Ley habilitante y socialismo

Por Venezuela Real - 9 de Enero, 2007, 13:16, Categoría: Política Nacional

Editorial
El Nacional
09 de Enero de 2007    

El Presidente de la República sorprendió ayer a todos los venezolanos, de oriente a occidente y de norte a sur, y a grandes sectores del extranjero, directa o indirectamente vinculados con nuestro país. En una palabra, no esperó el día de la toma de posesión como mandatario reelecto, la cual está programada para mañana, para formular los programas gubernamentales. Cuando ya se acercaba al final de su discurso de elogios y agradecimientos, el Presidente retomó alientos y adelantó lo que probablemente tenía reservado para la ceremonia de su investidura. Así, tomó desprevenido a todo el mundo, en primer lugar a los nuevos ministros que estaban siendo juramentados, y también a los que se iban, quienes de alguna forma añadieron razones de alivio a las que ya tenían. Por lo menos, así se leyó en los rostros de algunos de ellos.

Quienes no tendrán alivio ni reposo, tranquilidad ni con fianza, serán los venezolanos y, sin duda, los extranjeros que conviven con nosotros, o aquellas empresas que, fundadas en nuestra Constitución y leyes, han hecho importantes inversiones en nuestro país. El mensaje que se les dio a unos y a otros no sólo fue inesperado, sino que trasmitió otra característica de la etapa que, al parecer, se consolida en Venezuela: la toma unilateral de decisiones, sin que hayan mediado ni consultas ni intercambios de opiniones, en asuntos de tan extraordinarias implicaciones para la economía y para la sociedad, como para nuestras relaciones con otras naciones.

Como si se tratara de algo extremadamente banal, el Presi dente de la República anunció la nacionalización de la Cantv y de "todas las empresas privatizadas en años anteriores", incluso, debe entenderse, aquellas que son parte de Estados o capitales de nuestra región. La repercusión de tales anuncios en América Latina fue inmediata, pues estas políticas revolucionarias afectarán de manera fatal a todos los procesos de integración, especialmente el de Mercosur, como a las relaciones con otros países.

Si bien Venezuela es una nación soberana, no es menos cier to que forma parte de un conjunto de Estados que comparten compromisos ineludibles sobre sus regímenes económicos y políticos. No sólo la solicitud de una ley habilitante para establecer el socialismo, sino el conjunto de leyes que, según expresión presidencial, están ya redactadas, produjo ayer tarde un gran shock dentro y fuera de Venezuela. Frente a una Asamblea Nacional que no discute las solicitudes presidenciales, sino que las acata y obedece como órdenes, parecería que es poco lo que queda por hacer.

No obstante, es preciso insistir en la necesidad de un debate claro y franco sobre las nacionalizaciones de grandes empresas de servicios públicos, la eliminación de la relativa autonomía del Banco Central de Venezuela y sobre una ley habilitante que llevaría hasta sus extremos la discrecionalidad que el Gobierno viene practicando sin limitaciones. Esto no es socialismo, ni del siglo XIX, ni del siglo XX ni del XXI. Ni los altos precios del petróleo, ni las reservas internaciona les por altas que sean, constituyen razones suficientes para suponer que el Estado venezolano esté en condiciones de asumir obligaciones financieras de tan inmensas dimensiones. Además, esas empresas prestan servicios públicos muy eficientes, utilizan tecnologías de avanzada y están consideradas como generadoras masivas de empleo. Por otra parte, como contribuyentes, aportan recursos considerables al Estado. Su nacionalización, que exige grandes desembolsos financieros, puede convertirse en un bumerang pues si caen los ingresos petroleros nos pueden arrastrar a una crisis económica sin precedentes.

El mundo y América Latina van por otros caminos. Recono cen las realidades, y sin dejar a un lado las aspiraciones de reformas profundas de nuestras sociedades, se buscan fórmulas para que los Estados sean eximidos de asumir todas las responsabilidades juntas. Esto es lo que explica la integración en Latinoamérica. Hacia esas metas debemos orientar nuestros pasos. Pero no debemos caer en el espejismo de que los altos precios petroleros se mantendrán para siempre y continuarán llegando dólares sin tregua.

El Estado venezolano es poderoso, pero no tan todopodero so como se supone. Todo es posible, menos aceptar que decisiones de esta naturaleza se lleven a cabo sin un análisis amplio, en el cual participen los más diversos sectores nacionales. El shock provocado por los anuncios presidenciales de ayer puede evidenciar las implicaciones nefastas de esas medidas.







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