La tentación totalitaria

Por Venezuela Real - 18 de Febrero, 2007, 19:54, Categoría: Política Internacional

Julio María Sanguinetti 
El País - Uruguay
18 de Febrero de 2007

Todos los regímenes autoritarios han intentado rescribir la historia. Quizás Stalin sea el ejemplo más clamoroso, pues sintió la necesidad de borrar a Trotsky y encargó a historiadores oficialistas un relato sin la presencia del versátil líder, quien a su vez se vengará escribiendo una implacable biografía del dictador. Sin remontarnos tanto en el tiempo, es notorio cómo desde el Irán se está armando una reconstrucción histórica del nazismo que borra el Holocausto judío. A nuestra escala estamos viviendo parecido empeño por "usar políticamente del pasado", como reza el título de la obra dirigida por J.Francois Hartog y Jacques Revel.

Como tuvimos ocasión de expresarlo a las autoridades del Codicen, la sola elección de los profesores para dar los cursos y armar la "guía" de orientación a docentes ya "flechó la cancha". Designar a los historiadores Álvaro Rico, Carlos Demasi y Vania Markarian fue optar por "una" versión de la historia contemporánea nacional que responde a la del actual gobierno. No se trata de descalificarlos personalmente, porque son profesores que han trabajado y publicado sobre el tema, pero justamente esa divulgación es la que acredita que todos ellos militan en el mismo rumbo. Por ejemplo, el Profesor Álvaro Rico ha publicado un libro de 759 páginas que, bajo el espectacular título de "15 Días que Estremecieron al País", relata la huelga general que decretó la CNT en ocasión del golpe de Estado. El considera ese hecho decisivo y hay quienes, habiendo vivido el tiempo y la época muy de cerca, consideramos que ello no tiene nada que ver con la realidad, pues la tal huelga se desfondó a las 48 horas cuando el transporte retomó su actividad y llegamos a un fin de semana con fútbol y cine, como siempre. Los diarios de la época lo permiten comprobar a quien se tome el trabajo de leerlos. Pues bien, el historiador cree de buena fe que el episodio es muy importante y con la misma buena fe, nosotros pensamos que la escasa resonancia de la temida "huelga general revolucionaria" solamente alentó a la dictadura. El historiador tiene toda su libertad para publicar sus tesis, pero la autoridad pedagógica carece de legitimación para imponer a la sociedad su sola y exclusiva versión. ¿No había ningún otro profesor, perteneciente a otra tendencia historiográfica, que pudiera ser convocado?

Allí empieza la cuestión, entonces. Se procuró, deliberadamente, ofrecer una versión y se eligió a quienes pública y notoriamente la representaban. Y ellos cumplieron fielmente el mandato, pese a que afirman que han recogido versiones diversas de autores plurales. Por cierto no es así y basta señalar una omisión técnicamente insuperable: no hay un documento oficial. Para el análisis de la historia contemporánea, o sea la de gobiernos que terminaron sus mandatos hace apenas dos años, no se recoge una Memoria del Poder Ejecutivo, donde tradicionalmente cada gobierno ofrece su interpretación del "estado de la nación" (como reza el texto constitucional que les obligado a hacerlo).

Nuestro mayor historiador, don Eduardo Acevedo, se nutrió abundantemente de esas Memorias para escribir sus clásicos Anales. ¿A quién se le ocurriría otra cosa, si hablamos de una historiografía medianamente científica? ¿Que no puede ser la fuente única y exclusiva? Por supuesto, pero es incuestionable que nadie puede narrar ese tiempo sin confrontar el relato de sus gobernantes con el de sus opositores o analistas.

Quien lea el conjunto, tendrá claras las líneas directrices de este esfuerzo historiográfico:

l) intenta demostrar que el "autoritarismo" fue anterior a la dictadura y que una "medida pronta de seguridad" tomada por un gobierno democrático, dentro de las normas constitucionales, para enfrentar una paralización de un servicio público, es un acto dictatorial;

2) manipula la cronología de los hechos argumentando que la "represión" fue previa a la "subversión" cuando ésta, inspirada en la revolución cubana y nacida en 1963, fue enfrentada con la policía y recién en septiembre de 1971 con el ejército, ya encima de las elecciones nacionales, al producirse la fuga del Penal de Punta Carretas;

3) enterrar la histórica doctrina oficial de los partidos socialista y comunista, contraria al régimen democrático, despectiva de las libertades y derechos humanos, a los que considera garantías sólo "formales", tal cual lo ejemplificaban sus admirados sistemas totalitarios de Europa del Este;

4) pasar como sobre ascuas encima del hecho que el Frente Amplio y la CNT se adhirieron al golpe de Estado militar en febrero de 1973 y que no se introdujeron en él porque las corrientes más anticomunistas de las Fuerzas Armadas los bajaron del tren, con un pie y medio adentro;

5) cuestionar la pacífica transición democrática realizada por el Uruguay, que restituyó todos los derechos y libertades y permitió su goce pacífico, cuando en la Argentina, sin ir más lejos, el Presidente Alfonsín debía enfrentar sacrificadamente sublevaciones militares y guerrilleras con muertos y heridos;

6) ignorar sistemáticamente que la Ley de Caducidad fue una amnistía espejo de la dictada a favor de los guerrilleros que habían enfrentado la democracia y que había dejado impunes varias decenas de crímenes y a miles de integrantes de organizaciones violentistas;

7) esconder que luego del plebiscito que popularmente ratificó la Ley de Caducidad todos sus promotores dijeron que el tema estaba clausurado y que luego, durante cinco años, no sólo las dirigencias tradicionales sino la del Frente Amplio jamás volvieron a tocar la posibilidad de reabrir investigaciones sobre las violaciones ocurridas durante la dictadura;

8) tratar de instaurar la doctrina de que son imprescriptibles los delitos cometidos desde el Estado pero no hay delitos de lesa humanidad cometidos por guerrilleros (como ETA por ejemplo, para no emplear el socorrido ejemplo vernáculo);

9) grabar a fuego el sentimiento de que quien fue víctima de la dictadura, por ese solo hecho tiene razón, aunque antes hubiera atentado contra la democracia; y que quienes no usaron la violencia en contra del autoritarismo, no fueron reales opositores;

10) atribuirle a los partidos tradicionales la intención de reformar la Constitución para impedir el triunfo político del Frente Amplio, cuando la instauración de una segunda vuelta electoral se había acordado con el propio General Seregni; como asimismo ignorar que esa propuesta, inspirada en Francia, fue para darle mayor fuerza institucional a un Presidente que difícilmente contaba con mayoría.

No da el espacio para traer las citas que sustentan cada afirmación. Pero no tenga nadie duda de que la tal "guía" dejará esas ideas en la mente de quien la siga. Y que los demócratas, los que defendimos a la democracia cuando la querían voltear los inspirados en Cuba, los que enfrentamos a la dictadura sin claudicar, los que logramos sacrificadamente el restablecimiento democrático y desde el primer día de marzo de 1985 hicimos posible el libre ejercicio de todos los derechos, somos unos personajes por lo menos confusos y dudosos.

Los que no son confusos ni dudosos son los historiadores oficialistas: está muy claro lo que quieren imponerle a los jóvenes de este país como "verdad revelada".







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