En Venezuela es más rentable ser importador que industrial

Por Venezuela Real - 5 de Febrero, 2007, 16:19, Categoría: Economía

 Siempre que la moneda se sobrevalúa, es muy rentable ser importador, pero el que verdaderamente genera desarrollo sustentable y empleo productivo es el que produce bienes para el consumo nacional y vende en el extranjero el excedente.

KATIUSKA HERNÁNDEZ
El Nacional
05 de Febrero de 2007   

El control de precios de los alimentos básicos genera pérdidas a la agroindustria, que está condenada a desaparecer y convertirse en comercializadora de productos importados, advierte el economista José Manuel Puente. En cuatro años de regulación, los consumidores se han visto afectados por los altos precios y la escasez de los productos de la cesta básica, que son desviados al comercio informal

Las palabras especulación y escasez ya forman parte de la vida cotidiana de Soledad Espinosa, quien cada mes acude al mercado de Quinta Crespo en Caracas a comprar los alimentos de la familia.

"Cada vez que vengo los precios son distintos, siempre hay especulación. Por ejemplo el pollo está carísimo. Antes pagaba 5.000 bolívares y ahora está en 6.500 bolívares el kilogramo. Yo quisiera saber qué hace el Indecu, porque no está ayudando a los consumidores. Y el azúcar no se consigue, el Indecu dice que sí hay azúcar, pero no hay.

Habrá sólo para las empresas de refrescos, porque incluso cuando llega a Mercal hay que hacer una cola de más de dos horas", se queja.

Espinosa, ama de casa que vive en San Agustín del Sur, dice que no hay control de precios que valga, el dinero simplemente no le alcanza para comprar. "La gente no respeta el control de precios, hace lo que le da la gana", denuncia.

Explica que gasta aproximadamente 500.000 bolívares mensuales en la adquisición de algunos productos como granos, cereales, artículos para la limpieza del hogar y de tocador, y alimentos no perecederos que compra específicamente en los supermercados, mientras que para el gasto de carne, pollo, pescado y verduras invierte más de 100.000 bolívares cada quincena en el mercado municipal de Quinta Crespo.

A su juicio, los mercados que organiza el Gobierno en la avenida Bolívar son una solución. Sin embargo, preferiría que al igual que en estos mercados, en los comercios se consiguieran los alimentos pero a precios económicos.

Espinosa cree que es difícil controlar el alza de los alimentos.

Opina que el Gobierno debería ejercer un control más estricto para evitar la especulación.

Y es que 61,3% de la población venezolana, según una encuesta de Datanálisis, esta convencida de que pese a los controles, los precios de los alimentos seguirán subiendo este año. Pero cuando se analiza el papel del Estado para combatir o controlar la especulación, 81% considera que el Gobierno debe fijar los precios de los alimentos de la cesta básica.

Agroindustria debilitada

Desde hace cuatro años los precios de los alimentos básicos están regulados y no existe ningún tipo de parámetro que permita un aumento gradual de acuerdo con la inflación o con los costos de producción. El economista José Manuel Puente considera que "el control de precios condena a los consumidos a la escasez de alimentos y además limita la producción de las empresas".

Explica que además del efecto directo que tiene el control sobre los consumidores que terminan pagando más por un producto que no se consigue, también se genera una pérdida de rentabilidad en las empresas que elaboran los alimentos regulados.

El economista cita el caso de la empresa de alimentos Kraft que produce mayonesa, la cual tiene el precio congelado desde noviembre de 2003 y no se ha considerado el alza de los insumos (aceite y huevo), además del envase, mano de obra y otros costos de producción.

Puente dijo que las distorsiones que genera un control de precios mal aplicado, y que no establece una variación regular de acuerdo con la inflación, son escasez de alimentos en el mercado formal y su desvío al sector informal con un precio mayor, y una caída de la producción de los bienes controlados.

"Estamos viendo una agroindustria debilitada que trata de obtener cierta rentabilidad con la fabricación de productos no regulados. También es inevitable que muchas empresas, principalmente transnacionales, estén trasladando la producción de esos productos regulados a Colombia o Chile, como ocurre en el caso de empresas procesadoras de atún y de mayonesa".

El economista señala que también se presenta la situación de las pequeñas y medianas industrias de alimentos u otros sectores, que pasan de productoras a importadoras y comercializadoras de bienes.

"El control de precios condena a la agroindustria a desaparecer porque se desincentiva la producción de bienes y servicios, y es más rentable importar y vender", agregó.

La industria manufacturera es la que reporta tasas más bajas de crecimiento, lo que indica que en el país hay una dinámica de que es más rentable importar que producir, reitera.

El sector comercio en 2006 creció 18,6% mientras que la industria manufacturera sólo 10%. "Esto revela que hay una tendencia muy clara a que empresas manufactureras dejen de producir y se dediquen a la importación. En este momento es mejor negocio importar que producir. Lo cual es bastante paradójico si tenemos un gobierno que pretende promocionar la producción endógena y por el otro lado importa bienes terminados".

El año pasado la economía repuntó 10,3% y el consumo privado se elevó en 18,4%, lo que refleja que hay más demanda que productos que la satisfagan, esto evidencia que el país depende más de las compras externas, que crecieron 26,8%.

Racionalizar el control

El economista Ángel Alayón considera que la verdadera solución que tiene el Gobierno para acabar con la escasez de alimentos regulados es ir hacia un proceso de racionalización del control de precios, en el que se discuta con los productores y las industrias un aumento acorde con los costos de producción y la inflación real.

"Este sistema de control de precios realmente ha sido una medida de congelamiento de precios. Estamos llegando a una situación en la que las empresas han dejado de producir los alimentos regulados para evitar la quiebra del negocio".

Considera que el Gobierno debe admitir que este sistema no ha servido para frenar la inflación en los precios de los alimentos, que desde febrero de 2003 hasta la fecha se ha disparado en 152%. Sin embargo, si el Ejecutivo se niega a una eliminación de la medida, la revisión de los precios puede ser una vía para tratar de revertir la escasez. "Ni los productores ni los industriales pueden producir con unos precios de 2003, si cada año los costos de los insumos, materia prima, transporte y manos de obra, se han incrementado", señaló.

Sobre la posibilidad de que el Ejecutivo aplique un subsidio para mantener los precios controlados, dijo que es una salida a corto plazo que puede ser vulnerable a la caída de los ingresos fiscales. "Esta medida ayuda pero coloca a los productores y a los industriales a depender de la capacidad fiscal del Gobierno.

En caso de un descenso de los ingresos no habrá recursos para financiar estos subsidios y la capacidad de las industrias estará afectada por la pérdida de rentabilidad".





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