Especulación y acaparamiento

Por Venezuela Real - 19 de Febrero, 2007, 12:42, Categoría: Economía

 Por más que la realidad se quiera ocultar, ésta siempre se conocerá porque el pueblo es sabio.

Editorial
El Nacional
19 de Febrero de 2007

Esas dos palabras y los respectivos decretos que siguieron a los discursos presidenciales, constituyen una película ya vista en las salas de cine de la cuarta república. Más aún, en los espectadores queda la sensación de que los villanos nunca son derrotados. Y es que, como en toda ficción fílmica, la realidad dista de ser tan simple como el guionista principal del país nos quiere presentar en la pantalla. De suerte que cuando se le comunica a la prensa que el Gobierno aprobó un decreto-ley para "combatir la especulación y el acaparamiento" de alimentos de primera necesidad, uno siente que la película vuelve a repetirse con nuevos actores. Tal como ya lo habíamos dicho en un editorial anterior, nadie está convencido de la verdad de los argumentos oficiales, porque siempre van dirigidos a presentar a los comerciantes, dueños de supermercados y mayoristas de alimentos como los responsables directos del desabastecimiento y del aumento de los precios. Pero eso no convence a nadie porque ningún comerciante está dispuesto a cesar de vender porque ese es el motor fundamental de su forma de obtener ganancias. Incluso, aunque se dispusiera a acaparar productos para su posterior venta, el argumento no es válido porque el riesgo es tan grande que lo puede perder todo si es atrapado cometiendo ese delito. Pero ¿se imaginan ustedes a los propietarios de las grandes cadenas de supermercados, cuyas inversiones en planta física y en personal adiestrado alcanzan millones de dólares repartidos en todo país, convertidos en miserables usureros que esconden kilos de azúcar para ganarse un dinerito extra? Por lo que se sabe a través de las muchas entrevistas concedidas a la prensa, quienes invierten en la comercialización masiva de alimentos en la Venezuela de hoy, son personas con grado universitario, hijos de quienes comenzaron como pequeños dueños de abasto y luego crecieron hacia un modelo de mayor profesión económica y social. Y no se trata, como pudiera pensarse, de una defensa intere sada de los dueños de las cadenas alimenticias y expendedoras, que no necesitan ni piden que se quiebre una lanza en ese sentido. La gente que va a un supermercado constituye un termómetro permanente de lo que son tanto la calidad del servicio como la capacidad de mantener abastecidos sus locales y repletos los estantes. Nadie es tan tonto como para disuadir a la gente de comprar en los supermercados elevando los precios artificialmente.

Si eso ocurriera, los clientes se mudarían a otro supermer cado, y no sería nada traumático porque la competencia es abierta y pública y se anuncia a través de avisos, encartes y ofertas que todo el mundo puede consultar. Esa prueba masiva es diaria o semanal, y uno tiene la libertad de cambiar de proveedor si éste no está a la altura de nuestras exigencias. Eso no ocurre en Cuba o en Corea del Norte: allí se compra lo que hay, cuando hay y de acuerdo con la libreta colectiva de racionamiento. Pero hasta ahora sentimos que los supermercados prestan ese servicio bastante bueno, y que el aumento de los precios y el desabastecimiento se debe a una serie de errores macroeconómicos y de política interna. En primer lugar, la capacidad nacional para manejar las importaciones de alimentos parece estar ya copada en sus posibilidades de expansión, y las instalaciones portuarias vuelven a ser inferiores a los requerimientos de las emergencias del país. Y en segundo lugar, la ofensiva oficial contra los sectores nacionales productores de alimentos ha deprimido el sector, limitando las inversiones y alejando las posibilidades de crecimiento hasta que se definan las políticas reales y no emocionales emanadas desde el palacio de Miraflores. A estas alturas, resulta importante que rebobinemos la pelí cula y recordemos que la tristemente célebre política contra el latifundio (¿alguien sabe en el Gobierno qué es un latifundio? ¿Han leído quizás a Salvador de la Plaza?) no hizo otra cosa que amedrentar a los productores medios y pequeños, cuyas tierras no alcanzan a poner en peligro el alcance socialista de la revolución. Al contrario, esos productores agropecuarios son los que mantienen activa la industria procesadora de alimentos y, por ende, que los estantes de los supermercados estén repletos. Pero a esos productores agrícolas, que constituyen el cora zón de abastecimiento interno, no se les incluye en una política de protección nacional. Y, pésele a quien le pese, los militares saben que un país vulnerable en su propia capacidad de alimentarse es un blanco fácil del enemigo.





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