El futuro indefinido de Venezuela

Por Venezuela Real - 18 de Febrero, 2007, 20:39, Categoría: Prensa Internacional

MANUEL M. CASCANTE
ABC-ESPAÑA
17 de Febreo de 2007

Su victoria electoral en las presidenciales de diciembre pasado le dio nuevas alas a Hugo Chávez en su proyecto de transformación de Venezuela. Un plan improvisado, que se construye sobre la marcha desde 1998, en el que las citas a Simón Bolívar y los llamamientos al pueblo han dado paso a las referencias socialistas y a la convocatoria de la clase obrera. Es lo que Chávez llama «socialismo del siglo XXI», concepto indefinido, pero que tiene consecuencias evidentes en el país del Orinoco.

Alberto Garrido -sin discusión, la máxima autoridad en Hugo Chávez- explica que el líder revolucionario «va sumando etapas, y el «socialismo del siglo XXI» es la última. Él se mueve por intuiciones: no es un ideólogo, sino un excelente político, y tiene un proyecto con un fin último, la regeneración moral y social de Venezuela a través del Plan Nacional Simón Bolívar (2007-2021), y algunas metas claras: un nuevo orden mundial, multipolar, y una nueva geopolítica local, que se vuelca en el poder popular a través de los consejos comunales».

Las fuentes en las que bebe el pensamiento chavista son varias y diversas: los héroes nacionales Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora; el guerrillero Douglas Bravo, el politólogo Norberto Ceresole -que acuñó el concepto «Caudillo, Ejército, Pueblo»-, Fidel Castro, Jesucristo... La última ocurrencia de Chávez es la formación de un partido único que, según Garrido, se reduce a «un líder único, en comunión con la voluntad del pueblo, y una ideología única: el socialismo pasado por el filtro de Chávez».

Pero el pensamiento del ex militar es dinámico, y la idea de partido único se ha convertido en la de partido unido, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Al igual que Fidel Castro -que abrazó el marxismo en 1961, dos años después de su triunfo sobre Batista, y no funda el Partido Comunista de Cuba hasta 1965-, Chávez secunda la idea tras ocho años en el poder. Pero «la izquierda tradicional está fuera de la revolución», recuerda Eddie Ramírez, de la asociación civil Gente del Petróleo.

Una «fantasía»

De hecho, el nonagenario presidente del Partido Comunista de Venezuela, Jerónimo Carrera Damas, afirmaba en el diario «El Universal», respecto al «socialismo del siglo XXI», que «no creo en fantasías, y ésa es una fantasía. Hay un libro de socialismo del siglo XXI, editado en Chile hace más de 7 años, y aquí vino un señor de Alemania (Heinz Dieterich) y vende el producto como una novedad, y aquí creen que estamos descubriendo el universo».

Entonces ¿quién integra la V República? «Los tirapiedras», dice Ramírez. «Los excluidos», según Garrido. Un psiquiatra e investigador social, que requiere el anonimato, sostiene que «Chávez es un gran comunicador, que se mueve por resentimiento social y quizá también racial, y todo lo plantea en término de buenos y malos». De ahí su constante actitud de desafío, su necesidad de enemigos, pues «Chávez se crece en el castigo». Para Ramírez, «el «socialismo del siglo XXI» es totalitarismo, anarquía, destrucción de las instituciones». De ahí que el propio Chávez afirmara: «Soy el presidente del caos».

Y, en medio del caos, un cada día más evidente culto a la personalidad, en la línea de las tiranías totalitarias. La figura del líder único («Yo el Supremo», llama a Chávez el periodista Teodoro Petkoff, aplicándole el título más conocido de Augusto Roa Bastos) se repite sin cesar enfundada en camisa roja en vallas publicitarias y anuncios de Prensa, y se multiplica en la pantalla a través de «Aló, presidente», el programa dominical que ahora es diario, en una franja horaria donde compite con los culebrones. Sólo hasta octubre de 2006, Chávez protagonizó 1.442 «cadenas nacionales», en las que su mensaje es obligatoriamente transmitido por todas las radios y televisiones del país.

Con todo el poder en sus manos, una masa empobrecida a la que seduce con la derrama de petrodólares e inerme la oposición que, articulada en los partidos tradicionales, la patronal y los sindicatos, fue incapaz de acabar con Chávez ni siquiera tras el éxito de un golpe de Estado en abril de 1992, hoy los adversarios del presidente sólo ven la posibilidad de poner fin al régimen en la confluencia de tres factores: organización de los sectores sociales de oposición, presión exterior y un aumento de las diferencias internas que conduzca a la implosión del sistema.





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