Jugando banco

Por Venezuela Real - 31 de Enero, 2007, 10:48, Categoría: Política Nacional

 Siguiendo al máximo lider en sus prédicas radicales, cada uno de sus fieles seguidores, intentan superarlo, Cabello con la expropiación del aeropuerto Caracas, Acosta Carles con la estatización del Magallanes, Mora con el compromiso de apoyar la reforma constitucional desde el TSJ, y ahora Iris Valera con su revolucionaria idea "de diputados por un día".

Marianella Salazar
El Nacional
31 de Enero de 2007    

La diputada Iris Varela ha hecho de su trabajo político –tan beligerante– todo un género literario, aunque ignorado inexplicablemente por grupos editoriales como Alfadil, Libros Marcados, Random House Mondadori, Cátedra Pío Tamayo o por el autor Alberto Garrido, dedicado a analizar en artículos y publicaciones todo lo concerniente a la revolución bolivariana y a sus personajes. En la figura de la Comandante Fosforito los editores tienen un filón que han venido desperdiciando. Es fundadora del MBR-200 y del Movimiento V República en el estado Táchira, representa –junto con la otra comandante, Lina Ron– uno de esos prototipos revolucionarios, comprometida desde su melena encolerizada hasta las cutículas, con la causa dictada por el máximo líder. Iris podría ser considerada como la revancha del sector femenino sobre dominios estrictamente masculinos, especialmente en eso de la ferocidad y la violencia verbal.

Sus gestos y palabras sin medida, repletos de iras, han marcado un estilo de confrontación propio del auténtico ser revolucionario durante el proceso de transición hacia la construcción del Socialismo del Siglo XXI. Una transgresora nata que sin duda dará sus dolores de cabeza al próximo Partido Socialista Unido de Venezuela. La Varela ofreció la semana pasada una pequeña muestra de sus capacidades en plena sesión cuando fue derrotada y no se dejo apabullar por la presidenta de la Asamblea, que infructuosamente pretendió cercenarle el derecho de palabra.

Es pública la aprensión de Cilia Flores contra la Fosforito y viceversa, si no fuera por la ausencia del debate parlamentario, que es el reclamo de la polémica tachirense, podrían irse a las manos o agarrarse por las greñas, pero las maneras cada vez más refinadas de la flamante presidenta impedirán que caiga ante la provocación de cualquier refriega como las escenificadas en períodos muy recientes, cuando ambas eran más felices y afortunadas: una como jefa de la fracción parlamentaria, que fijaba líneas partidistas y azuzaba; la otra, cuando lanzaba insultos de grueso calibre y arañaba previas patadas de la bancada de oposición. Eran tiempos en que desde el público tarifado se abucheaba y lanzaba contra la humanidad de los diputados oposicionistas, además de piedras, una que otra clara con su respectiva amarilla de huevo que chorreaban por los trajes de los representantes de los extintos partidos políticos. Pero en esta Asamblea, absolutamente teñida de rojo, la diputada Varela, que ha demostrado hasta el cansancio ser una excelente fajadora (desde su inmunidad parlamentaria ostentó un poder inmisericorde cuando solicitaba exámenes toxicológicos a figuras del periodismo, o demandaba por igual a una línea área doméstica por un cacerolazo a bordo o al mismísimo Presidente de Colombia ante una corte internacional por apoyar supuestamente a los paramilitares en la frontera), ahora ha tenido que sublimar toda su capacidad creativa y ha propuesto que se les dé carácter de parlamentarios aunque sea por un día a los representantes de la oposición. No faltarán voluntarios: los imprescindibles salvadores pertenecientes a la desnaturalizada "oposición light".

Un final previsto

La propuesta de la diputada no parece una tomadura de pelo, es en cierta medida lógica, quiere trabajar y justificar el sueldo. No es por hambre de gloria que quiere pelea, dejar de jugar banco y evitar el sufrimiento de caer en el más duro ostracismo. Es por desesperación.

Después de haber acosado y atacado tan despiadadamente a la oposición, muchas veces sin el menor respeto a la verdad, lo importante es que reconoce lo necesaria y valiosa que es para el debate parlamentario. "Un Parlamento sin debate es un Parlamento muerto", afirmó; lo que equivale a reconocer que ahora no es legítimo y que el ejercicio de la discusión con el contrario podría devolverle, si no la autonomía, por lo menos la legitimidad perdida. Su actuación en la plenaria del pasado jueves fue políticamente correcta; de seguir por esa recta, que no le sorprenda a nadie que le den la palabra para que se dé por "disuelta".





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