El resentimiento

Por Venezuela Real - 27 de Noviembre, 2006, 10:50, Categoría: Cultura e Ideas

Rafael Arráiz Lucca
El Nacional
27 de Noviembre de 2006 

Cualquier venezolano que haya padecido a su país en los últimos ocho años, alguna vez le ha llegado a los labios este vocablo para explicarse lo que anida en la psique de alguien. He buscado en muchas páginas, he indagado con psicoanalistas amigos, y psicólogos sociales, cuantas veces he podido, hasta que di con un estupendo trabajo sobre este fenómeno. El breve ensayo de Max Scheler "Sobre el resentimiento", publicado por la Fundación Manuel García-Pelayo en Caracas, 2004, nos entrega una verdadera joya de penetración sobre el asunto. Sin embargo, no me refiero al ensayo de Scheler, sino al prólogo del propio maestro García Pelayo, una autoridad en Derecho Constitucional e Historia Política que vivió y urdió buena parte de su obra entre nosotros, en la Universidad Central de Venezuela, entre 1958 y 1979. Este prólogo, "Notas sobre el resentimiento en su dimensión psicopolítica", no dudo en calificarlo de brevísima joya esclarecedora de la importancia que tiene una herida psicológica, al articularse políticamente a través de una de sus víctimas.

Se refiere don Manuel a que el resentimiento es políticamente significativo cuando lo padece alguien que detenta el poder. Y digo "padece" porque el resentido es una víctima de sí mismo que equivocadamente transforma su herida en una afrenta para los demás. Al explicar la naturaleza del "resentimiento" García Pelayo afirma: "Consiste en un odio impotente hacia aquello que se admira o se estima, pero que no se puede ser o no se puede poseer. Se estiman ciertos valores, pero se odia a quienes los poseen o a los valores mismos, en razón de que no se tienen. En su forma extrema, el resentimiento transforma el odio en la negación de los valores vigentes y en la postulación de un sistema de valores contrarios, es decir, en una inversión de valores".

Como mínima apostilla podría señalarse que la envidia, acaso la más común y primaria de las emociones, es el punto de partida del resentimiento. También podría añadirse que el quid no es el resentimiento como tal sino la manera de procesarlo. En otras palabras, cómo transformo una emoción negativa en otra positiva y me afilio a una energía creadora (erótica) y no negadora (tanática). No se trata de negar el sentimiento de envidia que se robustece hacia el resentimiento en su paso siguiente, sino atajar la pulsión en el momento y trocarlo en beneficio, en flor.

Cuando el maestro García Pelayo trabaja las etapas del resentimiento nos regala observaciones de gran lucidez, dice: "La actitud de la personalidad resentida es siempre negativa para todo lo que no sea como ella misma, o forme parte de ella misma". Y aquí la simbiosis entre el egocentrismo y el resentimiento es clara, y lo es en la medida en que el resentido con poder, al actuar en la esfera política, va imantando el ambiente con sus propios prejuicios, y va estableciendo un mundo de parcelas, de incluidos y excluidos, de acuerdo con la afiliación a su visión de las cosas. En este sentido el resentido es infantil: no ha superado una emoción primaria, no ha trabajado su psique adultamente, y reacciona de manera elemental. Esto, puede decirse, es muy común, y en la sociedad se convive con muchas almas así, pero recordemos que desde el principio hemos estado hablando de un resentido que detenta el poder, cualquiera que sea, no de un resentido que se pudre en la esfera doméstica.

Vuelvo a las etapas propuestas en el prólogo, dice don Manuel: "Otro grado, más adelantado en el proceso del resentimiento, es la perfidia, en la que el impulso hostil y negativo se ha hecho más hondo y está dispuesto a saltar en gesto incontrolado. Sigue, en fin, la maldad que trata de provocar nuevas ocasiones para alegrarse del perjuicio ajeno". Y es cierto, la perfidia se cuece en el horno de la traición y la deslealtad, que son daños graves, pero menores en comparación con la maldad, ya que al proferirla se busca perjudicar expresamente, y de la peor manera posible al otro.

Esta última está vinculada con una de las más bajas pasiones del hombre: la venganza, que no hay manera de olvidar que será obra segura del resentido, en cuanto tenga oportunidad de perpetrarla.

La más elemental prudencia recomienda que una comunidad, del tamaño y naturaleza que sea, se cuide mucho de designar a un resentido en cargos de significación. Si se trata de una comunidad nacional, es todavía más grave incurrir en este desafuero, ya que las consecuencias son gravísimas.

Este tipo de personalidades en función política contaminan la esfera social de sus nudos personales, ocasionándole a la sociedad perjuicios mayores que los que padecería con un hombre menos intervenido por emociones primarias. Los antiguos sabían de estos temas mucho, nosotros en la suerte de adolescencia que padecemos, estamos todavía por comprenderlos y metabolizarlos.







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