!MENTIRA!

Por Venezuela Real - 8 de Febrero, 2007, 13:34, Categoría: Política Internacional

Adolfo R. Taylhardat
El Universal
07 de Febrero de 2007


En mi artículo de la semana pasada yo decía que al parecer Chávez no se asesora antes de hablar sobre temas internacionales, o simplemente no hay una cancillería que lo asesore. En su retórica anti-norteamericana, Chávez no se informa sobre los antecedentes históricos ni vacila en tergiversar la historia.

Yo no lo escuché, pero según la entrevista al Embajador de Guyana en Venezuela que publicó El Nacional el domingo pasado (Pág. A-10), Chávez habría afirmado el jueves pasado que la reclamación venezolana sobre el territorio esequibo fue producto de una presión de los Estados Unidos. Al parecer esta afirmación de Chávez nace de una declaración similar que dio el Embajador guyanés a un periódico de su país en la cual aseveró que la controversia habría surgido por presiones de Estados Unidos sobre Caracas para debilitar el régimen de primer ministro de la, para entonces, Guayana Británica, Cheddy Jagan.

Ambas afirmaciones son falsas de toda falsedad y esto lo digo con absoluta autoridad porque personalmente tuve una participación directa en el inicio de la reclamación.

En diciembre de 1961, siendo todavía un diplomático júnior, me encontraba representando a Venezuela en la Cuarta Comisión (asuntos coloniales) de la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando compareció ante esa Comisión, en calidad de peticionario, el Doctor Cheddy Jagan. El Primer Ministro formuló una declaración en la cual afirmó que la Guayana Británica estaba lista para la independencia y fundamentó su afirmación en los principios consagrados en la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, del 14 de diciembre de 1960), la cual se establece que “la falta de preparación en el campo político, económico o social no debe servir nunca para retasar el logro de la independencia por un territorio colonial”. La fecha contemplada por Jagan para proclamar la independencia era el 31 de mayo de 1962.

La intervención del señor Jagan llevó a un grupo de países a presentar un proyecto de resolución para pedir a los gobiernos del Reino Unido y de Guayana que reanudaran inmediatamente negociaciones a fin de llegar a un acuerdo sobre la fecha de la independencia, “teniendo en cuenta los deseos de la población del territorio”.

La Cuarta Comisión decidió postergar la consideración de ese proyecto de resolución para la reanudación de sus labores que tendría lugar en febrero de 1962. En el informe sobre este asunto que elaboré para la Cancillería señalé que seguramente esa sería la última oportunidad que se presentaría en las Naciones Unidas para que Venezuela pudiera formular alguna reserva sobre la eventual reclamación territorial contra la Guayana Inglesa.

A mi regreso a Caracas, donde me desempeñaba como Jefe de la División de las Naciones Unidas de la Cancillería, el 4 de enero de 1962 elaboré un “Punto de Cuenta” para el entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Marcos Falcón Briceño, en el cual reseñé los hecho antes mencionados y propuse que en la oportunidad en que se reanudara la consideración del tema sobre la independencia de la Guayana, Venezuela formulara una declaración categórica para dejar a salvo sus derechos y aspiraciones territoriales, sin perjuicio del cambio en el status político de la entonces colonia. En el mismo documento propuse que Venezuela presentara un proyecto de resolución disponiendo que simultáneamente con el estudio de la cuestión de la independencia de la Guayana se examinara la cuestión de la reclamación territorial venezolana. Propuse también que la declaración en la Cuarta Comisión de la Asamblea General se acompañara con una intensa gestión de Cancillería ante los gobiernos amigos para informarles el fundamento, el sentido y el objeto de la reclamación venezolana y para solicitar apoyo a favor de la gestión que se realizaría en las Naciones Unidas.

Esas recomendaciones fueron acogidas por el Canciller quien las elevó a la consideración del Consejo de Ministros, instancia en la cual, el 4 de febrero, fueron aprobadas íntegramente.  

El 22 de febrero el Representante Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas, Embajador Carlos Sosa Rodríguez formuló una declaración en la cual, al mismo tiempo que expresó el apoyo de Venezuela a la independencia de la Guayana Británica, formuló la exigencia de que “se tomen en cuenta sus legítimos derechos y su aspiración de que se rectifique en forma equitativa la injuria que se le hizo en la oportunidad en que se dictó del Laudo Arbitral de 1899”. Manifestó además la esperanza del gobierno de Venezuela de que ello “pudiera lograrse mediante negociaciones amistosas entre las partes interesadas”

 

De esa manera se inició la reclamación venezolana y comenzó el proceso que condujo a la realización de las reuniones de Ministros de Relaciones Exteriores de Venezuela y del Reino Unido que desembocaron en la reunión tripartita Venezuela-Reino Unido-Guyana, en la cual se firmó el Acuerdo de Ginebra.

Esta es la verdad verdadera y puede ser confirmada con los documentos que reposan tanto en la Cancillería como en Miraflores[1].  En ningún momento hubo en este proceso la más mínima injerencia de los Estados Unidos. Por el contrario, ese país siempre mantuvo siempre una posición de distancia con la reclamación venezolana y de manifiesta simpatía con la proclamación de Guyana como país independiente.

Cabe preguntar si esa coincidencia de Chávez con el Embajador de Guyana en afirmar que la reclamación se originó en una presión de los Estados Unidos no tendrá por objeto dar sustento a la pretensión del Embajador de Guyana de que, como Chávez se proclama antiimperialista y socialista, debería dar “un paso al frente para retirar el reclamo sobre el Esequibo” (EN 04-02-07, Págs. A-1 y A-10).

Ante esa posibilidad Chávez debería tener en cuenta una de las pocas cosas buenas que ha dicho la cancillería últimamente y que aparece en la página web de ese Ministerio, en la sección relacionada con el tema:

“Nuestra mejor opción para lograr superar las consecuencias traumáticas de ese despojo territorial, lo constituye el cumplimiento y la exigencia del cumplimiento del Acuerdo de Ginebra. Apartarnos o permitir que se desvanezca sería un acto de ingratitud con nuestros antepasados, de insensatez con nosotros mismos y desconsideración con las generaciones futuras.”

El Embajador Adolfo Raúl Taylhardat, diplomático jubilado, ha tenido una brillante carrera dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ha sido Embajador en Haiti, Cuba, la Unión Europea, Francia, Austria (concurrente en Eslovenia y Croacia), en Naciones Unidas en Nueva York y Ginebra, y Vice Ministro de Relaciones Exteriores.





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