El arte de gobernar sin incontrolable agresividad

Por Venezuela Real - 19 de Febrero, 2007, 18:38, Categoría: Testimonios

Alberto Baumeister Toledo
Opinión Ciudadana
18 de Febrero de 2007

No obstante acompañarlo la suerte en los pasados comicios y brindar el pueblo amplio apoyo a los desaguisados y pretendidos beneficios que le ofrece quien ostenta el mando omnímodo del país, el mismo no calma su agresividad contra todo lo que cual Quijote delirante entiende sea su potencial enemigo o un posible cortapisa a su delirante mente que doquier mira y reconoce una sombra de enemigo o un rechinante molino de viento convertido en dragón quita sueños.

Entiendo que la filosofía política que practica y quiere imponer es la socialista, pero no por ello puede pretender que todo lo que le rodea sea producto del maldito capitalismo, ni efecto del liberalismo delirante con el cual asume ropaje aquél ni todo lo que de ello provenga, por ese sencillo y simple origen resulta dañino y perjudicial.

Algo malo lo disloca o a algo más profundo se le teme, pues no cabe en un sensato acontecer político el que todos los días, en cada momento, sin perder ocasión alguna, arremeta en sus discursos contra todo lo eventualmente contrario a su alocada voluntad e impetuosos designios, y de todo ello, como consecuencia, erróneamente se deduzca ser invencible y no errático.

Entiendo y reconozco que el triunfo del pasado diciembre les insufló aire y gloria a sus pulmones, y hasta el empuje necesario para considerarse como un Atila inmisericorde autorizado para arremeter y arrasar contra todo.

Por el contrario, contar con ese triunfo debería ser una suerte de amuleto que le garantice paz y sosiego en el gobierno y en el país una garantía que facilitará la imposición de cambios necesarios sin traumas ni reveses, pero no una voluntad irrestricta para el mando sin límites ni ponderación que le faculte para agredir de modo tan artero y frecuente y sin prudente limitación alguna frente al resto del país que no apoyó sus ideas.

Nadie puede pretender ejercer el poder de modo sensato sosteniendo una perenne guerra. La tranquilidad, la paz y el sosiego son los que garantizan un recto y útil gobierno. Yo diría que las cosas, como pintan en el país, están como esos casos en que tenemos a nuestros enemigos, exhaustos, muertos de hambre y que suelen encontrarse en una calle sin salida o el recodo de una inexpugnable esquina de algún solar y a quienes venimos agrediéndolos al verlos sin defensa alguna ni posibilidad de responder las agresiones, provocando con ello insuflarles nuevas y estertóreas fuerzas para arremeter contra el prepotente agresor, pues al verse hostigados sacan fuerzas de donde no las tienen y un último aliento ataca y arremete con suerte.

Aun cuando Ud. no lo crea, con su propia agresión les está insuflando las fuerzas que no tienen a quienes le adversan, y ello no lleva a ningún buen camino.

Sr. Chávez, no olvide que ya ganó, que ya materialmente aniquiló lo poco que quedaba de dignidad política opositora de un gran número de venezolanos ajenos a sus ideales y mentalidad política. Pero no por ello está autorizado a despreciarlos, ni a colocarlos como minusválidos con afrentas y amenazas. No hay, recuerde Ud., enemigos chiquitos, ni mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

Mande y gobierne como debe, exija y aplique sus ideas, pero sin agredir ni empujar más al precipicio ni a la renuncia de sus ideas y derechos, a quienes no le brindan su apoyo, pues ello lo que puede provocar es el desquiciamiento de sus conductas.

No puede ser que en cada una de sus peroratas se entresaquen cientos de amenazas, un montón de injurias y reclamos contra todo lo que pueda no estar de acuerdo con sus tesis, propuestas o estilos.

El derecho a disentir no se pierde ni aún con mayorías políticas, ni con poder constituyente conquistado totalmente, es, precisamente, una suerte de derecho a pataleo, como lo llama Juan Pueblo, que no logra eliminarse, quitarse, disminuirse ni aniquilarse sea cual fuere la postura, reciedumbre o apoyos con los que cuente quien pretenda arrebatarlo.

Ud. como presunto soldado, tal como se autonomina, debe saber que al enemigo, a pesar de vencido, no puede humillársele, ni convertírselo en gazapo humano ni ponerlo a convivir con la constante amenaza.

Su suerte con la bonanza económica y apoyo popular que lo acompasan, le deben hacer gobernar ajeno a todo método de fuerza y presiones. Estimo que su discurso como triunfador debe estar lleno no de oprobios y amenazas, ni demostrar por ello un ego prepotente, sino clamar e impulsar al pueblo a la conciliación, a la paz y al progreso. Ejerza pues el poder con mano firme, pero no con espíritu de tirano ni vociferando la pretendida existencia de una fuerza o derecho perenne e invencible de permanecer en el poder.

Todo en esta vida tiene su fin, aun los gobiernos tiránicos y apoyados con o sin uso del temor por mayorías absolutas se han venido a menos.

Es cierto que casi todo puede nacionalizarse, estatizarse y doblegarse, pero recuerde también que el arma poderosa de los hombres, esto es, sus talentos e intelectos, no son susceptibles de dominarse por la fuerza física y por tanto son asépticos e inmunes a las amenazas y al ejercicio de la fuerza bruta y por ello precisamente son incólumes ante la ejecución de expropiaciones, nacionalizaciones, estatizaciones y cuanta marabunta barata se pretenda ostentar y ejercer para doblegarlos.

De nuevo insisto en que el país, con el actual estado de cosas, con todo y el triunfo mayoritario de diciembre, requiere paz, concordia, reconciliación y voluntad de amnistía y perdón, a la vez que un mando certero, exigente pero humilde, recio pero no plagado de ira ni amenazas y venganzas.

Hasta el ciego pueblo que sigue y apoya a un poderoso líder termina por poner en duda su virtuoso proceder si aquél no demuestra serenidad y ecuanimidad, dejando a un lado la hostilidad, procurando el bien de todos, incluyendo aun a los que como disidentes, constituyen minorías.

Venezuela está integrada por los que le apoyan, pero también por quienes no están de acuerdo con sus ideas y procederes, su arte de gobernar debe comprender a ambos grupos, sin exclusiones de ninguna especie.

Recuerde que no por mucho gritar, ni amenazar, se cambian las verdades ni se doblega el alma de quienes no conciertan con el pensamiento de quien profiere aquéllos y yergue el garrote atemorizador.






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