¡AMNISTÍA!

Por Venezuela Real - 19 de Diciembre, 2006, 13:48, Categoría: Derechos Humanos

Teodoro Petkoff
TalCual
19 de Diciembre de 2006

Como puede cada lector verlo por su propia cuenta, esto que reproducimos es el artículo 1 de la Ley de Amnistía aprobada por el Congresillo en abril de 2000 y promulgada por el Ejecutivo pocos días después. Mediante esta ley los protagonistas de los dos golpes militares de 1992, (4F y 27N) se amnistiaron a si mismos o, en otras palabras, se autoamnistiaron.

Usualmente un gobierno amnistía o pone en libertad a presos o perseguidos políticos que lo adversan. No es muy frecuente que condonen sus penas los mismos que cometieron los delitos. Pero, en fin, puesto que ya el gobierno de Caldera había amnistiado prácticamente a todos los participantes en las dos tentativas de golpe militar, esa Ley de Amnistía del Congresillo cerró un capítulo, pasó una página de nuestra historia y no dejó cuentas pendientes.

Artículo
1.- Se concede amnistía política general y plena a favor de todas aquellas personas que, enfrentadas al orden general establecido, hayan sido procesadas, condenadas o perseguidas por cometer, con motivaciones políticas, delitos políticos, o conexos con delitos políticos, hasta el treinta y uno de diciembre de mil novecientos noventa y dos.

En consecuencia, quedan amparadas por la presente Ley, todas aquellas personas que hubieren sido procesadas o no, en proceso o condenadas por cometer, con motivaciones políticas, delitos políticos o conexos con delitos políticos previstos o conexos con delitos políticos previstos en la legislación penal ordinaria o penal militar. Los efectos de la presente amnistía se extienden a todos los autores y participantes de tales delitos.

Viene a cuento el tema porque hoy están en las cárceles varios militares y civiles acusados de delitos políticos y muchos más andan por el exterior, perseguidos también por razones del mismo tipo. El propio Presidente habla de que ahora se inicia una nueva etapa en el “proceso”.

Es justo, pues, es humano, cerrar el capítulo, pasar la página, para entrar en esa nueva etapa sin presos ni perseguidos políticos, tal como en 2000 lo hiciera el gobierno mediante la Ley de Amnistía que hoy recordamos.

Hay una situación política que favorece una ley de esa naturaleza. Por primera vez en estos ocho años, gobierno y oposición han reconocido sus respetivas legitimidades electorales y políticas. La natural controversia, propia de toda sociedad democrática, no ha desaparecido ni desaparecerá, pero se ha creado un cauce para que tales enfrentamientos se produzcan sin sobresaltos extraconstitucionales. La situación, pues, se ha tornado apropiada para dejar en libertad a los relativamente pocos presos políticos, la mayoría de ellos militares y policías, y para permitir el regreso a la patria de quienes están fuera de ella porque han huido de la represión —estos sí muchos más que los primeros.

El único hecho de sangre por el cual hay gente presa es el de Puente Llaguno y este equivale, desde aquel punto de vista, a los mismos del 4F y 27N, que sin duda fueron mucho más letales.

Abrir, pues, las puertas de las prisiones y permitir el retorno de quienes se encuentran en el exterior, sería en esta Navidad, la última de lo que el Presidente considera una etapa superada, abrir la próxima con un gesto de magnanimidad que entroncaría con la tradición de un país que puede tener muchos defectos pero que siempre tuvo la grandeza de poner punto final a situaciones de conflicto político, en particular el armado, haciendo borrón y cuenta nueva.









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