HUGO CHÁVEZ CRIPTO-CAPITALISTA / Sinergia con el Diablo

Por Venezuela Real - 8 de Enero, 2007, 10:47, Categoría: Prensa Internacional

"Chávez a pesar de su egocentrismo conoce sus limitaciones y actúa con fría racionalidad. El comercio con USA, tiene su razón de ser, en que la primera economía del mundo necesita petróleo y nosotros siempre hemos sido un suministrador seguro, y lo srguiremos siendo con Chávez, mientras esté en el poder.

New Yorker / Noticiero Digital
James Surowiecki
08 de Enero de 2007


Hace un año activistas y políticos progresistas descendieron sobre Caracas, Venezuela, para el Foro Social Mundial, algo así como una conferencia de Davos para la izquierda mundial. La gente se congregó en el Caracas Hilton para escuchar a los paneles de discusión sobre los males del neoliberalismo y la amenaza impuesta por la hegemonía de los Estados Unidos, y Hugo Chávez, presidente de Venezuela, dio un discurso a una muchedumbre de unos diez mil en el que los convocó a "Socialismo o Muerte."

Fue una llamativa demostración de la importancia de Chávez como símbolo del anti-capitalismo. Sin embargo, unos seis meses antes, en el mismo hotel, el gobierno de Chávez había invitado a una reunión de luminarias internacionales algo diferente. Los asistentes eran hombres de negocios norteamericanos y la reunión era una feria comercial prevista para convencer a las compañías americanas de que Venezuela era amigable a la inversión extranjera, impaciente de ampliar su comercio con los E.U.A.

Para la gente de la izquierda y de la derecha, Hugo Chávez es algo así como un Castro de los días modernos, un virulento líder antinorteamericano que se ha colocado a sí mismo como la punta de lanza de la "Revolución Bolivariana" de América Latina." Chávez impulsa un "Socialismo del siglo XXI," y regularmente lanza ideas económicas radicales; durante su reciente campaña para la reelección, sugirió que puede llevar a Venezuela a un sistema de trueque. Cuando habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, un día después del presidente Bush, dijo, "el diablo estuvo aquí ayer." Y, justo el pasado mes, después de que fuera reelegido de forma aplastante a la presidencia, dedicó su victoria a Castro y proclamó "otra derrota para el diablo que intenta dominar el mundo."

La retórica de Chávez puede no estar fuera de lugar en "el pequeño libro rojo," y con todo, la vida diaria de muchos venezolanos luce hoy como el catálogo de Neiman-Marcus. Gracias al auge en el precio del petróleo, muchos venezolanos se han estado complaciendo en un consumismo desenfrenado que puede incluso sorprender a un norteamericano. En el último año, las ventas de automóviles se han duplicado, los precios de las propiedades se han elevado (los préstamos hipotecarios han subido trescientos por ciento) y, gracias a este frenesí de compras, los préstamos de tarjetas de crédito casi se han duplicado.

Y aunque Chávez ha hecho un buen trabajo en redistribuir la renta petrolera a los venezolanos pobres, vía las llamadas misiones, diseñadas para mejorar la educación, el cuidado médico y la vivienda, y ha forzado las compañías petroleras a renegociar contratos, no ha habido ninguna nacionalización de la industria, ha habido relativamente poca interferencia con los mercados y solamente pequeños gestos para reformar la propiedad de la tierra. Si esto es socialismo, es el socialismo más amistoso hacia los negocios que se ha ideado jamás.
Incluso más extraño, la demonización de Chávez hacia los E.U.A. ha tenido poco o nada de impacto en los negocios entre los dos países. Los E.U.A. continúan siendo el socio de negocios más importante para Venezuela.

Mucho del comercio es petróleo: Venezuela es el cuarto proveedor de los E.U.A., y los E.U.A. son el cliente más grande para Venezuela. Pero el flujo del comercio va en ambas vías y en muchos sectores. Los E.U.A. son el exportador más grande del mundo hacia Venezuela, con un tercio de sus importaciones. El horizonte de Caracas se adorna con publicidad de Hewlett-Packard y de Citigroup, y Ford y G.M. son líderes de mercado allá. Aún cuando la retórica de Chávez ha llegado a ser más extrema, los dos países se han hecho mucho más cercanos: el comercio entre los E.U.A. y la Venezuela aumentó treinta y seis por ciento en el último año.

Chávez ha sido el beneficiario de un timing excelente: los precios del petróleo se han quintuplicado desde que él asumió el control, permitiéndole repartir miles de millones de dólares a los pobres. Pero ha hecho poco para diversificar la base industrial de la nación y para disminuir la dependencia económica del petróleo, mientras que sus tibios proyectos con empresas o cooperativas del estado no tienen ningún impacto económico significativo.

El resultado es que los lazos entre los E.U.A. y Venezuela realmente se han fortalecido. Y es poco lo que Chávez podría hacer para aflojar esos lazos sin arruinar su economía; la mayor parte del petróleo venezolano es pesado y sulfuroso y las refinerías mejor equipadas para procesarlo están en los E.U.A..

Es mucho más fácil y más barato enviar el petróleo de la Faja del Orinoco a Corpus Christi que a una refinería en Shangai. En cualquier caso, no es claro que la mayoría de los venezolanos deseen aflojar esos lazos; Venezuela ha sido tradicionalmente más amiga de los E.U.A. que otros países suramericanos.

El béisbol es más importante en Venezuela que el fútbol y hay franquicias de Subway y de McDonald por todo el país.

La paradoja es que el antiamericanismo de Chávez es central para su discurso global, mientras que los consumidores y las compañías americanas son centrales para los resultados económicos de su régimen.

Así pues, mientras que él va por el mundo dando discursos acerca de cómo debería matarse la gallina, él confía en sus huevos de oro para mantenerse en el poder.

Esto podría parecer una situación que no puede mantenerse, y tanto los partidarios y como los detractores de Chávez asumen que, bastante pronto, sus acciones comenzarán a concretar su retórica: cortará los suministros de petróleo a los E.U.A. o cosas similares.

Pero una hostilidad ideológica y política profundamente arraigada entre los países no es a menudo un obstáculo para hacer negocios, como se podría pensar. Japón, por ejemplo, es el segundo socio comercial de Corea del Sur, a pesar del hecho de que el resentimiento coreano hacia Japón es muy alto, gracias a una larga historia de imperialismo japonés en la región.

China, mientras tanto, trata a Taiwán como una provincia rebelde, y ha amenazado con acciones militares si procura declarar su independencia, pero el comercio exterior entre los dos países es de casi sesenta y cinco mil millones de dólares.

A diferencia de lo que creyeron los pensadores de la Ilustración como Thomas Paine, el comercio no lleva siempre a la paz en su estela, "funcionando para que la humanidad cordialice." (Piénsese, después de todo, en la primera guerra mundial).

Pero las ventajas del comercio sirven a menudo de excusa para el más grave de pecados. A veces, tiene sentido hacer negocios con el diablo.


Versión original en inglés






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