todas las regiones de poder desarrollarse mediante el trabajo, la libertad de empresa, el estímulo a la imaginación, y el respaldo para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, sin interferencias de un poder central que se quiere omnímodo.

Queremos vivir en una República en donde el Estado no aplaste a la nación, y termine por invadir todas las esferas, sumergiendo al individuo en una trama inútil que impida su libre crecimiento.

Queremos un Estado fuerte en sus funciones principales, y amistoso y colaborador en otras que son propias de los particulares en las sociedades abiertas, en las que la riqueza la genera la Nación y el Estado abunda en redistribución tributaria y servicios.

Estos anhelos son los fundamentales. En estas elecciones ustedes saben quien comulga con ellos: Manuel Rosales.





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