¿Socialismo venezolano?

Por Venezuela Real - 29 de Enero, 2007, 13:16, Categoría: Política Nacional

 Según Chávez, el único que sabe como será su proyecto socialista, "no vamos hacia otra Cuba", pero se identidfica con Fidel y sus cuarente y ocho años en el poder.

Editorial
El Nacional
29 de Enero de 2007 

Luego de las elecciones de diciembre, el gobierno ha retomado el ritmo de los programas dominicales. Eso indica que el presidente de la República se encuentra temporalmente en Venezuela, lo cual puede ser tanto una buena noticia como una mala. Paradójicamente, el hecho de que esté en el país significa que, al menos, alguien se ocupa de la cosa pública y que se toman decisiones que de otra manera permanecerían en limbo. Pero también puede significar que se le suelte la imaginación y se desbarranque la voluntad de gobernar por una falla de borde, proseguido por un diga que te diga a nacionalizar hasta la forma de cantar en el llano adentro o a subir la "gasolina de lujo" y a fundar utópicas comunas y pueblos dentro del espíritu socialista del siglo XXI, que sigue siendo un espíritu sin hueso y sin carne donde morder con ahínco. No obstante, el país vive un renacimiento de los temores colectivos y del debate público de lo que en verdad llegará a ser el bendito socialismo del siglo XXI.

Para explicar lo inexplicable, es decir, para tratar de imaginar el rompecabezas antes de ser concebido, y conocer las piezas antes de ser colocadas en la mesa, el presidente de la República soltó el domingo algunas pistas clave sobre lo que tiene in pectore, y que todavía está verde como para explayarlo completamente ante la opinión pública. Pero algo es algo, y vale la pena analizarlo con cierta precaución. En primer lugar, se refirió ayer al hecho fundamental de que su proyecto socialista "es diferente al modelo cubano, y que respetará la propiedad privada y la economía mixta". ¿Qué significa esto? ¿Qué puede haber de nuevo en esta declaración, que suena más bien a calmante para los nervios? Desde luego que, más allá de la emocional e intensa guerra de la propaganda, todo analista serio sabe que no vamos hacia otra Cuba, que el sistema cubano no tiene cabida en Venezuela y que el fracaso del modelo cubano lo hace inviable a los ojos de las grandes mayorías.

 La gente ha apreciado la lucha del pueblo cubano por alcan zar una independencia y una soberanía frente a Estados Unidos, e incluso la asocia históricamente con la rebeldía política vigente en nuestra región. Pero los sacrificios impuestos a los cubanos en el plano de los bienes materiales y de las libertades democráticas, así como la estricta clausura del camino a la modernidad, han generado una amplia gama de interrogantes sobre la verdadera naturaleza de este interminable sacrificio colectivo. Hoy lo que se pregunta la mayoría de los cubanos es si el experimento revolucionario llegará alguna vez al bienestar material y espiritual que todo ser humano busca incansablemente. No existe respuesta, y si llegara a existir vendría envuelta en un manto de pesimismo: en este momento, cualquier perspectiva de cambio está ligada a un prosaico parte médico sobre el máximo líder y a una evaluación del estado de salud de su hermano. ¿Dónde quedan las leyes del materialismo histórico, del socialismo científico?

En Venezuela, el jefe del Estado advirtió que su Socialismo del Siglo XXI tiene sus particularidades y que una de ellas es que propone un modelo de economía mixta. "No negamos la propiedad privada". Pero, ¿cómo negarla, si el propio régimen la ha incentivado con sus políticas de créditos hacia las clases populares y, en especial, a los burócratas de nuevo cuño que acceden a la adquisición de propiedades, que antes le estaban vedadas? ¿Se les va a decir ahora que renuncien a los bienes adquiridos y al estatus que han alcanzado por sus servicios a la revolución? Desde luego que la propiedad privada seguirá vigente, pero como una señal de estatus revolucionario, de cooperación y de acatamiento del nuevo orden. Será sagrada, a pesar de los insultos y de los estigmas que pesen sobre ella porque, en última instancia, será siempre el pegamento social y político que necesita la revolución. ¿Acaso 300.000 carros nuevos vendidos el año 2006 y quizás la misma cifra o superior en 2007 no significan un alimento espiritual y material para los novísimos revolucionarios? ¿Y la hemorragia de créditos bancarios para adquirir centenares de viviendas no insuflan ánimo a la propiedad privada?

El presidente de la República afirma: "Quienes pretendan decir que yo estoy siguiendo los lineamiento de Fidel no tienen ni idea de cómo avanzan los procesos históricos". Todo muy lógico, pero al final descubre su ego o su juego: "Soy cuartelero. A mí me gusta la guerra, la guerra relámpago". Como Fidel.






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