La gasolina y sus peligros

Por Venezuela Real - 26 de Enero, 2007, 13:44, Categoría: Economía

 El editorial pone los puntos sobre las "ies", porque se sabe que esos recursos que se sacan del bolsillo de los venezolanos, irán a parar a manos de gobiernos extranjeros para que se gasten en sus países. Un nacionalismo, muy mal entendido por la revolución socialista.

Editorial
El Nacional
26 de Enero de 2007

El domingo pasado el Presidente de la República anunció un aumento en los precios de la gasolina, e instruyó al ministro de Finanzas para que presente de inmediato una propuesta "que no afecte el precio de los ali mentos ni la inflación". Desde luego que tal propuesta es imposible de elaborar. Aunque se instituyera un estricto control de los precios de los bienes y servicios, lo cierto es que un alza en los combustibles significaría mayor inflación, por la simple razón de que la gasolina está presente en todos los sectores de la vida económica nacional.

De manera que el ministro de Finanzas debe estar dándose de cabezas contra la pared para intentar cumplir la orden de encontrar la cuadratura del círculo. Es de esperar que no sea regañado en el programa televisivo de este domingo por no haber cumplido oportunamente con esa instrucción. Pero también es probable que los efectos del incremento de los precios de la gasolina sean negados y escondidos primorosamente debajo de la alfombra, como se hizo este año con la inflación, maquillada para que sólo demuestre 17% de incremento. No obstante, debe reconocerse que aumentar la gasolina es una medida que tiene su justificación. Los precios se han mantenido iguales durante años y han perdido toda relación con el valor que tienen los combustibles en el mercado internacional, y también con el sistema de precios de la economía doméstica. En otros países, la gasolina cuesta entre diez y veinte veces más que en Venezuela. Al venderla tan barata, Pdvsa deja de ganar inmensas cantidades de dinero que pudiera obtener en caso de exportarla.

De modo que se trata de un subsidio que los sucesivos gobier nos de la cuarta y la quinta le han otorgado indiscriminadamente a la población, y que provoca el uso incontrolado de un recurso que constituye la principal fuente de ingresos del país. Y peor aún: el precio actual de la gasolina es inferior a su costo de producción, por lo cual Pdvsa no sólo deja de ganar al expenderla, sino que directamente le causa pérdidas. En ese sentido tiene razón el presidente Chávez, al igual que Carlos Andrés Pérez, cuando afirma que "en verdad es una grosería venderla a ese precio: mejor sería regalarla".

El problema real es que aunque se incremente el precio de todas maneras el dinero que se obtenga se va a seguir regalando a Cuba, Argentina, Ecuador, Bolivia, etcétera. Porque si bien hoy el precio es un subsidio, lo que se obtenga de su aumento se va utilizar para otros "subsidios" (o ayudas a los pueblos hermanos), que representan la mayor parte de los gastos de petródolares. Si se substituye un subsidio por otro, el problema no radica en la pérdida que se produce, sino en ponderar si la pérdida está justificada. Una razón adicional que justifica un aumento del precio de la gasolina es que los niveles actuales promueven un despilfarro de energía muchísimo mayor que los bombillos incandescentes que trata de sustituir la Misión Energía, copia fiel de los esfuerzos de Fidel Castro por disminuir las importaciones de petróleo. En las condiciones actuales y tomando incluso en cuenta todos los argumentos a favor, la medida anunciada por el Presidente, que sorprendió a todos los venezolanos, resulta impopular e inoportuna. Impopular, porque el efecto inflacionario de la misma resulta inevitable: subirán los precios del transporte y de los alimentos, y el efecto lo sentirán los sectores más pobres.

Inoportuna, porque cuando se tiene la mayor inflación de Amé rica Latina y las autoridades han sido incapaces de cumplir sus propias metas respecto al aumento general de precios, el incremento de la gasolina significará inevitablemente un aumento de costos para los industriales, transportistas y comerciantes que se reflejará en mayores precios para los consumidores. De forma que se alimentará la espiral inflacionaria que se ha venido creando durante los últimos años y ante la cual el Gobierno luce cada ves más impotente. Con ello se irá disminuyendo la capacidad de compra de los venezolanos, particularmente de quienes menos tienen. Si bien el aumento de los precios de la gasolina es una medida que apoyaría cualquier economista, y que desde hace muchos años ha venido recomendando el Fondo Monetario Internacional, es de hecho una medida impopular, de neto corte neoliberal y antibolivariano, que puede aumentar la inflación a proporciones alarmantes y llegar a hacerse combustible de la protesta popular. Tal como amarga y dolorosamente lo experimentó toda Venezuela, y en particular Carlos Andrés Pérez, en 1989.
 





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