Las nuevas cifras de la pobreza

Por Venezuela Real - 30 de Noviembre, 2006, 16:36, Categoría: Vzla en Números

Luis Pedro España N
El Nacional
25 de Noviembre de 2006

Como parte de la cuota propagandística que cada oficina gubernamental seguramente tiene asignada para traducir en hechos los logros gubernamentales, el INE ha vuelto a la carga mostrando las cifras de pobreza para el primer semestre de 2006, según la metodología de la línea de pobreza, así como una estimación (normalmente las estadísticas nacionales no hacen estimaciones) donde nuevamente se nos promete que Venezuela cumplirá, si ya no cumplió, la meta del milenio de reducir a la mitad los hogares en situación de pobreza extrema. El año pasado hizo lo mismo.

El juego interesado con las cifras no es nuevo para este gobierno. Al igual que como se declaró que Venezuela estaba libre de analfabetismo, aún cuando las propias cifras oficiales dicen lo contrario, nuevamente se trata de presentar como un logro estructural lo que no es sino una consecuencia temporal y reducida a una sola dimensión de la pobreza, es decir, el ingreso. Obviamente, hoy los hogares disponen de más ingresos con los cuales aumentar su consumo y en consecuencia se ha reducido la pobreza de ingreso. Pero, ¿ello es cómo para celebrar que Venezuela es uno de los primeros países del continente en haber logrado la primera de las metas propuestas por el PNUD para 2015? Creemos que no, y veamos por qué.

Cuando se presentan cifras de pobreza en los medios de comunicación social normalmente se hace sobre la base de estadísticas de ingresos comparada contra una canasta de ingresos. Utilizando como fuente de información las encuestas semestrales de hogares por muestreo se contabilizan como pobres los hogares que están por debajo de un monto en bolívares constituido por una canasta de consumo que se denomina línea de pobreza.

Dado que carecemos de cifras oficiales consensuadas, aquí cada quien tiene su cifra, el INE tiene las suyas y ella se diferencia de las calculadas por otros centros. Las diferencias tienen que ver con la conceptualización de la canasta a partir de la cual se considera que nivel de ingreso corresponde a la pobreza y cual no. En segundo lugar el indicador varía si la contabilización se hace por hogares o por personas. Dado que los hogares en situación de pobreza suelen ser más numerosos que los hogares no pobres, el porcentaje de pobreza es mayor cuando se trata de personas que de hogares. Esa diferencia es aproximadamente de 7 puntos porcentuales por las razones demográficas explicadas, así cuando el gobierno presenta las cifras de pobreza casi siempre las destaca "por hogares" (lo cual es válido).

Por ejemplo, la pobreza de 37,9% de hogares (segundo semestre, 2005), llega hasta 43,7% si contabilizamos a las personas, lo que también es correcto. De esta forma, puede "jugarse" con el indicador y presentar la cifra de pobreza "que más guste".

Medir la pobreza desde el punto de vista del ingreso tiene la ventaja de calibrar la variación coyuntural de la pobreza, eso explica las variaciones en tan corto plazo. Por otro lado, ésta es la medición que más se aproxima a la dimensión económica de la pobreza y, evidentemente, aunque es un reduccionismo economicista o es un método neoliberal, ayuda a analizar una parte del problema de la pobreza.

Lógicamente, el indicador nada dice respecto a la forma cómo llegan los ingresos al hogar. Ellos podrían ser, además de lo que se percibe por el trabajo productivo de sus miembros, un regalo del vecino, una herencia familiar o un subsidio gubernamental. En otras palabras, el indicador no sólo mide una dimensión del problema, sino que además nada nos dice sobre el origen y la sostenibilidad de los medios con los cuales se satisfacen esas necesidades las familias que ahora no serían pobres.

Es por ello que además de los indicadores de pobreza basados en el ingreso se han creado otros, de tipo compuesto, donde a través de promedios de indicadores multidimensionales se pretende abordar los distintos ámbitos de la pobreza.

Los niveles educativos, la morbimortalidad, las condiciones ocupacionales, la vivienda y sus servicios, así como los activos de las familias son algunos de los indicadores que forman parte del promedio, además del propio ingreso.

Si consideramos estas cifras la situación estructural venezolana no ha cambiado substancialmente.

Allí permanecen inalterados el déficit de atención social, la informalidad y el subempleo, es decir, las bases estructurales desde las cuales la pobreza se vence. Llevamos tres años en el más espectacular boom de ingresos petroleros, pero fuera de ello, ni la política económica ni la política social ha transformado las bases productivas de las familias. Por ello seguimos bajo la amenaza de la volatilidad de los precios del petróleo y sin haber creado las capacidades que le dan autonomía del pueblo e independencia al país.

Mientras no resolvamos las causas de la pobreza, semejante logro anunciado por el Gobierno no será ni sustentable, ni verdadero. A lo más, será una ilusión y volverá a ser cierto, hoy como ayer, que la pobreza en Venezuela es atroz e injustificable en el sexto país exportador de petróleo del mundo.

 





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