YADIRA CÓRDOBA: "El conflicto con los centros del saber es inevitable"

Por Venezuela Real - 11 de Diciembre, 2006, 10:38, Categoría: Educación

HUGO PRIETO
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10 de Diciembre de 2006

Si el marco conceptual del desarrollo se asume desde la perspectiva individualista, del mercado y la competencia, por ejemplo, pues hay una ciencia y un saber para afianzar ese proyecto político.

Pero si el contenido es distinto, si el afán es la búsqueda de inclusión social, de desarrollo de derechos (políticos, sociales y económicos) y de la preservación de la paz, pues se asume igualmente que hay una ciencia y un saber que juegan un papel muy diferente en un proyecto político de signo contrario. Esa es una de las premisas del debate que se libra en universidades y centros de investigación, a propósito de la creación de la Misión Ciencia.

Próximamente se publicará un libro que contiene todas las intervenciones, incluidas las que se han hecho desde un extremo y de otro, para enriquecer el debate. Resulta obvio que la ciencia y la tecnología tampoco escapan a la diatriba política.

Si la idea es que la ciencia y la tecnología se vinculen a la solución de los problemas y necesidades de la gente y que, además, influya en áreas y ámbitos de lo público que trascienden al Estado y a los organismos de gobierno, se corre un riesgo. Yadira Córdoba, ministra de Ciencia y Tecnología, lo advierte de esta forma: si al institucionalizar esas nuevas formas de participación protagónica de la gente se convierten en simples expresiones burocráticas del Estado, se habrá fracasado. ¿Vale la pena el intento? "Con toda honestidad, digo que al Gobierno lo anima otro propósito".

Veamos de qué se trata.


Recientemente usted anunció que la Misión Ciencia va a salir a la calle. ¿A qué se refería?
La Misión Ciencia está en la calle. Una de sus premisas era que debíamos lograr una valoración y una valorización del conocimiento en una parte fundamental de la vida de los venezolanos. Eso implica un enorme esfuerzo de masificación del conocimiento y nos obliga a llegar a todos los rincones y a todas las necesidades del pueblo.

Tenemos como propósito fundamental que expresar en la actividad científico técnica las prioridades del desarrollo nacional.

Su anuncio viene precedido por un gran debate quesehadadoenlas universidades venezolanas,enel que se adviertenposturas irreconciliables. Se habla de la ciencia de la diversidad y de la inclusión, pero se advierte que ese propósito es incompatible con un gobierno que tildan de autoritario. También se habla de una academia mineralizada, incapaz de vincularse a los problemas de la gente. ¿Qué piensa usted?
Nos ha parecido un debate extraordinario, importante e imprescindible. Lo hemos valorado, y apenas arrancó y tomó cuerpo, decidimos publicar un libro en el que se recogen las posiciones muy diversas que se han dado allí. Hay que advertir, en segundo lugar, que en ese debate está presente la confrontación social y política que actualmente está planteada en Venezuela. Lo que está en disputa no es una elección presidencial o un partido frente a otro; no, lo que está en disputa son dos modelos de sociedad, dos posturas en torno a lo que debe ser y cómo conducir la sociedad. Cuando estamos apostando, aunque no se diga, a una sociedad de clases, a una sociedad de élites, de privilegios, centrada en el individuo, la competencia y el mercado, allí hay una ciencia necesaria para esa sociedad. Asimismo, cuando hablamos de una sociedad en construcción permanente, que lucha por la igualdad y busca no privilegios sino derechos, entonces la ciencia que se necesita es aquella que aporta elementos para las decisiones de políticas públicas en términos de inclusión, de garantizar la diversidad, la paz y los derechos fundamentales.

Una ciencia que reproduzca la sociedad que hemos soñado y nos esforzamos en construir.

Al escucharla salta a la vista que se trata de dos puntos irreconciliables, una gota de agua y otra de aceite, incapaz de dialogar y llegar a acuerdos. Son posiciones totalmente antagónicas.
Claro, son dos visiones antagónicas de la sociedad. Ahora, cuando pasamos a discutir el método, allí es donde está la posibilidad de diálogo. Quienes pensaban en una sociedad elitista, o desconocían que hacían una ciencia que servía a las grandes transnacionales, a las necesidades de otros países, porque hay mucho de eso, en la medida en que el debate va generando conciencia de sí y de su papel en la sociedad, es posible que con esos compañeros uno pueda avanzar en un camino de reencuentro con lo que nosotros queremos ser y con lo que somos capaces de hacer. Creo que eso es posible y de hecho se está dando.

¿Qué va a ocurrir con quienes no comparten el planteamiento que ustedes están haciendo?
Eso es una decisión de ellos. Nosotros convocamos a todo el mundo. El libro que se va a publicar se hizo sin excluir a nadie, y en los llamados públicos que hicimos se convocaron investigadores sobre la base de problemas nacionales identificados, en donde el papel de la ciencia y tecnología es vital. Hubo un registro de casi 900 investigadores de distintos centros de investigación nacional que ha venido trabajando colectivamente, porque estamos apostando a un trabajo colectivo en ciencia y tecnología. Ahí hay gente de todas las tendencias; no como los queramos etiquetar: chavistas, bolivarianos, socialistas, de izquierda... el llamado lo hicimos para todos. La gente se incluyeoseexcluye.

¿Por voluntad propia?
Por voluntad propia. El Estado sí hace un esfuerzo enorme por conquistar, articular e incluir a los investigadores haciéndoles un llamado amplio. Si en un área determinada no tenemos conocimientos, bueno, los traeremos de afuera; mandaremos a la gente a formarse donde haya que formarla y traeremos investigadores a hacer esas investigaciones aquí, pero el país necesita a! vanzar. Nosotros no podemos paralizarnos a partir de decisiones individuales.

¿Esos anuncios no anticipan conflictos con universidades y centros de investigación que producen conocimientos?
Los ha habido. Allí hay un conflicto latente, que no ha explotado. En los momentos críticos de la diatriba política nacional, pues también allí se ha expresado. Incluso hubo grupos de investigadores que intentaron, durante el paro general, que el Ivic (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas) se paralizara. La masa de trabajadores de ese organismo no lo permitió. Al instalarse las mesas de diálogo en el hotel Meliá se presentaron para hacer un pronunciamiento. Durante la convocatoria de la Misión Ciencia se realizó una reunión con todos los rectores de las universidades nacionales y hubo rectores de universidades muy importantes que no asistieron, aunque esa misma semana dijeron que a ellos no se les había consultado nada.

¿El conflicto es inevitable?
Es inevitable... es inevitable. No es un conflicto personal, es una visión de país que se va expresando en todo: en la vivienda, en la educación, en el transporte, en la salud... si estábamos acostumbrados a convocatorias, en las que cada investigador traía su proyecto en una carpeta para que le asignaran recursos para "mi proyecto", pues ahora estamos hablando de proyectos de investigación y desarrollo para solucionar problemas de la sociedad venezolana, en donde la propiedad del proyecto es precisamente de la sociedad y en donde deben participar todos aquellos investigadores que tienen capacidad y voluntad para hacerlo, pero en equipo y no en el trabajo individual donde sólo vale mi expectativa, mis necesidades y mi interés de publicar un papel.

El Gobierno le ha pedido a las comunidades que elaboren sus propios proyectos para que sean tomados en cuenta en la formulación de las políticas públicas. Sin embargo, esos proyectos requieren de conocimientos que la gente no tiene o a los que no accede con facilidad. ¿Cómo se resuelve esta aparente contradicción?
Quisiera hacer una precisión: el planteamiento que hace es una verdad a medias.

Desde hace tres años y desde acá (Ministerio de Ciencia y Tecnología) impulsamos una línea de trabajo de innovación para la gerencia pública y social que tiene impacto en la gestión gubernamental, pero también, y en forma simultánea y directa, en las comunidades. Venimos impulsando un trabajo para que las propias comunidades manejen herramientas que mejoren su desempeño frente a todas las posibilidades que se abren: aprender a formular proyectos; aprender nociones de estadísticas que les permiten interpretar un problema, a realizar diagnósticos participativos. Esa línea de trabajo se fortalece, además, con la Misión Ciencia porque creamos, entre otras cosas, las redes comunitarias de saberes, integradas por compatriotas que estudian y evalúan experiencias en la solución a un problema concreto (el manejo de desechos sólidos, por ejemplo) que se puede convertir en una innovación para todos. Esas redes están integradas a los consejos comunales. Diría que, de alguna manera, están naciendo juntos. De esa forma acceden a un conjunto de herramientas que les estamos proporcionando.


Hay otras áreas que igualmente competen a la gestión de gobierno, donde se requiere saber y conocimiento muy especializados. ¿Es posible que se instalen mesas de petróleo o tributarias, por ejemplo?
Se acaban de instalar las mesas de energía, que nacieron a propósito del gas doméstico, pero están avanzando hacia otros temas. Esas mesas se conectan con el reciente anuncio que hizo el presidente Chávez: la creación de la Misión Energía, que va orientada hacia el ahorro del consumo energético y a la conciencia que debemos tener frente al agotamiento del combustible fósil (el petróleo y sus derivados). No podría referirme a resultados, porque están comenzando. Pero en cada espacio de la vida comunita! ria en d onde van surgiendo problema que no son atendidos por los distintos instrumentos de organización que tiene la gente, pues incluso la propia gente motoriza respuestas y soluciones. Llega un momento en que el Gobierno lo que hace es institucionalizar las prácticas de la gente.


¿No le preocupa que sea precisamente el Estado y los órganos del Gobierno los que orienten políticas públicas que van más allá de sus atribuciones y competencias?
Eso es un riesgo presente. Yo vengo de trabajar en los sistemas de transformación de la salud y la participación que eso supone.

No me voy a desdecir de los planteamientos que hice públicamente. La participación protagónica del pueblo corre el riesgo, en un momento determinado, de ser absorbida por el Estado, y al institucionalizarse convertirse, simplemente, en otra expresión del aparato del Estado. Pero con muchísima honestidad digo que a nivel del Gobierno no es eso lo que está planteado.

La preocupación es cómo transformar al Estado a esas nuevas exigencias que no son cuantitativas o de volumen, sino que se refieren a la calidad de esas demandas. La gente no quiere que les arregles solamente la calle, sino que te pide que discutas con ellos quiénes van a arreglarla, quiénes van a administrar los recursos y cómo lo van hacer.


Ese riesgo no podría interpretarse a partir de la frase que dijo el ministro Rafael Ramírez. ¿No podría ser la Misión Ciencia roja, rojita?
Depende de lo que estés interpretando como rojo, rojito.

Para nosotros, la Misión Ciencia es un instrumento de transformación de la propia ciencia y la tecnología en función de los retos que tiene planteada la sociedad venezolana y se ha planteado en el marco de lo que establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Ahí es donde estamos y para eso es la Misión Ciencia, que no está hecha para alcanzar los objetivos de la C! onstituc ión de 1961 o los que establece la Constitución de otro país sino para alcanzar los objetivos que están dibujados en la Constitución vigente. De eso se trata.





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