Libertad imperfecta o dictadura perfecta

Por Venezuela Real - 27 de Noviembre, 2006, 10:48, Categoría: Electorales

Antonio Pasquali
El Nacional
26 de Noviembre de 2006

En tiempos en que George W.Bush visita oficialmente Vietnam y Ferrari inaugura su séptima tienda en China, un exaltado presidente latinoamericano busca eternizarse en el poder (y suspende relaciones con México, Perú, Israel y la CAN mientras estrecha lazos con países-cadáver o apestados como Cuba, Zimbabwe, Corea del Norte o Irán), para mejor instaurar en su nación el socialismo; no el moderno tolerante y progresista que muchos desearíamos, sino aquel otro equivocado y represivo que desde 1917 a hoy ha fracasado cuarenta y seis veces en otros tantos países. Semejante imbecilidad histórica, en la que perderíamos preciosos decenios de progreso, sería nuestra grotesca y terrible realidad si Chávez llegare a ser reelegido el 3 de diciembre.

La de nuestro coronel es una "revolución" despótico-militarista perfectamente anunciada y en avanzada construcción ante un país-avestruz que finge ignorarlo, en busca de un último aval electoral que la legitime urbi et orbi. Violando a diario la Constitución y las leyes que él mismo se dio, el presidente Chávez, su servil soviet capitalino y los poderes petroleros, económicos, militares, judiciales, cultural-educativos y electorales por él hegemónicamente controlados, han venido predisponiendo ladrillo tras ladrillo la fábrica de aquel colectivismo ya rechazado en todas partes, que una nueva y ya redactada Constitución oficializaría tras la reelección, eternizando esas penurias generalizadas que permiten al aparatchik medrar en el poder.

Repasar los videos oficiales en que Chávez explica a súbditos embelesados lo que sería la nueva economía --con sus kolcoz, trueques, cooperativas y token money-es revivir las más alucinantes páginas de aquella Revolución del Fin del Mundo en la que Vargas Llosa profetizó de alguna manera la delirante aventura de nuestro 26º presidente con botas.

Chávez está en Miraflores e hizo lo que hizo porque un alza descomunal en los precios petroleros lo convirtió en el "revolucionario" más rico de la historia de la humanidad, un caso realmente sin antecedentes. Lo preponderante de su poder está en un erario público de cuyo colosal y discrecional despilfarro tendrá que responder: centenares de millardos de dólares evaporados en gastos inorgánicos e improvisados, caridad corruptora, armamentismo, misiones al voleo, delirios de grandeza internacional y clientelismo, de los que poco o nada quedará.

La autocracia chavista será recordada como la más clientelar y compra-conciencias de la historia del país, algo que deja en pañales los viejos cuentos patrios de los "maletines". Los ecologistas nacionales ya no pueden escandalizarse por un Japón que viene al Caribe a comprar votos para proseguir en su caza a las ballenas, desde que su Presidente ha dado la vuelta al mundo con fajos de dólares comprando votos para su fallido intento del Consejo de Seguridad, mientras regaba millardos en América Latina para adquirir un evanescente e improbable liderazgo. Compra masiva de conciencias y votos, sometimientos a punta de dinero, amenazas, chantajes y presiones; jamás hubo en el país un candidato con tantos votos adquiridos billete sobre billete. Renegando de la mínima pureza moral del revolucionario que se respete, Chávez busca entronizarse de por vida aplicando masivamente los más inmorales y abyectos métodos de las democracias corruptas que dice combatir.

A una semana de la votación, el pronóstico es de victoria o derrota por un puñado de votos, tal como sucedió en Estados Unidos, Alemania, Italia y México. Conforme a los más confiables criterios, el destino del país para los próximos decenios, que se sellará la semana que viene, está en manos de un relevante porcentaje de votantes aún indecisos, compuesto de ex chavistas dispuestos al cambio, decepcionados de 2002, y --difícil de creer-una juventud morosa al compromiso político.

Los ex chavistas que votarán por Rosales le prestarán a la parte noble de su causa el mejor de los favores: que ella sobreviva cual oposición aguerrida, deslastrada de personalismos y militarismos. Ellos demostrarán que hay una Venezuela civilista que no se deja comprar por un puñado de bolívares, lo que elevará la autoestima general y fomentará la reconciliación.

Los decepcionados de abril 2002, esa clase media honesta y democrática que marchó, sin nada saber del carmonazo, contra un autócrata que la insultaba a diario, tendrán que ir masivamente a las urnas a cobrarse el desquite y liquidar de cuajo un proyecto social-colectivista y cubanizante que liquidaría generaciones de esforzados progresos familiares y personales.

Venezuela necesita que su juventud --extrañamente indecisa, dicen las encuestadoras, por calcular el daño que pudiera causarle el votar-tenga un sobresalto de valentía, generosidad y amor propio, acudiendo masivamente a las urnas.

Una juventud nacional que renuncia por temor al autócrata a forjar su propio futuro es hipótesis demasiado agorera.

Al sacar a Chávez de Miraflores no alcanzaremos automáticamente el paraíso político. Sólo volveremos a una libertad imperfecta y perfectible; pero le habremos evitado al país el desastre de una perfecta dictadura.





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