El irrespeto al Banco Central

Por Venezuela Real - 12 de Enero, 2007, 12:10, Categoría: Economía

Editorial
El Nacional
12 de Enero de 2007


La autonomía del Banco Central de Venezuela, consagrada en la Constitución nacional bolivariana, ha sido cuestionada por el jefe de Estado y considerada como parte de una "concepción neoliberal". El profesor Maza Zavala, miembro del directorio del BCV, insospechable de ser neoliberal y una voz tradicionalmente moderada, ha refutado la posición del mandatario y considera que "para poder ejercer sus funciones, el Banco Central necesita ser autónomo". El debate parece rebuscado. A través de su historia el instituto emisor, fundado en 1941, ha sido legalmente unas veces compañía anónima, otras autónomo y otras dependiente del Ejecutivo nacional, de acuerdo con las formalidades legales que lo regían. Tales formalidades no le han impedido actuar con independencia de criterio, que es el asunto que está verdaderamente en juego.

Y ha podido hacerlo en una y otra circunstancia legal por que en cada caso ha habido respeto a sus decisiones técnicas. De ellas depende la fortaleza del bolívar y la estabilidad de los precios. Por tanto, sus decisiones son fundamentales para determinar la capacidad adquisitiva de los hogares venezolanos. En este sentido el debate no se refiere a un asunto lejano que sólo afecta a los poderosos, sino que incide directamente en el bolsillo de cualquier venezolano, por muy humilde que éste sea.

Además, el problema no sólo es la autonomía del Banco Cen tral sino el respeto a las instituciones. Si se encomienda al BCV la autoridad monetaria y se designa para administrarlo a quienes conocen la materia, los otros poderes del Estado deben considerar y respetar sus criterios, de la misma manera en que el instituto emisor tiene que evaluar las políticas económicas del Ejecutivo, como un dato relevante a tener en cuenta, más que como un objeto de crítica. El respeto a los criterios del Banco Central, indispensable para un buen manejo de la economía, se ha mantenido en Venezuela en toda circunstancia, incluso en épocas dictatoriales. A la caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez se mantuvo en su puesto al presidente del BCV, hasta el final de su mandato. Durante la democracia, los poderes entrantes respetaron a los escogidos por los gobiernos anteriores. Eso resultó saludable para el instituto emisor y, por ende, para el resto de las instituciones. Lo condenable de la actitud del presidente Chávez con res pecto al Banco Central no radica en el régimen legal que pueda regirlo, sino en el atropello a las instituciones, incluyendo a la nueva Constitución que él mismo propició. Durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, mediante una Ley Habilitante (¡Vaya coincidencia!) se nacionalizó el BCV y se reformó la ley que lo regía. Pérez logró (¡otra coincidencia!) que los ministros del gabi nete ejecutivo pasaran a constituir la mayoría en el directorio de la institución, pero se respetó la independencia del ente emisor. Y ello debido en buena parte a la autoridad moral que detentaron sus presidentes, Alfredo Lafée y Benito Raúl Losada, que manejaron los asuntos monetarios seriamente. Pero estos últimos años, a pesar de la autonomía formal –y hasta constitucional– del Banco Central, se ha irrespetado la independencia de sus criterios técnicos y se le han impuesto los rumbos a seguir, incluyendo la entrega de las reservas internacionales a la discrecionalidad manirrota del Presidente de la República. Empezaron por la humilde exigencia de "un millardito" y ya se han ido sumando varios.

Además del problema teórico que plantea el profesor Maza Zavala, está el hecho práctico e impúdico de que ahora todas las instituciones deben regirse por la voluntad y los caprichos de un jefe único. Lo que en el caso de los asuntos monetarios significa, además de los inconvenientes éticos del caso, una bomba de tiempo para la estabilidad económica de la nación. Hoy pudiera decirse que no hay nada más parecido a las aspiraciones del socialismo del siglo XXI que las de la cuarta república de los setenta y los ochenta. En ambos casos, el Banco Central no tenía autonomía; la Cantv, las empresas de agua y eléctricas (con excepción de Caracas y el Centro) eran del Estado; y se aspiraba a un control total por parte de la nación de la industria petrolera. Esto último se obtuvo plenamente y no como ahora que es sólo un disfraz.

La diferencia consiste en el trato autoritario con las institu ciones, es decir, el irrespeto a la voluntad plural de la nación. Esto se pone de relieve porque hoy, además de un partido único, se depende de una voluntad única, que actúa de acuerdo con sus caprichos.





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