La Nueva Ley del Servicio Social y la Desconfianza

Por Venezuela Real - 22 de Diciembre, 2006, 17:42, Categoría: Estado de Derecho

La opinión expresada por el autor, sobre la Ley del Servicio Social, peca de ingenua, pues aún cuando en el marco estrictamente teórico, realizar trabajo social, ennoblece, el que tenga que hacerse por obligación, mata la iniciativa personal y lo coloca en el plano político, que es hacia donde nos quiere llevar el legislador.
Las sociedades institucionalizadas, utilizan las ONG para participar en estos nobles menesteres, las politizadas por el contrario, lo que pretenden con este manto de solidaridad, es imponer en la práctica, a los ciudadanos, una disciplina cuartelaria.    

Santiago Rodríguez
gentedesoluciones.org

Hace ocho días, la Asamblea Nacional aprobó, en segunda discusión, la Ley del Servicio Social Integral. Ya antes –el año pasado, exactamente- había aprobado la Ley del Servicio Comunitario del Estudiantes de Educación Superior. El objetivo de esta nueva ley, complementario a los objetivos de la primera, es hacer que el conjunto de la población activa de la nación –de 15 a 50 años de edad- participe de la solución de los problemas que se derivan de la vida en común, vale decir, de la vida en sociedad.

No obstante lo loable de tal objetivo, la ley ha sido recibida con abierta suspicacia por parte de importantes sectores de la sociedad venezolana. Esto representa una triste paradoja, porque la ley está siendo víctima anticipada de uno de los problemas sociales que ella podría ayudar a resolver: la desconfianza.

Lo primero que quiero expresar es que esta es una ley muy buena, pero con algunos piquetes muy malos. Y son estos piquetes los que están haciendo ruido en la conciencia democrática de la nación. El artículo 5, que establece el servicio social internacional, reproduce uno de los defectos más criticados a la política del gobierno, cual es, el de andar de Robin Hood internacional, mientras la casa propia anda hecha pedazos y usar los recursos del erario público para financiar la megalomanía continental del presidente. Si a esto se suma la evidente simpatía que los líderes chavistas sienten por los gobiernos más sátrapas, corruptos y antidemocráticos del planeta (Cuba, Bielorrusia, Zimbawue, Irán, Corea del Norte, etc.), se justifica la aprehensión de los ciudadanos que, con cierta lógica, ya se ven reclutados para servir de tontos útiles en el sostenimiento de regímenes odiosos que soliciten "ayuda"  a la meca del socialismo latinoamericano.

Sin embargo, lo que la sociedad democrática debe mirar en esta ley, es la enorme oportunidad que se nos presenta para construir redes de participación colectivas en la resolución de los graves problemas sociales que nos aquejan. Lo ideal hubiese sido que la sociedad venezolana ya tuviese desarrollado un fuerte capital social (confianza entre sus miembros, disposición asociativa, conciencia cívica y apego a los valores éticos), de modo que el Estado no hubiese tenido necesidad de arbitrar, con una ley, entre el interés privado de los ciudadanos y los intereses comunes del colectivo.
 
Pero nuestro capital social es muy débil y esta ley puede servirnos para crearlo y fortalecerlo, siempre que hagamos un uso adecuado del instrumento.

La participación de la empresa privada en el Directorio de INASES, órgano rector para el servicio social, es también una excelente oportunidad para darle a la ley un sentido constructivo, por cuanto permitirá, si así lo dispone el empresariado, reimpulsar las iniciativas de responsabilidad social de la empresa capitalista y orientarlas estratégicamente hacia el fortalecimiento de los entornos sociales que sirvan a la creación de mayores y mejores condiciones para el trabajo y la producción.

Veo a los sectores democráticos y a la empresa privada construyendo y fortaleciendo vastas redes de servicio social, haciendo uso constructivo de cientos de miles de horas-hombre (5 horas mensuales durante dos años por cada ciudadano), en el combate a la pobreza,  en el fortalecimiento de la educación, en la protección del medio ambiente, de la niñez y de la familia, en la construcción de miles de nuevas organizaciones socialmente inteligentes, comprometidas con la democracia y su buen funcionamiento.

El buen uso de esta ley va a depender de la medida en que la sociedad democrática se la apropie, incluso si tuviese que afrontar a la orientación oficialista del artículo 5, disponemos del precedente de la doctrina Betancourt, de modo que sólo aceptemos hacer servicio social internacional allí donde lo soliciten Estados y gobiernos democráticos. Finalmente, me despido de mis gentiles lectores hasta el próximo enero, deseándoles a todos felices pascuas y un prospero  año nuevo; La luz del Reflector seguirá encendida.





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