Muertes oficiales

Por Venezuela Real - 4 de Enero, 2007, 13:04, Categoría: Derechos Humanos

Editorial
El Nacional
04 de Enero de 2007


Cada vez que ocurre un sangriento motín en las cár-celes venezolanas, los ciudadanos se preguntan si estas matanzas finalizarán algún día, y si el Gobierno se apiadará de los presos y sus familia res. Si algo se ha convertido en la pesadilla diaria de muchos hogares humildes de este país es ser informado por los medios de comunicación de nuevos hechos de sangre en las destartaladas prisiones nacionales y regionales. Pero incluso las más modernas –como la de Uribana, en Lara, inaugurada en el año 2002– repiten en su interior el infierno de muertes y mutilaciones de todas las demás. En la cárcel de Uribana, que se pensaba iba a cambiar el viejo modelo de hacinamiento y violencia que predomina en los presidios de Venezuela, ha ocurrido la más espantosa de las tragedias, no sólo por la cifra de presos asesinados, sino por el ensañamiento contra los cuerpos de los caídos mortalmente heridos en la lucha entre pandillas por el control de ese centro penitenciario. Se trata de un comportamiento que supera con creces cualquier antecedente, y que revela el grado de descomposición que reina en el sistema de prisiones por la complicidad que se ha establecido entre algunas autoridades y los principales cabecillas de las bandas que controlan la vida de los presos.

Según el informe remitido por la corresponsal de El Nacional en el estado Lara, Yamilet Herrera, la mayoría de las víc timas murió a causa de "múltiples puñaladas". En la información se agrega que "algunos cuerpos estaban decapitados, otros tenían el abdomen cortado en cruz y los órganos le colgaban fuera, y hubo a quienes les mutilaron las orejas y les extrajeron los ojos". Tal ensañamiento sólo nos demuestra cómo se han ido degradando las prisiones venezolanas, al punto de convertir en verdaderos animales feroces a aquellos seres humanos que han tenido la desgracia de ser procesados o condenados a penas de cárcel. El jefe del Comando Regional Número 4 de la Guardia Nacional (institución que se ocupa de la custodia exterior de las cárceles), coronel José Enrique Maldonado Dupuy, le declaró a los periodistas, sin ocultar su alarma, que todo aquello obedecía a algo muy bien preparado de antemano, es decir, "una acción organizada de un grupo contra otro por el control del penal". Confirmó, de igual manera, que la mayoría de las víctimas murió "vilmente apuñalada, con chuzos. A algunos le desprendieron sus miembros. Hubo mucha saña, mucha violencia". También la directora de la cárcel, Yair Pérez, reconoció que aunque "la mayoría estaba en el área de mínima seguridad" (¡válgame Dios!, como será en la de máxima) "todos los pabellones se involucraron en la reyerta". Vale la pena recordar que en la cárcel de Uribana están hacinados unos 400 reclusos, así que la dimensión de la tragedia y el horror fue muy grande. De acuerdo con nuestra corresponsal en Lara, momentos después de conocerse la noticia del motín, en los alrededores del establecimiento penitenciario "cientos de personas esperaban noticias de sus familiares y caían arrodilladas cuando conocían la identidad de los presos asesinados. Una aglomeración similar se produjo en la morgue del hospital a la cual fueron trasladaron los cuerpos de las víctimas". Pero cuando apenas terminaba el asombro por la tragedia de Uribana, se conoció la noticia de una nueva matanza en la cárcel de Guanare, en la cual seis reclusos perdieron la vida. Trascendió que las víctimas habían sido trasladadas un día antes desde Uribana, para protegerlos de sus enemigos en el establecimiento penal de Lara. Todo fue inútil porque las autoridades del Ministerio de Interior y Justicia ya no pueden garantizar nada a nadie, y mucho menos a unos presos que no le duelen a la revolución bolivariana. Eso es lo más trágico de todo. Humberto Prado, el director del Observatorio de Prisiones, una ONG de amplia y reconocida trayectoria, aclaró que los seis presos asesinados llegaron a Guanare apenas al anochecer del martes, pero que de inmediato fueron emboscados por sus rivales. Prado recordó que 378 reos "fueron asesinados y 883 heridos entre enero y noviembre del año 2006".

Humberto Prado precisó además que 411 reclusos murieron violentamente durante el año 2005 debido a "riñas internas a consecuencia del hacinamiento, los abusos policiales y las malas condiciones de las cárceles". ¿Y dónde está el humanismo de la revolución bolivariana, su amor por los pobres y los desamparados, y por los presos condenados a muerte en un país que rechaza la pena máxima pero que no la impide?





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