Inquisición en la red

Por Venezuela Real - 11 de Diciembre, 2006, 10:32, Categoría: Electorales

Editorial
El Nacional
10 de Diciembre de 2006

Cuando todos pensábamos que Internet se iba a convertir en Venezuela en un espacio para la libertad y la discusión abierta y franca, respetuosa de las posiciones políticas e ideológicas de cada uno de los ciudadanos, ha resultado todo lo contrario. Desde la red se disparan insultos a granel, y se inventa una guerra sucia contra todo aquel que no comparta las posiciones ultrarradicales de algunos de los bandos que pugnan por el control del poder.

Ha sido una suerte inversa a lo pronosticado y a lo ocurrido en otros países, donde el debate político más bien se ha fortalecido en sus argumentaciones y se ha enriquecido con la multiplicación de los diversos puntos de vista. Esa amplitud política que tanto esperábamos en Internet (que en nuestro país constituía una experiencia cívica absolutamente renovadora), tuvo un impacto excepcional al comienzo de la crisis de los años 2002 y 2003, cuando la necesidad de obtener información urgente y de articular redes de comunicación no convencionales alcanzó su máxima cuota.

Luego de haber logrado ese pico de credibilidad y de audiencia, los mensajes en la red comenzaron a ser "colonizados" por los sectores más radicales, interesados ya no en trasmitir información confiable sino en difundir paquetes de propaganda. Hoy nos encontramos en una situación impensable hace un par de años, en cuanto a la caída en la credibilidad de la información política que recibimos por los canales informales de la red. Desde ciertos sectores bolivarianos como de algunos de oposición se ha desarrollado una desviación crónica, que tiende a obstaculizar cualquier aproximación lógica a la realidad, "satanizando" los intentos de la mayoría por poner los pies en la tierra.

Pero, por muy dolorosa que sea la realidad, sólo asumiéndola en su entera dimensión se puede reaccionar hacia ella con posibilidades de éxito, ya sea para cambiarla o para encaminarla hacia un rumbo diferente. A menudo, los extremos niegan cualquier otra salida que no sea la del enfrentamiento total entre dos posiciones antagónicas. La diferencia con respecto al centro de la sociedad es que en esta última se admiten y se fomentan otras alternativas menos catastróficas, y por tanto más racionales. En política, la negación a ultranza del otro siempre es mala consejera.

Pero la radicalización en la red ha llegado a un punto en extremo peligroso porque ya se ha instalado una matriz de desconfianza hacia todas las informaciones políticas que se transmiten por la red, desarmando de esa manera una importantísima forma de comunicación y movilización absolutamente necesaria para la sociedad. Y mucho más en este momento, cuando la politización del debate debe ser conducido con extrema cautela, sin generalizaciones infantiles ni con el espíritu de una inquisición computarizada.

En estos últimos días las tendencias a reclamar acciones extremas ante los resultados de las votaciones del 3 de diciembre, ya sea llamando a la profundización del proceso revolucionario o a denunciar en la calle el fraude electoral, han tomado con furia los caminos de la web. Si bien esto no es condenable, sí lo es el hecho de que, sistemáticamente, se ponga en duda la honradez y el comportamiento ético de quienes se niegan a respaldar esos extremismos, a todas luces extemporáneos.

Y lo peor es que olvidan todo un esfuerzo organizativo que se ha hecho en el país para dirimir, por medios pacíficos y democráticos, una etapa en la situación política de Venezuela. Nadie está enterrando la lucha, ni nadie se niega a combatir y criticar las situaciones que puedan presentarse, o que impliquen de hecho serias discrepancias sobre cuestiones fundamentales para la sociedad venezolana. Ninguna protesta puede ser clausurada o menospreciada si es válida y suscita el consenso que la vuelva victoriosa.

Lo que sí está claro es que estas elecciones han dejado bien establecido tres bloques, a saber: los bolivarianos que hoy son mayoría; la oposición democrática, que es transitoriamente minoritaria; y un espacio donde conviven abstencionistas, ni-ni, indiferentes y ultra radicales, etcétera. Todos, en principio, son políticamente dignos de respeto y no deben lanzarse insultos e injurias sobre aquellas personalidades que han cumplido con su entrega a la causa electoral.

En el caso de la oposición, esto resulta más lamentable e injusto por las condiciones adversas en que se desarrolló la campaña. Atacar a Manuel Rosales y a su comando, poner en duda su entrega total a la lucha, es una canallada. Nada más.







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