El individuo como soberano ocupaba en la URSS

Por Venezuela Real - 21 de Febrero, 2007, 15:49, Categoría: Cultura e Ideas

Trino Márquez
El Universal
19 de Febrero de 2007


La religión bolivariana toma el lugar que el marxismo-leninismo ocupaba en la URSS.

El giro radical emprendido por la revolución bolivariana incluye anular al individuo como ente soberano. Para esta operación algunos voceros del oficialismo han echado mano de un cliché en extremo tramposo: el llamado "individualismo burgués". Resulta que, por ejemplo, poseer una casa confortable, un carro cómodo, vestirse elegante o disfrutar del beisbol profesional, representan vicios "pequeño burgueses", que deben combatirse como si se tratase de tumores cancerosos. Al régimen no le basta con poseer el control de todas las instituciones del Estado y de una amplia red de organizaciones de la sociedad; ahora también desea meterse en el mapa genético de la gente para moldear sus gustos e influir sobre sus preferencias.

La defensa del individuo es muy anterior a la burguesía y al capitalismo. Los griegos, con Aristóteles a la cabeza, fueron firmes protectores del individuo frente al Estado. En Roma ocurre otro tanto. El Renacimiento representa el rescate, después de varios siglos de sumisión del individuo ante fuerzas extrañas que lo doblegaban, del lugar y trascendencia del hombre, en cuanto individuo, especialmente frente a la religión, que colocaba el centro del Universo en deidades ajenas al género humano. Con el Renacimiento y, posteriormente, con la Ilustración, la humanidad reivindica el enorme significado de esa unidad que es el individuo, a la cual hay que respetar como producto específico de la Creación. El Estado no puede convertirse en su verdugo, ni en aniquilador de su autonomía.

La coartada

El comodín "individualismo pequeño burgués" representa una coartada para justificar la vocación hegemónica, antidemocrática y antiliberal de regímenes con vocación totalitaria. La religión bolivariana, con la cual el Libertador nada tiene que ver, está tomando el lugar que el marxismo-leninismo ocupaba en la URSS, o que el marxismo-maoísmo tenía en la China anterior a las reformas de mercado impulsadas por Deng Xiao Ping. Todos los despotismos totalitarios elaboran sus propias creencias, en las que combinan aspectos universales con ingredientes domésticos y locales. Este fenómeno pudo apreciarse en la Alemania hitleriana y en la Italia de Mussolini. En Cuba, la iconografía incluye desde la manipulación de la figura de José Martí, poeta de exquisita pluma y político de tendencia claramente democrática, hasta un santón psicópata como el Che Guevara y un tirano como Fidel Castro.

Reducido el individuo

En todos los discursos totalitarios el individuo aparece reducido a su mínima expresión, devorado por entidades supremas como la patria, el Estado, el socialismo, el partido, la revolución. Frente a estas fuerzas cósmicas el individuo concreto, particular, es una especie de ser insignificante, que no puede reclamar su propia especificidad. Es más, cualquier exigencia que apunte en esta dirección es una expresión del "individualismo pequeño burgués" y está reñido con la disciplina revolucionaria. Por eso el militante y el dirigente tienen que soportar estoicamente que el líder hable durante horas, sin derecho a chistar, ni a pararse de la silla hasta que el jefe le haga el favor de callarse. En la revolución comunista no hay vacaciones. El sano esparcimiento, el ocio creativo para disfrutar de la familia o de la novia, de una buena novela o, simplemente, de un paseo para entrar en contacto con la naturaleza, constituyen pecados de lesa revolución. Crímenes que deben castigarse con todo el rigor que pautan los rígidos códigos revolucionarios. No es por casualidad que en diciembre, mientras el país se distendía luego de una intensa campaña electoral, y se preparaba para entrarle con renovadas fuerzas a 2007, el estado mayor de la revolución planificaba, con la frialdad de un cirujano, la operación de estatizar empresas y provocar el colapso de la economía. El totalitarismo no da tregua.

Sin piedad

El ataque despiadado al individuo y al individualismo obliga a todos los sectores amantes de la democracia y la libertad, a colocar la defensa y protección de la soberanía individual en un lugar privilegiado. Luchar contra las injusticias sociales, contra los desequilibrios obscenos y por la conquista de una sociedad más justa, de ningún modo implica derogar al individuo para privilegiar al Estado, pisotear sus gustos, irrespetar sus preferencias, y tratar de modelar su mente y su conciencia de acuerdo con los criterios de unos burócratas que se consideran superiores moralmente, pero que en realidad encarnan lo peor de las utopías despóticas.







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