Los pronósticos económicos

Por Venezuela Real - 7 de Diciembre, 2006, 13:32, Categoría: Economía

Es significativo que el director del BCV no mencione la inversión privada en sus pronósticos para el 2007. Se refiere con propiedad a la inflación de dos dígitos, la estabilidad de los precios petroleros, a las cuantiosas reservas que tienen los entes públicos y a las inversiones públicas que requieren de un tiempo para madurar, pero pareciera ignorar el aporte del sector privado al crecimiento económico y a la generación de empleo.

D. F. Maza Zavala
El Nacional
06 de Diciembre de 2006

Cuando se avecina el término de un año y existe la expectativa de lo que podría ocurrir en el nuevo, se recurre a los pronósticos. Hay especialistas del futuro inmediato o mediato, habituados a explorar lo que vendrá. Desde luego, hay que diferenciarlos de los adivinadores y charlatanes, que se aprovechan de la inquietud de un individuo y pretenden anticipar la suerte de éste en los próximos tiempos. Me refiero propiamente a los analistas que, auxiliados por los procedimientos que permiten adelantar algunos movimientos y con fundamento en informaciones existentes y la experiencia acumulada, formulan predicciones macroeconómicas -también son posibles en los campos de la política y de la dinámica social– para el corto plazo, aunque algunos se aventuran más allá en el movedizo terreno del futuro relativamente lejano; desde luego, mientras más largo sea el tiempo para el que se procura pronosticar, menos preciso es éste.

El pronóstico resulta de varios ingredientes: la información disponible para el período representativo que incluya el presente; las proyecciones posibles según la metodología más adecuada que puede ser o bien estáticas, es decir, no se consideran cambios significativos en el corto plazo, o dinámicas, en las cuales se examina la incidencia posible de factores, contingencias, circunstancias posibles en las previsiones resultantes de las proyecciones; un elemento con el cual se pretende llenar vacío u omisiones en los resultados obtenidos provienen de la intuición y de la imaginación cultivadas en el ejercicio de la investigación. Frecuentemente es inevitable una dosis de subjetividad, de la manera personal de ver las cosas, con optimismo racional o pesimismo igualmente racional.

En todo caso, existe el riesgo de la predicción, la audacia de aventuras en lo que podría sobrevenir, la necesidad de aliviar la inquietud o la duda de quienes no se limitan a la ocurrencia día a día de los hechos sino que toman decisiones cuya ejecución lleva tiempo. Por ello, la cuantificación del pronóstico no se hace, generalmente, en cifras únicas, sino entre límites razonables, cuya acotación revela el grado de incertidumbre que se tiene con respecto a la viabilidad de lo que se predice. Siempre es necesario explicar los márgenes indicados y en ello se combinan lo cuantitativo y lo cualitativo.

En lo personal, modestia aparte, tengo una experiencia larga en la formulación de pronósticos, no por vocación, sino por exigencia, dadas las posiciones profesionales o institucionales que he ocupado o que ocupo y la confianza que uno merece en ese sentido. Como es natural, muchas veces me he equivocado en mis estimaciones del futuro económico. Pero ello no es algo excepcional: es muy conocida la apreciación de que los economistas –como los políticos-consumen parte de su tiempo en hacer pronósticos y otra parte en explicar por qué los pronósticos no se cumplieron (y los políticos en justificarse por el incumplimiento de sus promesas). Cuando el pronóstico es favorable es bien recibido, pero cuando muestra la posibilidad de que las cosas no vayan muy bien se considera que el pronosticador incurre en pesimismo o adolece de un sesgo para no propiciar ciertos intereses.

En el presente puede ser difícil o fácil, según se aprecie, intentar un pronóstico económico del próximo año. Desde luego, la coyuntura electoral es un factor muy importante en este empeño. No obstante, algunas orientaciones pueden tomarse como probables: los precios del petróleo –variable estratégica fundamental de nuestra economía– continuarán en niveles relativamente altos, no inferiores a 50 dólares el barril en promedio, en relación con ello la bonanza fiscal y cambiaria se mantendrá, lo que facilitará la gestión de gobierno y el cumplimiento de las obligaciones del país con el exterior, así como también la satisfacción de la necesidad de importaciones, aunque regulada en virtud de la persistencia del control de cambio. La considerable disponibilidad de activos en moneda extranjera que tiene el sector público –BCV, Fonden y otras entidades– superior a millardos de dólares permite hacer frente a cualquier contingencia que afecte a las relaciones económicas internacionales del país. La liquidez monetaria continuará ampliándose a ritmo más moderado que en este año, por lo que las tasas nominales de interés seguirán bajas, dentro de los límites fijados por el Banco Central. La inflación seguirá en niveles superiores a un dígito, aunque no será tan elevada como la del presente año. La tasa de crecimiento económico se sostendrá en el nuevo año, pero sufrirá un reajuste –en mi opinión conveniente– dadas las limitaciones de la capacidad productiva existente en el país y la característica de inversión real de que no madura en muy corto plazo.

Varios proyectos de inversión del sector público, según se ha informado, están en vías de ejecución o se iniciarán el año que viene, lo que contribuirá al sostenimiento de la actividad económica.








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