El poder absoluto

Por Venezuela Real - 22 de Enero, 2007, 16:43, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Editorial
El Nacional
22 de Enero de 2007

Ayer se acabó la calma dominical y el Presidente de la República retomó sus sermones políticos con los cuales alimenta los títulos de los periódicos y los programas de radio y televisión. Pero además, puso fin a la tranquilidad de sus colaboradores más cercanos a quienes critica, increpa y fustiga en público innecesariamente, porque para ello existen en Miraflores audiencias privadas, más propias para reclamar, exigir y controlar el ritmo y el sentido del trabajo ministerial, sin someter al funcionario a una humillación injustificada, tanto más dura y cruel si viene de su adorado jefe supremo.

Este comportamiento presidencial tan cultivado durante la quinta república, no indica para nada un respeto revolucionario por el ser humano, ni tampoco refleja el sentido de compañerismo que debe establecerse entre quienes marchan unidos y solidarios en un proyecto común de transformación de la sociedad. Lo que este maltrato público revela es la esencia autoritaria y militarista que subyace en el comportamiento presidencial, basado en su experiencia en la Escuela Militar, donde el cadete aprende que la disciplina no es sólo obedecer órdenes sino aguantar callado las humillaciones de sus superiores. Pero cuando se llega al mundo civil y democrático, y se con sidera con seriedad el respeto debido al ser humano, independientemente de su condición social, credo o sexo, entonces nos preguntamos si la reiterada conducta presidencial de someter a los demás al escarnio público es un rasgo fundamental del socialismo del siglo XXI.

Hace poco le dijo a sus aliados políticos que debían incorporarse sin chistar a su partido único de la revolución, y que cualquier intento por discutir, analizar y debatir una medida tan trascendente para un militante como lo es enterrar ipso facto su partido que ayudó a fundar, es lo más cercano a ser traidor a la patria. Nada más ayer, el Presidente de la República negó que estu viera en sus intenciones someter bajo su control al resto de las instituciones del Estado. "No hay ninguna intención de subordinar todos los poderes a la presidencia, es al revés", dijo el mandatario refiriéndose a la entrevista publicada ayer por El Nacional con la historiadora Margarita López Maya. En el texto en cuestión, la entrevistada señala que "se ha ido minan do la capacidad de autonomía e independencia del pensamiento dentro del chavismo. Hay descontento; acá se están tomando decisiones sorpresivas, apresuradas, sin consultas de ninguna clase". Lo honesto, lo valiente y lo fundamental de esta reflexión es que alimenta un debate que en Miraflores consideran superfluo cuando, a la luz de las preocupaciones generales del país, resulta un acto fundamental. No hay transformación válida, sea social, cultural o política, si históricamente no va acompañada de una revolución de las ideas, de la crítica y de la práctica de la síntesis, pero eso es mucho pedirle a un militar de carrera, que sólo está programado para la obediencia y el sometimiento a sus superiores.

En realidad, pocas voces pueden participar en el debate sobre las características del socialismo que se desea implantar en Venezuela como la de la profesora López Maya. En primer lugar, conoce a fondo las doctrinas políticas y las relaciones de nuestro país con Estados Unidos, un tema clave. Pero si sus aprensiones o deseos de esclarecimiento sobre determinados asuntos generan respuestas ásperas, inconvenientes, o indebidas, eso significa que se trata de impedir todo tipo de diálogo, y que el "socialismo del siglo XXI" será lo más antidemocrático y anacrónico que uno pueda imaginarse. De ahí que debemos hacer un gran esfuerzo para que dis cutamos algo que nos concierne de manera muy profunda. Sea cual fuere la posición oficial, este es un debate en el cual debemos persistir los que deseamos para Venezuela formas políticas avanzadas, pero que garanticen los derechos de una sociedad pluralista y la libertad de expresión y de conciencia. Esto es lo que debe prevalecer. Pero cuando se habla del socialismo del siglo XXI se exclu ye la disidencia y el debate, porque el fundamento político de la idea central (que no sabemos todavía qué es) resulta floja, fofa, acomodaticia y sumisa a las ideas del jefe. Revela además, por contraste, las carencias y las insuficiencias ideológicas y políticas del "comandante de la revolución", que ante el reto de redimensionarse a sí mismo para estar a la altura de la ilusión de heredar a Fidel Castro se da cuenta de que está desnudo de conocimientos históricos y de formación teórica. Poca cosa.







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