HIPOCRESÍA MERCOSUREÑA

Por Venezuela Real - 22 de Febrero, 2007, 11:35, Categoría: Política Internacional

Adolfo R. Taylhardat
El Universal
22 de Febrero de 2007

El pasado miércoles el gobierno de Venezuela efectuó el depósito del instrumento de ratificación mediante el cual asume plenamente las obligaciones contempladas en el “Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático en el MERCOSUR”.

Ese hecho ha sido aplaudido por todos los gobiernos de los demás países que forman parte de MERCOSUR. En un gesto de evidente hipocresía esos gobiernos, movidos por el pragmatismo y cegados por la generosidad y la munificencia de Rico McChávez se han hecho “la vista gorda” del hecho de que el Protocolo de Ushuaia establece explícitamente (Artículo 1º.) que la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración” entre los Estados que forman parte de MERCOSUR. Dicho en otras palabras, para ser Miembro de ese mecanismo de integración todos los Estados deben tener instituciones democráticas en plena vigencia, es decir en pleno funcionamiento.

Al Canciller de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, quien recibió el instrumento de ratificación venezolano, le preguntaron sobre el impacto de la presencia del gobierno de Chávez en Mercosur a la luz del Protocolo de Ushuaia. Su respuesta fue enigmática: “MERCOSUR estableció un organismo llamado Observatorio Democrático integrado por representantes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay para seguir de cerca el desarrollo de los acontecimientos políticos venezolanos”.

Supuestamente, entre las funciones del Observatorio Democrático, figura la de promover la vigencia efectiva de los principios del Acta Democrática de Ushuaia y para ello debe desarrollar indicadores sobre la calidad del funcionamiento de las instituciones democráticas.

¿No ha debido el observatorio democrático hacer un pronunciamiento claro y preciso sobre la situación venezolana antes de que el gobierno de Chávez adhiriera al Protocolo de Ushuaia?

Pero resulta que ese observatorio es un órgano subsidiario del Comité de Representantes Permanentes, quienes a su vez dependen de sus respectivos gobiernos y no tiene, por lo tanto, ninguna capacidad para actuar con imparcialidad u objetividad.

Para pronunciarse sobre el caso venezolano no hace falta disponer de indicadores sobre la calidad del funcionamiento de las instituciones democráticas porque todo está a la vista. Basta con preguntarse:

¿Cuales son las instituciones democráticas que tienen plena vigencia en Venezuela? 

¿La división de los poderes públicos y su funcionamiento como entidades autónomas no sometidas a los dictámenes de alguno de los otros poderes no es acaso la primera condición para que en un país haya plena vigencia de las instituciones democráticas?

¿Es que el hecho de que el Presidente venezolano haya ordenado a la Asamblea Nacional que le transfiera su función legislativa para disponer de ella a su antojo durante año y medio no es una muestra más que suficiente de que en Venezuela no existen poderes autónomos y que por lo tanto las instituciones democráticas no tienen vigencia?

Otro elemento indispensable para que exista plena vigencias de las instituciones democráticas es el absoluto respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Entonces, tampoco hace falta tener indicadores para comprobar que en Venezuela los derechos humanos y particularmente los derechos políticos están conculcados y pisoteados por el régimen; que los ciudadanos estamos totalmente indefensos porque no existe estado de derecho; que en nuestro país se utilizan los órganos de justicia con fines de persecución política y que además los procedimientos judiciales se emplean como instrumentos de tortura. A todo esto habría que agregar los atropellos que se cometen contra la libertad de expresión y las amenazas o agresiones contra los medios de comunicación social.

Es triste constatar cómo, mientras en Venezuela las instituciones democráticas permanecen secuestradas, los gobiernos de los países que se dicen amigos cierran los ojos y extienden la mano.

La hipocresía mercosureña tiene su sostén en el cinismo de Rico Mc.Chávez quien con su generosidad y munificencia bolivariano-socialista del siglo XXI reparte gríngolas y compra lealtades repartiendo los dineros de todos los venezolanos.





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