Los presos políticos y la carta del general Usón

Por Venezuela Real - 18 de Diciembre, 2006, 13:12, Categoría: Derechos Humanos

Rafael Arráiz Lucca
El Nacional
18 de Diciembre de 2006  

A lo largo de todo el sigloXIX abundan testimonios de la magnanimidad de los gobernantes en relación con sus adversarios políticos.

El general Páez fue magnánimo en grado sumo; el mariscal Falcón lo fue tanto que muchos lo consideraron exagerado. En el fondo, a nadie le conviene gobernar con el lunar de una injusticia, que le susurra a la conciencia desde la cárcel. Al hacerlo se paga un precio muy alto: el de la duda sobre la solvencia moral y la condición humana de quien gobierna. Una de las primeras medidas del general Eleazar López Contreras al asumir la Presidencia de la República, al día siguiente de la muerte del general Gómez, fue la invitación personal (por telegrama) a los desterrados a regresar al país, y el haber abierto las puertas de las cárceles para que recobraran la libertad los presos políticos. Uno de los mayores logros atribuibles, con justicia, al gobierno del general Isaías Medina Angarita, fue el de haber vaciado las cárceles de presos políticos, y el de haber gobernado sin incurrir en esta práctica violatoria de los derechos humanos durante todo su período.

El caso del general Usón en la Venezuela de Hugo Chávez es realmente estremecedor, y con seguridad será insoslayable para quienes hagan la relación de los hechos de estos años. El general Usón fue condenado a prisión por cinco años y seis meses por haber participado el 16 de abril de 2004 en el programa de Marta Colomina en Televen, junto con otra invitada al espacio televisivo, Patricia Poleo, y haber considerado la hipótesis, expresada por la periodista, según la cual los soldados quemados en Fuerte Mara, habían sufrido las quemaduras producto de un lanzallamas. La hipótesis ni siquiera la planteó él, sino que la consideró como probable, lo que de ninguna manera constituye un ultraje a la Fuerza Armada, como consideraron quienes lo sentenciaron. Además, como ha señalado el distinguido penalista Alberto Arteaga Sánchez, cuando el general Usón acudió a la invitación de la periodista Colomina ya no estaba activo dentro de la institución castrense, por lo que difícilmente ha podido ser juzgado por un Tribunal Militar. A la conciencia del presidente Chávez toca la puerta este caso con frecuencia, de otra manera no se explica la manifestación pública que ha hecho de tener la intención de indultarlo.

Ahora, después de la respuesta del general Usón, todavía más razones morales pesan a su favor, ya que el general ha manifestado, en un caso extraordinario de honestidad, que no puede aceptar un indulto por un delito que no ha cometido.

Tiene razón. No se consigue fácilmente esta reciedumbre, que antepone su dignidad a su conveniencia.

En verdad, lo que el país recibiría con la alegría que trae la justicia, sería una Amnistía General, que deje libres a los comisarios Lázaro Forero, Henry Vivas, Iván Simonovis, al gobernador Eduardo Lapi, a los Faría, a Felipe Rodríguez y Otto Gebauer. Sería una verdadera señal de buena voluntad por parte de la Asamblea Nacional, que sigue orientaciones políticas del Ejecutivo, como nadie ignora, acoger la política de la amnistía general para los presos políticos. Sería una puerta abierta al diálogo, y fijaría un antecedente de plata para la apertura de conversaciones, a la que tanto el Gobierno como la oposición manifiestan estar dispuestos. Es el momento de hacerlo.

Abogo, desde la humildad de estas líneas, por la libertad de estos compatriotas, así como históricamente me parece correcta la política de Pacificación adelantada por Caldera en su primer gobierno, que permitió que la izquierda alzada en armas se incorporara a la vida democrática. Y si luego Caldera extremó su magnanimidad en el caso de los golpistas del 4 de febrero de 1992, sobreseyendo sus causas e incorporando a algunos a su gobierno (Arias Cárdenas), cómo se explica que los beneficiarios de estas prácticas humanitarias no las desarrollen igual, cuando incluso los motivos que tenía Caldera para no sobreseer sus causas eran de mayor calibre que los actuales. El clima de crispación que ha padecido Venezuela durante ocho años no nos lo merecemos, y ya es hora de que el Gobierno haga algo por el reconocimiento de la oposición, por la consideración de un contingente enorme de venezolanos que no comulga con el proyecto de Chávez.

Concluyo con palabras del general Usón que señalan un camino: "¿Quiere ser magnánimo como jefe de Estado que ha sido reelecto? Haga que la Asamblea Nacional promulgue una ley de amnistía general para todos los presos y perseguidos políticos, y cumpla con aquello que usted me prometió la noche del 10 de abril de 2002... se acuerda? Cuando le manifesté mi preocupación sobre lo que podía ocurrir al día siguiente, y usted me respondió que actuaría con `tolerancia total".





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