La fiesta del millón

Por Venezuela Real - 30 de Noviembre, 2006, 16:31, Categoría: Gente de Chávez

LAURA WEFFER CIFUENTES
El Nacional
29 de Noviembre de 2006

Un largo toldo blanco, que no rojo, cubría el trayecto desde el valet parking de la quinta La Esmeralda hasta la propia escalinata de entrada. Allí, una mesa larga servía de control para cotejar si efectivamente quienes traían su invitación (cada una con un costo de un millón de bolívares) constaba en una lista.

Como comité de bienvenida se encontraban los diputados Juan Carlos Dugarte, Desirée Santos (ataviada con un taller rojo fuego) y posteriormente se le incorporó al grupo, el gobernador de Mérida, Florencio Porras.

Mucha confianza y mucho amor era la consigna, pero había un detector de metales al que tenían que someterse todos los invitados al llegar.

Ya en el recinto había una monumental pancarta con la efigie de Hugo Chávez y una inscripción en la que se leía: "Vayamos hacia el socialismo del siglo XXI". Como ambiente musical, todo el repertorio de Alí Primera acompasaba los pasos de los mesoneros que ofrecían sin cesar salmón, filet mignon y whisky Etiqueta Negra.

En una tarima justo enfrente del afiche se situó la directiva del partido. Allí estaba la diputada Aurora Morales con un sarí rojo, bordado. El alcalde Freddy Bernal hizo un toque técnico abultando así un poco la muy escasa concurrencia. Más de la mitad de los puestos estaban vacíos, aunque se supone que las 2.000 entradas fueron adquiridas. Del resto, algunos empresarios, constructores y publicistas.

Cerca de las 10:30 pm se montó en escena el grupo Kalúa.

Tímidos al principio, unos pocos salieron a bailar, luego se les sumaron otros, pero nunca fueron suficientes como para que la pista no pareciera una sabana abandonada. También intervino la orquesta Sabor Gaitero, aunque sin demasiada convocatoria.

Excepto por el ex ministro, Eliécer Otaiza, quien se convirtió en el bailarín más destacado y persistente de toda la noche.

Transcurrido un rato volvió a montarse Kalúa y les ofreció una "salsa roja, rojita". Quizás ex profeso, quizás no, las canciones escogidas resultaron ser poco apropiadas para el momento. De Gilberto Santa Rosa, "Todo lo que sube tiene que caer"; del Gran Combo, "Gracias a Dios me liberé"; y de Olga Tañón, "Malo".

A las 12 pm sirvieron la comida. Hallaca, de primer plato; pernil de segundo.

¿El postre? Fue quesillo y no dulce de lechosa. Y es que la revolución también tiene su cábala.

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