Caso RCTV: desafío a la libertad

Por Venezuela Real - 8 de Enero, 2007, 9:48, Categoría: Derechos Humanos

Ovidio Pérez Morales
El Nacional
08 de Enero de 2007   

El anuncio de la decisión gubernamental de no renovar la concesión a RCTV ha desatado una viva discusión acerca de la libertad de expresión –comunicación, información–. Y no es para menos. Se trata de un caso emblemático por su historial y sus implicaciones.

Un tema que frecuentemente encontramos en los documentos producidos por los obispos de Venezuela, es el de la comunicación social. Aquéllos, siempre, luego de apreciar la importancia y reconocer elementos positivos de los medios, hacen una seria crítica a la forma en que se desenvuelven, señalando, al mismo tiempo, horizontes del "deber ser" en este ámbito. La libertad, don divino por excelencia al ser humano, ha de ser ejercida con responsabilidad, en la verdad hacia el bien. En esta línea, el sentido último de la comunicación es la comunión, verdadera unidad, solidaridad, fraternidad de los seres humanos, en apertura a la comunión con Dios.

El Concilio Plenario de Venezuela, en cuyos inicios de aplicación nos encontramos, trata detenidamente esta cuestión en el documento La Pastoral de los Medios de Comunicación Social, el cual, después de identificar luces y sombras en la situación, ofrece principios y criterios, para concluir con líneas de acción tocantes a la Iglesia en su conjunto y a todos los miembros del Pueblo de Dios.

La comunicación social, y, en concreto, los medios, encierran un potencial inmenso de progreso humano y cristiano, que ha de ser aprovechado con gran responsabilidad social y delicado sentido ético y religioso, en el marco de una auténtica libertad de expresión efectivamente garantizada por el Estado.

En su defensa de esta libertad, la Iglesia no procede ingenuamente, ignorando lo que se tiene que cambiar y mejorar en la realidad.

Su perspectiva es de serio discernimiento, en el cual se refleja de modo indudable su aprendizaje histórico. Su preocupación no se encierra en lo que interesa a la Iglesia, sino que se abre a los derechos y aspiraciones de la entera sociedad. En esto sucede como en lo educacional: los requerimientos y anhelos de la sociedad pluralista, democrática, los asume y tiene que asumir la Iglesia.

Considero oportuno traer aquí algunas enseñanzas del Concilio Plenario de Venezuela: "La libertad de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales, que permite el desarrollo integral del hombre, lo conduce en la búsqueda de la verdad y constituye una herramienta para la participación y defensa de la democracia. Mediante la libertad de expresión la persona puede emitir juicios críticos sobre diversos temas. Esta libertad da lugar a una opinión pública informada y mejor preparada para la toma de decisiones".

"En ocasiones las instituciones que detentan el poder, por motivos políticos o económicos entre otros, coartan la libertad de expresión, amedrentando, interviniendo, manipulando las políticas comunicacionales, estableciendo normas y reglamentos limitantes, controlando los medios y creando legislaciones coercitivas que ahogan la libertad de expresión y violan el derecho a la información".

"En nuestra sociedad la intolerancia, que no formaba parte de nuestra cultura, ha aparecido con tal fuerza que cataloga la disidencia como enemiga y es una grave amenaza para el ejercicio de la libertad de expresión".

"Los medios de comunicación social permiten que la libertad de expresión pueda ser ejercida.

Prensa, radio, TV, cine, teatro, Internet, publicidad..., se convierten en los canales a través de los cuales los comunicadores sociales llevan a cabo la misión propia de su misión: informar, formar y entretener sin ningún impedimento, amenaza, discriminación, intimidación, persecución o cualquier tipo de coacción".

Viene a la memoria lo que don Quijote, en la campaña rasa, liberado ya de los requiebros de Altisidora y sintiéndose con espíritu renovado, dijo a su fiel escudero: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres" (Parte II, capítulo LVIII).

La libertad ha de ser responsable. Pero primero tiene que ser libertad.

El caso de RCTV no puede interpretarse como un hecho aislado, sino en el marco de una Venezuela que necesita con urgencia la afirmación y consolidación de un auténtico pluralismo democrático, del cual la libertad de expresión es condición indispensable.








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