Chávez prepara su reelección indefinida

Por Venezuela Real - 6 de Diciembre, 2006, 8:20, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

RAMY WURGAFT
El Mundo - España
05 de Diciembre de 2006


CARACAS.- Imágenes e invocaciones que parecen arrancadas de los textos de Historia: el caudillo asoma al balcón y, en medio de la algarabía popular, consagra su victoria a los poderes divinos. «Como dijo Cristo, todo está consumado. Bienaventurados los pobres que hoy festejan su día de gracia», proclamó con voz potente Hugo Chávez, iluminado por el relumbre de los fuegos artificiales durante la celebración de su victoria electoral frente a Manuel Rosales.

Eufórico, el vencedor de las elecciones -que dedicó su triunfo «al pueblo cubano y al presidente Fidel Castro, hermano, camarada, compañero»- anunció que sus primeras medidas serán la reforma de la Carta Magna y la profundización del «socialismo bolivariano».

Tiempo no ha de faltarle, ya que Chávez renueva su mandato por seis años adicionales, con el apoyo del 62% de los electores. Su principal oponente, Manuel Rosales, obtuvo el 37% de los votos. Un resultado contundente que no puede ser impugnado por la oposición, que colocó observadores en cada una de las 35.000 mesas de votación.

La ocasión se prestaba a que aflorase la vena mística del hombre que en su niñez quiso ser sacerdote. Rodeado de sus familiares, Chávez extendió los brazos como si quisiera abrazar a la multitud y, mirando hacia el cielo, recitó: «Ésta es la lluvia que viene a regar los campos y a calmar vuestra sed de justicia».

El sermón del Palacio de Miraflores no era para los acongojados oídos de los simpatizantes de Rosales, en su mayoría gente de la clase media y alta. La consigna en los barrios de Altamira, Chuao o El Naranjo era la de atrincherarse por temor a que la marea roja descendiera de los cerros para entregarse a un desenfreno de violaciones y saqueos. Sólo las rondas de vigilantes privados circulaban por las calles, en ese sector de Caracas, aunque nada de lo que auguraban los alarmistas sucedió.

Sin embargo, al margen de los rumores incendiarios, la inquietud suscitada por los planes de Chávez para el próximo sexenio no carece de fundamento, ya que ha trascendido que la segunda fase del «socialismo bolivariano» contempla una mayor intervención del Estado en la economía, básicamente en el sector de las exportaciones.

Un férreo control

La lucha contra la corrupción tendrá como primeros objetivos atrapar los capitales que huyen del país y ejercer un control «de mano pesada», en palabras del presidente, sobre el pago de los impuestos.

Eli Sabán, un economista que trabajó en la campaña de Rosales, dice que estas medidas le huelen a persecución. «Sin duda los latigazos del Gran Hermano [el estado] van a caer sobre las espaldas de los empresarios disidentes: aquellos que el Gobierno tiene fichados como lacayos del imperialismo. Me sorprendería si los inspectores revisaran las cuentas de los nuevos ricos que han engordado bajo el régimen chavista».

En cuanto a la reforma constitucional, el presidente dijo que se fundamenta en la necesidad de instalar la figura de la reelección indefinida: «No es, como dicen los ignorantes, una excusa para que Chávez se convierta en un monarca absoluto. Felipe González fue reelecto en España y nadie chistó. Se trata de que el pueblo pueda ejercer su derecho a elegir a quien le complazca. ¿No es esta la esencia de la democracia?».

Este argumento tampoco convence a los que creen que Venezuela va camino de transformarse en un estado totalitario, al estilo de Cuba. «Sin comparar a nuestro gobernante con aquel tirano, si Hitler hubiera convocado elecciones en 1942 seguro que aplastaba a cualquiera de sus rivales. Venezuela dejó de ser pluralista desde que el presidente controla la Asamblea, las fuerzas armadas y los tribunales de Justicia».

Una arenga chavista no merece este título si no dedica al menos algunos versos a EEUU y a su presidente. «Mi reelección es otra derrota que sufre el Diablo [George W. Bush] que quiere dominar el mundo. Le dieron palos en Vietnam, le dan palos en Irak y, ahora, en Venezuela. Nuestra patria, nunca será colonia estadounidense ni de nadie», disparó el orador. Pero en este discurso, que fue transmitido por la televisión nacional, Chávez introdujo un matiz que no se había escuchado antes: el de enviar «su saludo cordial y solidaridad al pueblo norteamericano».

Llama la atención de los expertos que el mandatario saludase a los gringos con las mismas palabras que dedicó al pueblo cubano, santo de su devoción. Ayer por la tarde, el presidente se dio tiempo para leer un comunicado del Departamento de Estado de EEUU, que reconocía la transparencia del proceso electoral. Chávez mostró el papel a los periodistas y dijo: «Esta melodía es diferente a la que veníamos escuchando. Si ellos me aceptan, yo no los voy a rechazar». Un indicio de que el segundo periodo del niño terrible de las Américas puede deparar sorpresas.






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