Diplomacia inmadura

Por Venezuela Real - 20 de Diciembre, 2006, 9:11, Categoría: Política Internacional

Adolfo R. Taylhardat
El Universal
20 de Diciembre de 2006

El encuentro Brownfield - Maduro del jueves pasado debió haber sido el inicio de la construcción de un puente entre EEUU y Venezuela para poner fin a los desentendimientos que han enturbiado las relaciones entre los dos países.

Se dijo que ese encuentro serviría para "deshelar" las relaciones. En realidad debió haber servido para dar inicio al refrescamiento de esas relaciones cuya temperatura ha ido subiendo bajo el calor que irradia la vehemencia de las agresiones verbales de Chávez contra  Estados Unidos y su Presidente.

Lo cierto es que si comparamos el rostro risueño del embajador Brownfield cuando llegó a la Cancillería con la cara que tenía al salir de su reunión con Maduro es fácil concluir que se sentía feliz por los resultados obtenidos. La cara de Brownfield mostraba contrariedad y frustración ante el fracaso de un gesto de buena voluntad. Esto se comprende si se tiene en cuenta que la reunión se originó en una iniciativa de Estados Unidos cuyo gobierno quiso aprovechar el resultado de la elección del 3D como una oportunidad para abrir una nueva página en las relaciones bilaterales.

Lo que se dijeron Brownfield y Maduro no lo sabemos, pero lo que dijeron en sus declaraciones a la prensa después del encuentro hace pensar que la entrevista fue un diálogo de sordos.

Según Brownfield cada lado expuso su posición. Brownfield evidenció su condición de diplomático experimentado y evitó entrar en detalles sobre lo ocurrido durante el encuentro. "Ojalá que este primer paso produzca un diálogo mas productivo y positivo para el año próximo", dijo, lo cual pone en evidencia que no hubo posibilidad de acercamiento para convertir en un hecho positivo el esfuerzo de superar los delicados problemas que rodean las relaciones entre los dos países.

En sus declaraciones a la prensa Maduro reveló la inmadurez con la que manejó el encuentro. Dijo que le hizo ver al embajador norteamericano que "los venezolanos tenemos suficientes razones para desconfiar de la palabra que pueda ser emitida por este gobierno de Estados Unidos". "Tenemos suficientes elementos para avanzar con pie de plomo y con las reservas del caso". Admitió que el encuentro se desarrolló "en medio de la tensión que se puede crear en una conversación en la que se hable con franqueza".

Según lo declarado a la prensa Maduro exigió las extradiciones de Posada Carriles y de los dos oficiales venezolanos que se encuentran asilados en Estados Unidos. Con lo cual pareciera ignorar que cualquier decisión en esta materia no depende del gobierno norteamericano sino de los órganos de la justicia de ese país.

También "solicitamos al embajador que Estados Unidos cese la guerra política contra Venezuela y contra Chávez, así como los intentos por revertir el proceso de cambios emprendidos por los venezolanos" dijo Maduro, repitiendo la consabida acusación según la cual Estados Unidos planea una agresión o una intervención contra nuestro país. La cual, por cierto, acaba de ser reiterada por Chávez en su discurso del domingo en el Panteón Nacional.

Las declaraciones de Maduro revelan que en la reunión prevaleció la actitud prepotente, intemperante e intransigente, característica de los más altos funcionarios del régimen, pauta que, además, estuvo marcada el día antes por el vicepresidente Rangel cuando condicionó todo esfuerzo de normalización de las relaciones a la presentación de una "carta de buena intención" (¿de buena conducta?) por parte de las autoridades norteamericanas.

Revelan, además, que las relaciones exteriores siguen estando conducidas por personas que no tienen la más mínima noción de la diplomacia. Chávez artificialmente ha convertido a Estados Unidos en un contendor, en un rival al que hay que derrotar y humillar. Estados Unidos, ha evitado caer en la provocación y ha desplegado una gran dosis de tolerancia y hasta de mansedumbre. Mansedumbre porque es el calificativo que merece una situación en la cual la parte ofendida, insultada, afrentada, injuriada, agraviada, escarnecida, dócilmente inclina la cabeza, ofrece la otra mejilla y recibe una nueva bofetada.

La diplomacia exige madurez. El diplomático debe ser maduro, no solo de nombre sino de condición humana. Según el DRAE ser maduro significa ser prudente, sesudo. A esas características se puede agregar: ser juicioso, sensato, sosegado. Según Harold Nicholson, uno de los grandes maestros del arte de la diplomacia, la falta de madurez "conduce con frecuencia a inferir ofensas producto de la ostentación, el esnobismo o la vulgaridad, y a desdeñar la opinión de quienes pueden tener una experiencia mayor".





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